Albert Serra equipara la experiencia de ver «Liberté» con la sensación de estupefacción y desorientación a la que te encaras cuando sales de una disco de madrugada. El irreverente cineasta catalán escoge de nuevo la ruta de la provocación para exponer la polimetría del placer de unos aristócratas desvergonzados del siglo XVIII que desean secuestrar a unas novicias y materializar sus perversiones sexuales y lúbricos deseos en la privacidad y el anonimato que da la noche. Nos sumergimos en el Cine Doré para dialogar con el Marqués de Sade de Bañolas.–¿La forma de expresar el placer que había en el siglo XVIII se semeja en algo a la presente?–Es una pregunta bastante difícil. Supongo que sí, mas la forma de sentirlo…esto ya no lo se. Comenzamos a tener una mirada sobre nuestro placer desde las teorías de Freud. Ya antes la gente solo practicaba sexo para reproducirse. Mas en el instante en el que te miras desde fuera, lo que sientes ya jamás más es de nuevo algo inocente.–¿Charlar de manera libre del sexo le ha supuesto alguna renuncia como directivo? –Para nada. En mi caso, todo el «background» sexual que pueda tener viene de la literatura y si tu has leído al Marqués de Sade descubres multitud de cosas insultantes. La ficción es el lugar de la injusticia, de la abyección, del mal. Para eso sirve. Para poder depositar lo peor de nosotros mismos. Estudié Literatura y todas y cada una mis grandes influencias son las vanguardias del siglo veinte, todos y cada uno de los grandes subversivos de la historia, de tal modo que si bien mi vida pueda ser aproximadamente usual, mi psique no lo es, con lo que mi libertad es total.–En la cinta se juega con lo que se ve, mas sobretodo con lo que se imagina, ¿lo velado es más malvado que lo explícito? –La mayoría de los diálogos de la película no sirven para nada, de tal modo que lo explícito se transforma en algo preciso en conforme qué ocasiones. En la cinta hay 4 niveles: lo que ves (más ofensivo que lo que no), lo que oyes, lo que intuyes y lo que de forma directa imaginas. Te va a parecer absurdo en 2019, mas desde el instante en que hay desnudez, todo cambia. De ahí que la enorme mayoría de actores profesionales no desean actuar desnudos. Por el hecho de que te sientes considerablemente más frágil. La desnudez convoca algo muy íntimo, muy salvaje.–Entonces, el séptimo arte debe salpicar…–Rotundamente, sí. El cine tiene esa cosa tautológica. Estás acá y de súbito coges el móvil, te filmo la cara y hago una obra de arte. Solo la intensificación de las coordenadas de espacio-tiempo ya te da una carnalidad y una materialidad brutales. Si bien me concentre mucho mirándote los ojos, siempre y en todo momento tendré estímulos visuales que me distraigan. No obstante, la cámara no se fatiga, no escucha el sonido, no tiene ideas. Sencillamente, está ahí para descubrir algo que el ojo humano no puede ver.–¿Una filia confesable de Albert Serra? –Confesable, pocas (risas). El vello. En hombres y en mujeres. Pese a que esté «pasado de moda», es una cosa que siempre y en todo momento he encontrado considerablemente más atrayente que su contrario. En todas y cada una de las unas partes del cuerpo, incluyendo las más íntimas.–¿Tiene riesgo el puritanismo?–Sin puritanismo no hay rebeldía. La opresión-vulneración me semeja una lógica considerablemente más interesante. A veces, las menten puritanas acostumbran a ser las más interesantes. ¿Sabes para qué exactamente? Para desbloquearlas. Como reto. Las víctimas colaterales del puritanismo jamás me han dado pena.–¿La industria cinematográfica de España expone poco?–Al principio deseaba ser escritor, mas me percaté de que había demasiada competencia. Entonces vi que en el cine de España todos eran unos inútiles integrales y pensé, «aquí voy a poder destacar», pues no saben nada, no tienen ni la más mínima idea y lo hacen mal. Y la historia me dio la razón. Dejando al lado a Almodóvar, que es una consagración, ya prácticamente los he superado a todos.Siempre he encontrado atrayente el vello, tanto en hombres como en mujeres

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