Para preparar las vacaciones de verano os proponemos mirar más allá de ciudades y rutas concretas para centraros, por un momento, en vuestros sentidos en relación a los viajes. ¿Qué lugar del mundo puede cuidar mejor nuestro olfato? Y nuestra vista, ¿en qué región se puede sentir más recompensada? Una manera distinta de definir el concepto de viaje que está en línea con una tendencia cada vez más en auge: la de visitar lugares para experimentar sensaciones, en un intento de conocer países desde una nueva perspectiva.
Porque está muy bien tener una foto al lado de un lugar emblemático, visitar un museo histórico o hacer una fotografía de un cruasán recién hecho. Pero, al fin y al cabo, cuando recordamos un viaje pasado, difícilmente pensamos primero en el Museo del Louvre, Times Square o los pastelitos de crema que consiguieron más likes en nuestras redes sociales. Y seguramente pensamos antes en ese amable señor japonés que nos enseñó el camino hasta el hotel, en la vez que nos perdimos alegremente por el barrio Latino o en la exposición de una pequeña galería del Soho donde nos dieron una copa de champán.

Un campo de lavanda en Dali (China)
(Yinghui Li / Getty Images/iStockphoto)

Los viajes, al fin y al cabo, los recordamos a través de las experiencias vividas, y por ese motivo os ofrecemos diez propuestas por todo el mundo, dos por cada sentido, que, más que explicar o fotografiar, hay que vivir en primera persona. ¡Que tengáis unas felices vacaciones!

TACTO: Flotar en el mar Muerto y sumergirse en los baños Széchenyi

Ubicado a 435 metros bajo el nivel del mar, el mar Muerto es una maravilla natural que, lamentablemente, cada año pierde un poco de profundidad. Entrar en sus tranquilas aguas y notar cómo todo el cuerpo se eleva hasta la superficie es una sensación que hay que vivir al menos una vez en la vida. Lo podréis hacer en Israel, Palestina y Jordania, donde algunos hoteles y spas cuentan con recintos privado para descansar en este mar sin prácticamente gente alrededor. Antes de entrar, y con la idea de potenciar el sentido del tacto, os recomendamos recubrir todo el cuerpo con barro del fondo del mar, que es muy rico en sales minerales. Una vez dentro, la moda es clara: todo turista que se precie se hace una foto simulando que lee un periódico mientras flota en el lago salado más bajo de la tierra. Y cuidado: si sumergís la cabeza, ¡los ojos os van a picar durante un buen rato!

Un hombre lee el periódico en el mar Muerto

Un hombre lee el periódico en el mar Muerto
(AarStudio / Getty Images/iStockphoto)

Donde sí podemos sumergirnos sin problemas es en las piscinas termales ubicadas en entornos naturales o históricos. Uno de nuestros centros favoritos son los baños Széchenyi, en Budapest, considerados los mayores baños termales medicinales de Europa. El recinto esconde decenas de piscinas termales en un impresionante edificio con aires de palacio, y ofrece diversos tratamientos corporales para mimar los sentidos.

Las abundantes aguas termales subterráneas de Budapest favorecen la existencia de baños termales por toda la ciudad,

Las abundantes aguas termales subterráneas de Budapest favorecen la existencia de baños termales por toda la ciudad,
(Getty)

OLFATO: Dejarse embriagar por las flores de la casa de Monet y del parque de Keukenhof

Pasearse por la casa de Claude Monet es sumergirse en un auténtico cuadro impresionista. Esta encantadora villa, ubicada en el pueblo francés de Giverny, muestra sin alteraciones la vida y la obra del pintor, que se mudó aquí con su familia en 1883. Además de cotillear por la casa, llena de elementos artísticos, también os podréis perder por los dos jardines de la residencia. Como curiosidad, Monet pintó su famoso puente japonés (sobre el cual os podréis hacer una bonita foto)… ¡hasta 45 veces!

El famoso estanque de lirios de Monet, en Giverny

El famoso estanque de lirios de Monet, en Giverny
(digitalimagination / Getty Images/iStockphoto)

Por otro lado, si queréis seguir embriagados por el olor de flores frescas, podéis visitar uno de los lugares con más encanto de Holanda. Se trata de
Keukenhof
, el parque floral más grande del mundo, donde cada año florecen más de siete millones de flores, entre ellas, jacintos, narcisos, orquídeas, rosas, claveles, lirios y los famosos tulipanes locales. Ubicado ente Ámsterdam y La Haya, el parque combina diversos jardines con cuatro pabellones con especies internacionales. No hay mejor lugar del mundo para premiar nuestro olfato.

