A lo largo de su historia, la galaxia en la que vivimos, la Vía Láctea, ha absorbido a otras más pequeñas. Una de ellas es Gaia-Enceladus, mas los astrónomos no tenían claro en qué momento sucedió esta fusión. Ahora, una sola estrella refulgente, perceptible desde el hemisferio sur en la constelación de Indus, ha revelado nuevos detalles del encuentro. Un equipo de científicos con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha conseguido datar la colisión hace unos 11.500 millones de años, en la historia más temprana de nuestra galaxia.

Los resultados, publicados en el último número de la gaceta «Nature Astronomy», han sido posibles merced a los datos de las misiones Transiting Exoplanet Survey Satellite (TESS) de la NASA y Gaia de la Agencia Espacial Europea (ESA).

Los científicos se han basado en oscilaciones naturales detectadas en la estrella v Indi para determinar que nació hace unos 11.500 millones de años. Más tarde, la colisión con Gaia-Enceladus alteró su movimiento por medio de la Vía Láctea. La edad de esta estrella implica que la colisión se habría producido como pronto hace entre 11.600 y 13.200 millones de años.

«Las estrellas poseen registros fosilizados de sus historias y, en consecuencia, del medio en que se formaron. El equipo de trabajo ha empleado datos de satélites y de observatorios terrestres para extraer esta información de v Indi. Usando astrosismología, técnica que estudia la estructura interna de las estrellas pulsantes, ha sido posible establecer nuevos límites al instante en que ocurrió el acontecimiento con Gaia-Enceladus», explica Aldo Serenelli, estudioso del CSIC en el Instituto de Ciencias del Espacio.

Gran impacto
La existencia en la Vía Láctea de muchas estrellas provenientes de Gaia-Enceladus señala que la colisión tuvo un enorme impacto en la evolución de nuestra galaxia. «Comprender esto es hoy en día de suma importancia en astronomía, y este estudio representa un paso esencial en determinar con precisión en qué momento tuvo lugar esta colisión», destaca Serenelli.

También, el trabajo prueba el potencial de la astrosismología basada en datos conseguidos por TESS y las posibilidades que existen cuando pueden conjuntarse observaciones en una sola estrella refulgente con instrumentos de nueva generación.

«Los humanos -comenta Antonio Jiménez, astrofísico del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y coautor del mismo modo del artículo- siempre y en toda circunstancia hemos estado interesados en entender los acontecimientos pasados para entender el presente y su evolución siguiente. El resultado de la coordinación de diferentes técnicas astrofísicas como la espectroscopía (exuberancias químicas), la astrometría (situación y cinemática) y la Astrosismología (determinación de la edad) en el estudio de ν Indi nos ofrece un nuevo conocimiento del pasado de nuestra galaxia. La Astrosismología que nació como sismología solar y cuyo propósito era conocer el interior del Sol, evolucionó cara el conocimiento del interior del resto de las estrellas y ahora asimismo coopera de forma esencial en el conocimiento de nuestra Vía Láctea».

Fuente: ABC.es

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