La muerte de Li Wenliang, el oculista que alertó ya en el mes de diciembre sobre la epidemia que a China se le venía encima a raíz de un nuevo coronavirus, no ha sido en balde. Desde el instante en que se conociese que este médico murió la semana pasada a raíz del mismo virus del que informó, en China algo se tambaleó. Abundantes ciudadanos no se lo pensaron un par de veces para elevar su voz en las controladas redes sociales chinas. Tampoco ciertos empresarios y figuras reconocidas. E inclusive los medios estatales se hicieron eco de una muerte eludible, la del que desde ese momento se ha erigido en una especie de héroe nacional.Aquel día de noche la censura china tardó unas horas en sacar a caminar sus tijeras digitales, dejando cierto margen a fin de que las voces críticas hiciesen su papel. Los mensajes de malestar y la ira de los ciudadanos sobre la administración que se ha hecho de la presente crisis se pasearon por la red con alegría en lo más semejante a una queja que ha vivido China desde el momento en que en 1989 tuviese sitio la revolución estudiantil y siguiente matanza de Tiananmen. «Era una figura ordinaria, mas un símbolo», aseveró Zhang Lifan, un historiador independiente de la ciudad de Pekín al diario WSJ. «Si no fuese por la epidemia y absolutamente nadie pudiese desamparar su hogar, seguramente habría manifestaciones ahora. Los funcionarios están completamente preocupados», agregó.Desde entonces, esas voces se han multiplicado en diferentes formatos. Tampoco ha ayudado el baile de cifras ofrecido por las autoridades en los últimos días. Si este jueves se alteró la manera de contabilizar los casos, lo que supuso un aumento de 13.500 casos de contagio en 24 horas; el día de ayer las autoridades chinas debieron corregir el número de fallecidos provocados por el coronavirus. La confusión vino a causa de que el jueves ubicaron la cantidad de fenecidos en 1.367 personas, a la que el día de ayer le sumaron 121 más decesos, dejando el número en 1.488. No obstante, la Comisión Nacional de Salud, sin dar detalles en exceso, quitó el día de ayer 108 fallecidos a ese total al descubrir «estadísticas duplicadas» en la provincia de Hubei y dejando el guarismo final en 1.380 fenecidos.Todas estas idas y venidas han generado mayor malestar entre unos ciudadanos que no acostumbran a poner en duda la capacidad de sus autoridades, puesto que confían todavía a costa de ver sus libertades limitadas en que el partido, que escoge a los mejores de entre los mejores para regir, vele por su prosperidad y seguridad. En el país no queda mucho espacio para la crítica y, de ahí que, la cuestión velada tras lo sucedido con el doctor Li es por qué razón Beijing dio cancha a esos ciudadanos airados. Mientras que ciertos piensan que fue un fallo del sistema aprovechado para enseñar el hartazgo sobre la carencia de libertad de expresión, otros estiman que fue un movimiento estudiado del Gobierno central para separar el papel en el manejo de la situación de los mandamases del PCCh y el de las autoridades locales de la ciudad de Wuhan, a quienes acusan de no haber reaccionado a tiempo.De uno o bien otro modo, se abrió la caja de Pandora y empezaron a llegar voces -la mayor parte desde Occidente- aventurando que China podría estar a las puertas de un nuevo Tiananmen o bien de un «momento Chernóbil». Singularmente ahora, cuando el país sostiene múltiples frentes abiertos. A la guerra comercial con U.S.A., se aúnan otros temas en la ciudad de Hong Kong, Taiwán o bien Xinjiang. Exactamente, dentro del país se hizo pública esta semana una solicitud on line de cientos y cientos de ciudadanos chinos dirigidos por académicos solicitando a la legislatura nacional que resguarde el derecho de los ciudadanos a la libertad de expresión, un reto para el todopoderoso Beijing, a quien Washington el día de ayer acusó de «falta de transparencia» tras la confusión de cifras. La solicitud, dirigida al Congreso Nacional del Pueblo, persigue, entre otros muchos objetivos, resguardar el derecho de las personas a la libertad de expresión, hacer del seis de febrero -día en el que murió Li- un día nacional para la libertad de expresión y asegurar que absolutamente nadie sea castigado, conminado, interrogado, censurado o bien encerrado por su alegato, asamblea civil, correspondencia o bien comunicación.«El contrato social entre el partido y la gente, asegurar el bienestar popular y administrar prosperidad a nivel económico cada vez mayor, está padeciendo unas tensiones a nivel nacional de una manera que no recuerdo en las últimas décadas», aseguraba el sinólogo Bill Bishop, Sin embargo, para frenarlas, Beijing ya ha puesto su maquinaria a trabajar. Con la intención de enseñar a la sociedad que quien ahora está a cargo de la administración del brote es el Gobierno central y hacer ver a sus ciudadanos que el tema del doctor Li no llegó a sus oídos, optó por mandar a Wuhan una delegación de la Comisión Nacional de Supervisión para aclarar la situación por la que reprendieron a este médico tras alertar del nuevo coronavirus y estudiar la errada contestación inicial a la crisis.Como consecuencia de esa investigación, el primer día de la semana ya empezaron a rodar cabezas y se destituyó a 2 altos funcionarios de la provincia de Hubei. Específicamente, a Zhang Jin y Liu Yingzi, jefe y directivo de la comisión de salud en Hubei, respectivamente, que han sido reemplazados por Wang Hesheng, subdirector de la Comisión Nacional de Salud de China. A ellos le prosiguieron otros 2 pesos pesados de la provincia, el secretario general del PCCh en Hubei, Jiang Chaoliang; y el de la ciudad de Wuhan, Ma Guoqiang.El Departamento de Publicidad asimismo ha mandado a 300 cronistas a Hubei para asegurar una narrativa más positiva de una situación que ha dejado más de 1.300 fallecidos y 64.000 inficionados en prácticamente treinta países. Y en otro intento por aliviar los ánimos, el día de ayer descubrieron por vez primera que el número de trabajadores sanitarios inficionados por el COVID-19 ascendía a 1.716 trabajadores, de los que 6 habían fallecido, mientras que insistieron en las duras condiciones a las que se encaran los facultativos debido a la escasez de equipos de protección y mascarillas y las prolongadas jornadas laborales.Mientras tanto, la censura ya ha hecho desaparecer noticias sensibles sobre el tema e inclusive a personas como Chen Qiushi, un letrado y cronista que desde el momento en que empezó la crisis había publicado vídeos del interior de los sobresaturados centros de salud que tratan de luchar contra la enfermedad. Si bien de Chen aún no se sabe nada, sostener silenciados a tantos millones de personas en un instante tan crítico como el presente no se antoja labor simple.

Fuente: larazon.es

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