Los tulipanes florecen en los jardines Keukenhof en primavera

Los tulipanes florecen en los jardines Keukenhof en primavera
(Keukenhof Holland)

VISTA: Disfrutar de las tonalidades de colores de Yangshuo y Zhangye Danxia

Es uno de los paisajes naturales más representativos de la cultura china y, además, aparece en uno de los billetes más utilizados del gigante asiático, el de 20 yuanes. La hermosa localidad de Yangshuo es un lugar en el que sentarse, descansar y contemplar durante horas sus curiosas formaciones rocosas, que también protagonizan mangas tan conocidos como Dragon Ball (sí, ¡estamos delante de las montañas de Son Goku!). Una recomendación para conocerlo desde otra perspectiva es coger una pequeña embarcación por el río Li y observar cómo las tonalidades verdes se multiplican sin descanso.

Sobre Yangshuo, Guangxi (China)

Sobre Yangshuo, Guangxi (China)
(By Dennis Kruyt / Getty)

Otra buena opción para mimar la vista es viajar hasta el siempre impresionante salar de Uyuni, en el suroeste de Bolivia. Se trata del desierto de sal más alto del mundo que, según el mes en que lo visitemos, cambia de color y forma. Hoteles de sal, momias milenarias y cactus gigantes son algunos de los atractivos de este enigmático emplazamiento natural.

Diversos 4x4 en el salar de Uyuni, en el departamento boliviano de Potosí

Diversos 4×4 en el salar de Uyuni, en el departamento boliviano de Potosí
(Gtres)

GUSTO: Degustar comida callejera en Singapur y probar fusiones peruanas

Una de las mejores maneras de cuidar nuestro sentido del gusto es disfrutar de una oferta gastronómica que, en cada país, muestra parte de la cultura y la identidad de un territorio. Y, para los viajeros más
foodies
, Singapur es un destino más que obligado. Poca broma: en esta ciudad-estado, los establecimientos de comida callejera tienen más estrellas Michelin que en ningún otro lugar del mundo (seguida de cerca por Hong Kong, eso sí). El mítico local Liao Fan Hong Kong Soya Sauce Chicken Rice Noodle ha sido durante años el restaurante con estrella Michelin más barato del mundo, con un ticket medio de 1,5 euros. Una muestra de la alta calidad de unos food courts, o agrupaciones de restaurantes con ofertas culinarias diversas, en los que podréis honrar al paladar con las mejores recetas del mundo.

Un cocinero en la famosa calle Satay de Singapur

Un cocinero en la famosa calle Satay de Singapur
(Aaron Massarano / Getty Images/iStockphoto)

Un poco lejos, pero con igual espíritu gastronómico, encontramos uno de los países más influyentes en la cocina internacional en los últimos años. Se trata de Perú, un laboratorio culinario que cuenta con un recetario increíblemente rico en sabores –¡solo en cuanto a “papas” hay 5.000 variedades distintas!–, en parte por la gran cantidad de ecosistemas que conviven en el mismo territorio. Un viaje a Lima se disfruta no solo por sus restaurantes de cocina tradicional, sino también por las interesantes iniciativas de fusión, entre ellas, la popular nikkei –japonesa y peruana– y la cada vez más conocida chifa –china y peruana–. ¡Ñam!

Ceviche, todo un símbolo de la gastronomía peruana

Ceviche, todo un símbolo de la gastronomía peruana
(daniel san martin / Getty Images/iStockphoto)

OÍDO: Escuchar un tango en Buenos Aires y dormir en el desierto del Sáhara

Entramos en el Café Tortoni de Buenos Aires como si cambiáramos de época. Inaugurado en el año 1858, este local de estilo francés es uno de los más importantes de la capital argentina, tanto para los escritores y artistas que se encontraban aquí (entre ellos, Jorge Luis Borges, Carlos Gardel y Alfonsina Storni) como para los amantes del tango que, incluso a día de hoy, visitan este encantador establecimiento para encontrar a algunos de los artistas más reputados. Porque aquí podréis escuchar y vivir en primera persona esta popular danza de orígenes multiétnicos (mezcla indígena, africana y criolla) que os alegrará la vista y el oído a partes iguales.

Cafetería Tortoni, uno de los locales más emblemáticos de Buenos Aires

Cafetería Tortoni, uno de los locales más emblemáticos de Buenos Aires
(Getty / Getty)

Otra propuesta para cuidar nuestro oído tiene que ver con una música muy particular, en este caso producida de forma natural en el desierto del Sáhara. Para escucharla, lo habitual es contratar algún tour organizado que salga desde el pueblo de Merzouga, en Marruecos, y que nos lleve en camello hasta una zona alejada, donde se coloca una pequeña haima para pasar la noche. Después de degustar una cena bereber, podemos aventurarnos a subir las resbaladizas dunas del desierto. Si llegamos a la cima de alguna de ellas, y hacemos un pequeño desprendimiento de arena, generaremos un sonido único, marciano, que aquellos que estén debajo no podrán creer. Un fenómeno natural, ya descrito por Marco Polo, que es conocido popularmente como “el canto de las dunas”.

Un hombre en el mar de dunas Erg Chebbi, en Marruecos

Un hombre en el mar de dunas Erg Chebbi, en Marruecos
(Pavliha / Getty Images)

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