No es tiempo para vacaciones, o bien al menos para largas vacaciones, a la antigua usanza, de un mes y en el sitio más distanciado de la vida política española. Desde el instante en que las elecciones de diciembre del 2015 dieron sitio a una reiteración en el mes de junio del 2016, lo que forzó a un verano de intensas negociaciones, nada ha vuelto a ser lo mismo. Ni el 2017 fue un año tranquilo: los atentados de Barna y Cambrils y la cercanía del referendo de independencia en Catalunya sostuvieron al Gobierno y a la oposición en estado de alerta.
El verano del 2018 fue de nuevo convulso pues España terminaba de salir de la petición de censura que llevó a Pedro Sánchez a la presidencia del gobierno y al PP a un congreso excepcional, a fines de julio, donde Mariano Rajoy fue reemplazado por Pablo Casado. Convulso el verano y todo el año que le prosiguió, con las 2 elecciones que ha vivido España, las generales del 28 de abril del 2019 y las municipales, autonómicas y europeas del 26 de mayo.

Mas tras este curso político agitado, los líderes políticos no han hecho los deberes, conque se han cogido vacaciones a medio gas. Son unos poquitos días de reposo, como es el caso del presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, que tras un par de semanas de actividad con 14 asambleas, contactos con más de 200 personas de 180 colectivos sociales, ha aprovechado que esta semana hay una celebración el jueves, el 15 de agosto, con el consecuente puente, para cogerse unos días de vacaciones en el Coto de Doñana, al lado de su mujer y sus hijas.

Solo Abascal ha salido unos días de España, para viajar a Irlanda, en espera de una posible investidura

Va a ser apenas una semana, si bien el presidente del Gobierno en funciones no va a apagar el teléfono, en espera de que algo se desatasque. Aún hay esperanzas de que todavía no se repitan las elecciones a fines de septiembre. La semana próxima volverá a la Moncloa, y el 23 va a haber nuevamente Consejo de Ministros, ya antes de participar ese fin de semana en una asamblea del G-siete en Biarritz.
Tal vez la llamada que más espere Sánchez sea la de Pablo Iglesias, quien no se ha cogido vacaciones, no tanto por la situación política, sino más bien por su reciente paternidad. Iglesias y también Irene Montero continúan en su casa de Galapagar en compañía de sus 3 hijos. El secretario general de Podemos ha cortado toda actividad pública desde finales de julio. En verdad, las reacciones a los pasos dados por Sánchez con los colectivos sociales han corrido al cargo de Pablo Echenique.

En el bloque de la derecha el relajamiento ha sido mayor, si bien en diferente grado. El presidente del Partido Popular se ha ido de vacaciones, tras la rehabilitación de su dirección que hizo a fines de julio. Casado alterna sus vacaciones entre Las Navas del Marqués (Ávila) y Husillos (Palencia), pueblo natal de su padre, unas vacaciones parcas y cerca de la capital española, por si las moscas.
La incógnita es dónde se encuentra Albert Rivera, ausente de toda actividad pública desde finales de julio. Solo su actividad en las redes sociales pueden dar alguna pista de lo que hace. Ha tenido mensajes de felicitación a Rafa Nadal, y ha mostrado su preocupación por los incendios de Canarias, mas el último día de la semana asimismo colgó un mensaje en Twitter en el que felicitaba a los cantabrios, en el día de su comunidad, y también incluía fotografías de tierras cantabrias, una de ellas de él mimo, en frente de la silueta recortada de la costa cantábrica.
Menos inconveniente ha tenido en explicar sus vacaciones el líder de Vox, Santiago Abascal, que ha estado en Irlanda y en Zahara de los Atunes (Cádiz).
Reposo, mas pensando en la posibilidad de que se llegue al 23 de septiembre sin pacto para ungir presidente del Gobierno, y, en consecuencia, haya que encarar unos nuevos comicios el 10 de ­noviembre. Una alternativa más que probable y que requiere unos trámites que, en previsión de lo que pueda suceder, ya ha puesto en marcha el INE (Instituto Nacional de Estadística) dando instrucciones a las delegaciones provinciales de la Oficina del Censo a fin de que em­piece a revisar las mesas y los locales en los que se ce­lebrarían esas nuevas elecciones generales.

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