El cielo ya se estaba volviendo naranja. El frío comenzaba a calar mediante los monos de trabajo y pronto caería la noche. No obstante, incluso eran 4:30 de la tarde y a Phineas Gage le quedaba un largo trabajo por delante. Su cometido era fácil, como capataz de la obra debía horadar la roca que encontrase a su paso, introducir pólvora en los orificios, taparla a presión y aprender fuego a la mecha. De este modo, al detonarla, despejarían el camino a fin de que otros obreros pusieran las vías férreas que llevarían hasta Cavendish. Era un trabajo peligroso, mas por fortuna, Phineas era “el hombre más capaz del servicio”. Nada malo ocurriría estando él de guarda, hasta el momento en que, naturalmente, pasó.Phineas se distrajo momentáneamente, el tiempo justo a fin de que no prestase atención a su compañero, pasando por alto que aún no había cubierto la pólvora del orificio. Así, levantó la pesada barra metálica y, continuando con su trabajo, se dispuso a comprimir la pólvora. Introdujo la barra en el orificio y apretó con sus fuerzas, no obstante, la roca devolvió el golpe. Las chispas levantadas por la barra se habían abierto camino hasta la pólvora, no había una tapa que lo impidiese. La explosión fue tan fuerte que lanzó la barra por los aires. Cuando aterrizó, a más de veinte metros de la roca, su superficie gris estaba cubierta de colorado y de extraños pedazos de lo que parecía una gelatina blanca. Eran pedazos del propio Phineas.La barra había entrado por su mejilla izquierda y, cruzando su cráneo, abriendo una salida sobre su frente. Más de un metro de hierro atravesando su cerebro, abriendo paso a sus tres centímetros de grosor. Ese 13 de septiembre de 1848 Phineas volvió a nacer.A pesar de la carnicería, Phineas no perdió la consciencia, con ayuda de sus compañeros se montó en una carreta de bueyes que, sin perder tiempo, le aproximó hasta la pensión de Cavendish. Allá asistieron los médicos, primero Edward William y más adelante John M. Harlow. Phineas proseguía despierto e inclusive pudo arreglárselas para, con flema británica, decirle a William “Doctor, acá hay trabajo para usted”. Los médicos lavaron la herida como pudieron, extrayendo esquirlas de hueso y coágulos de sangre. No podían explicarse de qué manera era posible que Phineas hubiese entrado por su pie, con el cráneo partido y un “embudo de hueso” en lo más alto de su frente.Contra todo pronóstico, tras una infección y prácticamente caer en coma, Phineas se recobró de la improvisada intervención, si bien, como afirmó el propio Harlow:Gage ya no era Gage. Algo extraño había pasado. Phineas P. Gage se convirtió en un momento de un responsable capataz de Tren Dutland y Burlington en un paria marginado y soez que era inútil de aguantar su vida como marido y como padre.Jesse Glass (La passion de Phineas Gage y otros poemas)

El nacimiento de un mito

Gage había alterado, mas ¿tanto? La verdad es que por aquel entonces empezó a presentar ataques epilépticos, la lesión había perturbado las conexiones de las neuronas que la rodeaban, haciendo que se disparasen desordenadamente, chispeando y activando el resto de la corteza cerebral. Se trataba de un cambio esperable, algo ya visto en soldados que habían recibido lesiones de bala. No obstante, lo que sus doctores narraban era algo bien diferente, charlaban de cambios en su personalidad, en lo que hacían de ese hombre quien había sido hasta ese momento.Hablan de un hombre inútil de sostener su trabajo, impetuoso, beligerante, violento con su mujer y también hijos. Aseveraciones verdaderamente duras que han marcado la historia de Phineas a lo largo de décadas. Miles y miles de libros de neurociencia cuentan entre sus anécdotas la de esa barra que convirtió a Phineas en un animal, un caso de de qué manera la corteza frontal dañada por el metal cumplía funciones inhibitorias, de contención. Aquellas cosas que contaban los libros eran verdaderamente aterradores, cosas que habrían hecho de Phineas un auténtico monstruo, si no fuese que, el bueno de Gage, no tenía hijos, ni mujer, ni tan siquiera una pareja. Su madre narraba como, tras el accidente, Phineas había desarrollado un profundo amor por los animales y en no menor grado, por sus sobrinos, con los que jugaba diariamente. Mas entonces ¿de dónde venían la historia más conocida de la neurociencia? Un cuento contado a médicos, sicólogos y todo estudiante de la conducta humana desde hace décadas comenzaba a enseñar alarmantes huecos en su estructura.

