Se llamaba Noa Pothoven y tenía solo 17 años. Desde el pasado martes, la fotografía de esta adolescente ha dado la vuelta al planeta y provocado febriles debates. Si bien Noa tenía todo para ser feliz, el destino se había cebado con ella. A los ocho padeció abusos por la parte de su primo y, años después, fue violada en otras un par de ocasiones. Padecía agobio postraumático, depresión y anorexia, y a lo largo de los últimos años no había encontrado ninguna razón para proseguir viviendo. De ahí que decidió terminar con su vida el pasado domingo tras haber pasado más de diez días sin haber ingerido ningún comestible. «No me marcho a caminar con rodeos: estaré fallecida como mucho en diez días. Tras años de lucha, mi lucha ha terminado. Al fin seré liberada de mi sufrimiento por el hecho de que es insoportable», escribió con claridad alarmante. Absolutamente nadie impidió este trágico final pese a que la joven había decidido contar su calvario por medio de Instragam y había escrito un libro autobiográfico titulado «Ganar o bien perder» en el que contaba los abusos sufridos y la incapacidad de los servicios sociales holandeses para darle la atención precisa. «Revivo el temor y el dolor todos y cada uno de los días. Estoy siempre y en todo momento atemorizada, en guarda. Todavía siento que mi cuerpo está sucio», aseguró en su libro. Si bien abundantes medios internacionales publicaron el día de ayer que Noa había sido sometida a suicidio asistido, esta nueva fue después negada. No obstante, hay abundantes interrogantes sobre lo sucedido. La eutanasia es legal en Holanda desde 2001 y asimismo está tolerada en el caso de los menores (con o bien sin autorización paterna conforme los casos). Cuando cumplió 16 años decidió asistir a una clínica experta en esta práctica sin que sus progenitores lo supiesen, mas esta petición le fue rechazada. La legislación holandesa autoriza el suicido asistido en el caso de sufrimiento sicológico inaguantable, si bien la juventud de la demandante generó ese «no» por la parte de la clínica Levenseind. «Dicen que soy demasiado joven para fallecer, que debo llenar el tratamiento del trauma y aguardar primero a que mi cerebro esté absolutamente desarrollado, hasta el momento en que tenga 21 años. Estoy arrasada. No puedo aguardar tanto», expresó. Muchos medios anglosajones, en una mala traducción de la Prensa holandesa, habían condenado esta autorización al estimar que una adolescente traumada y con inconvenientes mentales no era capaz para tomar este género de resoluciones. Sin recursos estatales En Holanda, no obstante, el discute había adquirido otros caminos y las palabras suicidio asistido ni tan siquiera aparecían en los titulares. Resulta incomprensible que en una sociedad rica como la holandesa, el Estado tenga a su predisposición recursos tan limitados y poco eficientes para lidiar con casos como el de esta joven. Conforme el padre de Noa, el libro de su hija habría de ser una «lección obligatoria» para funcionarios, trabajadores sociales y jueces de menores. La adolescente se vio obligada a aguardar más de 6 meses para tener una cita en una clínica sobre trastornos alimentarios y fue obligada a ingresar en un centro. Sus intentos de suicidarse favorecieron que sus progenitores se propusieran el tratamiento con electroshok, mas esta posibilidad fue rechazada por los médicos debido a su corta edad. A causa de su situación, fue exonerada de asistir al instituto y se decidió instalar en la casa de sus progenitores una unidad medicalizada. Desde inicios de junio, había rehusado ingerir tanto líquidos como sólidos. Ciertos medios holandeses dan por hecho que sus progenitores –tras percibir el visto bueno de los médicos– decidieron no obligar a la joven a comer y no tomaron medidas para nutrir a Noa de forma forzosa, mas otras informaciones resultan menos precisas. Lo que semeja incontrovertible es que en ningún instante Noa recibió inyección alguna para acabar con su vida. Holanda fue el primer país del planeta en permitir la eutanasia y su estela fue seguida por Bélgica y Luxemburgo. En 2018 se practicaron en Holanda seis.126 eutanasias, un siete% menos que en 2017. Fue la primera vez en una década que la cantidad bajaba con respecto al año precedente. La ley entró en vigor en 2002, mas el incumplimiento de sus requisitos está penalizado con 12 años de prisión. Los casos más frágiles son aquellos en los que los demandantes tienen inconvenientes psiquiáticos. Levantó gran polvareda la situación de una joven de 29 años, Aurelia Brouwers, que había perdido la noción de la realidad por un trastorno límite de la personalidad y agobio postraumático. En el caso de Bélgica, la legislación asimismo contempla el sufrimiento inaguantable –tanto físico como psicológico– como un motivo para entregar la eutanasia y asimismo está tolerada para menores, en ciertos supuestos. Fue asimismo muy sonado el caso de Nathan Verhelst, transexual de 44 años nacido como Nancy, quien se había sometido a múltiples cirugías de cambio de sexo. Pese a esto, Verhelst se «sentía como un monstruo» y las autoridades terminaron admitiendo su petición de eutanasia al acreditar que existía un sufrimiento tanto físico como psíquico.

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