Panero aseguraba en uno de sus múltiples poemas dedicados a los avernos de la psique que había sentido el tentáculo de la insensatez acariciarle el vientre, las nalgas y los pies furiosos de la escapada. Que había vivido su tentación y asimismo su pecado. La insensatez no es un juego, mas puede vivirse como tal. Comenzamos. El planteamiento en apariencia inocente de una pregunta como «¿le apetece que le cuente mi vida?» a una ignota en el contexto de un viaje en tren, resulta de lo más tentador para el inicio de una historia. Al directivo Aritz Moreno esta tentación le persiguió a lo largo de tanto tiempo y de una manera tan intensa que se vio en la obligación de materializar el razonamiento de la novela homónima de Antonio Orejudo «Ventajas de viajar en tren», en su debut cinematográfico. La estética de la sordidez La mezcla inverosímil de estilos y la inexistencia de una línea divisoria entre géneros captaron inmediatamente la atención del vasco, quien asegura que «esa velocidad en el momento de pasar de la risa al estremecimiento me capturó enseguida». El reto, acepta, «estaba en crear una película que contuviera muchas en su interior. En verdad eso es una cosa que lleva haciendo el cine coreano desde el año 2003 y cuyo ritmo he querido tomar como referencia pues me apasionan este género de estructuras». La incorrección, el surrealismo, la incomodidad y la originalidad extrema salpican una cinta cuya síntesis resulta cuanto menos difícil si nos ajustamos al caleidoscopio de emociones y también historias divididas y también inconexas que la forman. La joven editora Helga Pato (la mujer ignota), es interpelada por un hombre que se presenta ante ella en el asiento del tren como Ángel Sanagustín. Este improvisado conversador, interpretado por un impecable Ernesto Alterio, trabaja estudiando trastornos de personalidad mediante los escritos de los pacientes y empieza a contarle a Helga la historia de uno de los peores con los que ha debido lidiar hasta el instante, Martín Urales de Úbeda (Luis Tosar), que resulta ser un enfermo obseso exageradamente peligroso con una querencia obsesiva por la basura. Desde ese relato y de un empleo estético de la sordidez, el humor y el drama van sucediéndose una serie de capítulos malsanos, un puñado de historias deslabazadas, refulgentes, locas, necesariamente desapacibles que fuerzan de forma tramposa al cuestionamiento permanente de nuestros límites. La construcción de una atmosfera envolvente tan personal como la que presenta «Ventajas de viajar en tren» guarda una angosta relación con las referencias cinematográficas a las que se refiere Moreno para explicar su inspiración artística: «Al principio deseábamos hacer una suerte de “Club de la lucha” en Murcia dirigida por Wes Anderson. Esa era la idea. Mas asimismo pensé en la estética de la serie británica “Utopía” y en el tono de “Magnolia” de Paul Thomas Anderson». Esta cinta forma una ocasión única para dejar que nos acaricie el tentáculo de Panero pues, como reza el lema del filme, la verosimilitud está sobrestimada.

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