Lo poco que sabemos

Normalmente, la contestación a estas contradicciones acostumbra a encontrarse en documentos de aquella temporada que los corroboren o bien desmientan. Desgraciadamente, apenas existe literatura sobre Phineas Gage alén de todas y cada una de las publicaciones póstumas. Por otro lado, las pocas que sí existen, son vanas, carentes de los detalles que nos asistirían a reevaluar la situación. Por servirnos de un ejemplo, uno de los textos más esenciales data de 1868 y en él, su médico resume el estado de Phineas en escasamente 200 palabras.El equilibrio entre sus facultades intelectuales y sus tendencias animales semeja haber sido destruido. John M. HarlowTras decir esto, empieza a contar todos y cada uno de los nuevos defectos de Phineas: Irreverente, grosero, ególatra, impaciente, cabezota, antojadizo, poco previsor y, por si fuera poco, añadía: “muestra el intelecto de un niño”. Semeja sorprendente que su personalidad pudiese haber alterado tanto en un momento y sin trastocar el resto de sus funciones cerebrales, mas hay un truco, la mayor parte de los adjetivos que Harlow le asignaba compartían un origen común, una absoluta incapacidad de previsión.¿Podría ser esto cierto? Es posible que Phineas no se volviese beligerante y hosco, sino su personalidad cambiara de forma más sutil, haciéndole bastante difícil tomar resoluciones racionales o bien tener en consideración a el resto. En verdad, ahora sabemos que ciertas lesiones en la corteza frontal se relacionan con la incapacidad para decidir, como fue el caso del doctor P. o bien del paciente EVR. Esto coincide con otros testimonios, que señalan que, tras el accidente, Phineas no fue de nuevo capaz de sostener un trabajo. Sus intereses eran cambiantes y pronto cambiaba de trabajo o bien cometía fallos por los que era despedido. Esta es la historia que acostumbra a leerse en muchos libros de texto, aun cuando suprimen el mito de sus impulsos animales, y no obstante, podría ser que ni tan siquiera esta versión moderada fuera cierta.

Un trabajador ejemplar

Harlow insiste en que Phineas brincaba de un empleo a otro, probablemente por esa incapacidad de organización. Cuenta que vivía de la caridad, prácticamente en la miseria, viajando como un monstruo de feria en distintos espectáculos circenses. Mas ¿dónde se encuentran las pruebas? No existen registros o bien correspondencia de Cage donde se relate la miríada de trabajos que se le atribuyen. Realmente, lo más probable es que las conocidas declaraciones del buen doctor se refiriesen a los meses de forma inmediata siguientes al accidente. Algo que cobra sentido si sabemos que, no mucho tras su restauración, Phineas abandonó Inglaterra para no regresar nunca.Sabemos que, tras el accidente, Phineas se mudó a Chile, donde aparentemente deseaba edificar una línea de tren. No obstante, acabó trabajando como conductor de diligencias y cuidando a los caballos de una granja. Unos años después decidió reunirse con su familia, que ahora vivían en California, y allá halló un nuevo trabajo. Eso es todo, nada de circos ni de caridad, semeja que entre 1851 y su muerte en 1860, Phineas tuvo únicamente dos trabajos.

