El mercado de pescado en Tsukiji

Keita se lúcida todas y cada una de las mañanas a las 3 de la madrugada. Se adecenta, devora un desayuno frugal y abre su puesto en el mercado de Tsukiji. Mas ya antes ha de ir a adquirir el producto, fresco y refulgente, en uno de los puestos de pescado crudo que hay en el distrito próximo al puerto. Acá todos se conocen. Si bien el sol aún no ha salido, a nuestros amigos del mercado de Tsukiji no semeja suponerles ningún inconveniente, conversan animadamente mientras que se preparan para el largo día que les espera. Yo camino fascinado entre las largas ristras de peces, esmeradamente expuestos por las afables vendedoras. Calamares, nécoras, anguilas, salmón, pececillos minúsculos cuyo nombre ignoro, enormes atunes con los ojos de cristal… Cuando pregunto a Keita a qué hora va a ser la conocida subasta de atunes, echa a reír y sacude la cabeza, como disculpando mi torpeza. Me cuenta que en el año 2018 se trasladaron las subastas de pescado al mercado de Toyosu, en el distrito de Kôtô, a unas instalaciones más modernas que las de acá. No obstante, afirma, no tengo por qué razón preocuparme. El mercado de Tsukiji es demasiado tradicional para cerrar absolutamente, y aún quedan abiertos los puestos de pescado que veo y abundantes negocios en las calles circundantes. Afirma orgulloso que el producto que venden acá es tan fresco como el de Toyosu. Para demostrármelo, me prepara velozmente un pequeño pincho con 3 pulpo a la brasa y me lo extiende. Lo pruebo. Exquisito. Keita tenía razón. Nos despedimos amistosamente y decido intername a solas por las frecuentadas calles del mercado, que poquito a poco empiezan a llenarse de turistas hambrientos. Salgo del mercado de pescado crudo y por todos lados me asaltan afablemente puestos de comida para comer a pie de calle, no me hago de suplicar y hago por probar todo lo que resulta posible. A pesar de que los costos en el país nipón son de los más altos del continente asiático, los pequeños pinchos que sirven en el mercado de Tsukiji están a costos muy asequibles, entonces desayuno, tomo el piscolabis y almuerzo paseándome entre los puestos. El pez mantequilla se funde en cuestión de segundos al rozar mi paladar y los espetos de sardina consiguen hacer competencia a los de Cádiz. Sucede una mañana de intensos sabores tradicionales, respetando el producto al límite y sin virguerías. Basta un buen corte de atún, un chorrito de soja, y Keita se transforma velozmente en nuestro salvador de la mañana. Poco importa ya la subasta de atunes en Toyosu.

La nipona negra

Osaka es la tercera urbe más habitada de el país nipón y se halla a escasos sesenta quilómetros de la zona de Kobe, famosa por generar de las mejores carnes del planeta. Esta carne de ternera, famosa generalmente como “La nipona negra” se caracteriza por su suave textura merced a la infiltración de grasa en sus músculos. Un mordisco es suficiente para fundirnos el paladar. Si bien ciertos países han intentado imitar la carne de Kobe, entre ellos España, no pude dejar escapar la ocasión de probar un filete en el sitio de nacimiento de esta codiciada carne. Es fácil localizar carne de Kobe con genial calidad en la ciudad de Osaka, no hace falta complicarse demasiado, ni tan siquiera buscar el local en la red de redes. Basta un camino por el frecuentado distrito de Dōtonbori, uno de los más visitados por turistas en pos de sabrosas cenas y espectáculos, para localizar decenas y decenas de locales dedicados solamente a la preparación del filete Kobe. Camino entre luces de colores y deleitándome con los últimos trajines de la noche. El distrito está con fuerza alumbrado y en él se mezclan todo tipo de turistas y nipones, jóvenes o bien adultos, charlando animadamente sumergidos en sus mundos. Tras entrar y salir de múltiples locales que no me persuaden demasiado, encuentro un pequeño restorán de aspecto agradable y sin muchos clientes del servicio. El resto de la historia va a ser una de las experiencias gastronómicas más fáciles y sabrosas de mi vida.En primer sitio me presentan la carta de carnes, con tres categorías a escoger y 3 calidades en cada especialidad. Cuanto mejor la categoría, y mejor la calidad, más cara va a ser y mejor sabor va a tener la carne. El filete más económico roda los ochenta euros y el más costoso pasa de quinientos. Es, desde entonces, un plato que solo se debe probar una vez en la vida, y solo para los auténticos amantes de la carne. Solicité una categoría y calidad medias con una copa de vino. No hacía falta solamente. Poco después sirven al ilusionado sibarita una pieza de niguiri de Kobe, finísima, presentada simplemente con una gota de wasabi. La devoro prácticamente sin pensarlo. Mas el plato fuerte llega a los diez minutos, un filete a la perfección cocinado, poco hecho, levemente adornado con patatas dulces y 2 o bien 3 hojas de rúcula para darle color. No es posible describir con la parquedad de las palabras la textura, el profundo sabor y la sensación de saciedad que deja un auténtico filete de Kobe en Osaka. Hay cosas que hace falta probar para comprenderlas. Y cuando menos una vez en la vida animo a hacerlo.

Fuente: larazon.es

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