La exhumación

No obstante, aún había muchas dudas sobre la lesión de Phineas. Para los médicos proseguía siendo motivo de discute cómo la barra no había perjudicado al habla, si aparentemente había atravesado estructuras cerebrales relacionadas con ella, como el área de Broca, localizada exactamente en el lóbulo frontal izquierdo. La polémica científica motivó que en 1868 fuera exhumado su cuerpo, mas los métodos de aquella temporada eran deficientes para reconstruir la trayectoria real de la barra. Haría falta que pasasen 124 años, hasta el momento en que, en 1992, el cráneo de Phineas cayese a cargo de la persona que resolvería el misterio, la doctora Hannah Damasio.La doctora Damasio escaneó los restos de Phineas con una máquina de resonancias imantadas, digitalizando cada detalle de su estructura. Merced a esto pudo simular el viaje preciso de la encalla y, por tanto, querer qué estructuras cerebrales habían podido afectar a su paso. Estudios siguientes, como el de Ratiu y Talos o bien Van Horn, afinan aún más estas estimaciones, confirmando a grandes rasgos lo propuesto por la doctora Damasio. Los dos estaban conforme en que la lesión había sido bastante limpia y había sorteado la mayor parte de las estructuras que estimamos como de máxima importancia, como el área de Broca. No obstante, la corteza orbitofrontal, la más relacionada con la capacidad de tomar resoluciones (si facilitamos mucho las cosas) estaba en pleno recorrido de la encalla ¿qué significaba esto? ¿No puede la historia decir las cosas claras de una vez?Me me temo que no, en verdad, ese es uno de los primordiales inconvenientes de la historia de la ciencia. Sabemos lo que los documentos pueden contarnos, nada más y nada menos. Esperemos pudiésemos someter a Phineas a exactamente las mismas pruebas que a cualquier paciente de hoy día, mas como eso es imposible, nos va a quedar la duda de de qué manera la insigne encalla de metal cambió a Gage por siempre.Hay gran diferencia entre las fábulas y la historia, y si deseamos llegar a comprender cualquier día de qué manera marcha nuestro cerebro, necesitaremos prescindir de las primeras. El tiempo postergará a Gage a ser parte de listas de curiosidades, y va a ser reemplazado por casos más actuales y mejor documentados. Poquito a poco Phineas va a caer en el olvido, mas pese a eso, proseguirá siendo uno de los casos más interesantes y enigmáticos de la historia de nuestro cerebro.

QUE NO TE LA CUELEN:

Existen muchos casos de lesiones en la corteza frontal. No solamente los más sonados, como el del Dr. P. o bien el paciente EVR, sino contamos por desgracia con cientos y cientos de historiales de pacientes sometidos a lobotomías. Sujetos a los que, con pretensiones terapéuticas se dañaba su corteza frontal.No existe información veraz sobre la presunta agresividad de Phineas. Todo lo opuesto, puesto que sus allegados le describían como una persona afable, tanto ya antes como tras el accidente.No sabemos con absoluta seguridad si Phineas tuvo inconvenientes de inestabilidad laboral tras recobrarse del accidente.

REFERENCIAS:

Kieran O’Driscoll. “No longer Gage: an iron bar through the head. Early observations of personality change after injury to the prefrontal cortex” BMJ (Clinical research ed.) vol. 317, 1673-cuatro. 1998 Macmillan, Malcolm. “Phineas Gage – Unravelling the myth.” Psychologist. 21. 828-831. 2008 John Darrell Van Horn , Andrei Irimia, Carinna M. Torgerson, Micah C. Chambers, Ron Kikinis & Arthur W. Toga “Mapping Connectivity Damage in the Case of Phineas Gage”, PLOS ONE 2012 Peter Ratiu, Ion-Florin Talos, Steven Haker, Daniel Lieberman & Peter Everett. “The Tale of Phineas Gage” Journal of Neurotrauma, 21, 637-643. 2004.

Fuente: larazon.es

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