Diez tipos desarrapados dan tumbos por las cercanías del santuario de Vallivana, a una veintena larga de quilómetros de Morella. Aseveran ser una “partida carlista”. Su aspecto es poco marcial, nada impresionante: solo 4 de ellos llevan fusiles o bien escopetas; el resto apenas esgrimen palos. Aparte de solicitar comida y cobijo a los campesinos, pretenden reclutarlos para su causa, los tientan con la promesa de una dudosa paga. Transcurren los primeros meses de 1834, y el líder de la tropa es un tortosino llamado Ramón Cabrera. Anoten su nombre, porque va a llegar a dirigir un ejército imponente y va a poner al Estado contra las cuerdas.

Maria Grinyó, la madre de Cabrera, fue viuda de un marino mercante y dirigió a su hijo cara la carrera eclesiástica. El joven obedeció sin entusiasmo, hasta el momento en que el prelados de Tortosa truncó su ordenación como sacerdote por carencia de vocación. Cabrera abandonó el seminario. Su cercanía a las situaciones tradicionalistas le granjearon la vigilancia policial. Cuando el 13 de noviembre de 1833 hubo un pronunciamiento carlista en Morella, no dudó: se alistó voluntario en el ejército que allá mandaba el barón de Hervés.

General Ramón Cabrera
(De A1833 vía Wikimedia Commons)

Cabrera llega, mas no besa el santo: solo un mes después, las tropas liberales asedian Morella. La situación de los defensores es apuradísima. Protegidos de noche, 1.300 hombres atraviesan la maciza puerta de Sant Miquel y se desperdigan por los montes próximos sin que los sitiadores lo adviertan. El golpe de mano es magistral. Repartidos en pequeños conjuntos —como el dirigido por Cabrera, ya ascendido a cabo—, se esconden en los muchos escondrijos que el salvaje Maestrazgo les ofrece. Las patrullas del ejército cristino los hostigan tanto como el horrible invierno local. No pueden entrar en las poblaciones, y merodean famélicos, enfermos y harapientos. Aquellos fugitivos miserables llegarán a ser el temido ejército carlista del Maestrazgo.

El capitán general de Catalunya ordenó el fusilamiento de la madre de Cabrera, crueldad que exacerbó la violencia

Cabrera y su minúscula partida van de acá para allí. Se esconden en las cercanías de El Boixar y, después, en el monasterio de Santa Maria de Benifassà. Cabrera fortificará ese santuario tiempo después, convirtiéndolo en centro de adiestramiento, centro de salud y cárcel militar. Las tropas isabelinas lo incendiaron para su conquista.
Merced a su talento organizativo y al conocimiento del terreno, Cabrera despunta. Pronto se gana la confianza de Marcoval, el primordial cabecilla de las partidas carlistas. Es solo el principio: en 1834 es ascendido a coronel, y en 1835, a comandante general del Bajo Aragón.

Casa medieval en Morella

Casa medieval en Morella
(Josemanuel-vía-Wikimedia Commons)

La urbe castellonense de Morella desempeña un papel esencial en la biografía de Cabrera, quien la hizo capital administrativa y militar de los territorios bajo su mando en 1838. Morella era una villa adepta: su gobernante militar había chillado “¡Viva Carlos V, rey lícito de España!” en la plaza del Mercado el 13 de noviembre de 1833; de esta forma comenzó la Primera Guerra Carlista en el Maestrazgo. No se sabe con certidumbre dónde radicó Cabrera en Morella, probablemente en alguna dependencia del castillo local. La basílica arciprestal de Santa Maria fue almacén y centro de salud a lo largo del asedio cristino.

Cantavieja fue otro de los cuarteles predilectos de Cabrera. El núcleo turolense tenía 2 mil habitantes entonces. Cabrera lo fortificó y transformó en capital del carlismo: creó un centro de salud, y guardes para alimentos y municiones; edificó un arsenal y una fundición; organizó talleres para la fabricación de pólvora y balas; creó una academia militar… Aun publicó un Folleto del Ejército Real de Aragón en el pueblo. Ese estrellato puso Cantavieja en el ojo del huracán, siendo a menudo bombardeada por unos y otros.

El pueblo de Cantavieja en la provincia de Teruel

El pueblo de Cantavieja en la provincia de Teruel
(Vicenfoto / Getty Images/iStockphoto)

Un hecho bien documentado cambió el talante de aquel conflicto: el fusilamiento de los alcaldes de Torrecilla y Valdealgorfa, acusados de facilitar información a las autoridades liberales. Como represalia, el capitán general de Catalunya ordenó el fusilamiento de la anciana madre de Cabrera. Esa atrocidad exacerbó la violencia a partir de entonces. El ejército cristino comenzó a erradicar de manera sistemática a las guerrillas carlistas, no hizo más presos. Los carlistas no se quedaron atrás. Cabrera empezó a ser conocido como el Tigre del Maestrazgo por su ferocidad con el enemigo.

Es simple continuar su indicio durante la región. Se halla en Ares del Maestrat, cuya fortaleza rehabilitó para fortalecer su eficiencia protectora. El bastión protagonizaría hechos de armas señalados. La iglesia parroquial de Catí, con planta gótica, se empleó como centro de salud de campaña. En exactamente el mismo ayuntamiento, el balneario y la ermita de l’Avellà, conocidos por sus aguas sulfurosas, sirvieron como cobijo carlista. Cabrera instaló una factoría de pólvora y una fundición de fusilería en Mirambel…

Vista del castillo, Ares Bell

Vista del castillo, Labres Bell
(iStock)

Mas la actividad bélica de Ramon Cabrera no se ajustó al Maestrazgo, también participó en 2 grandes expediciones carlistas. Entre junio y noviembre de 1836 formó una parte de la tropa que arrasó Andalucía y tomó Córdoba. Y entre mayo y octubre de 1837 intervino en la Expedición Real, una incursión militar encabezada personalmente por Carlos V. Cabrera llegó a las puertas de la capital española al frente de la vanguardia del ejército insurgente. La capital estaba desguarnecida, indefensa, solo faltaba la orden del pretendiente para su ocupación. El perplejo Carlos V no llegó a pronunciarla. Los expedicionarios dieron media vuelta y emprendieron una sorprendente retirada.

Durante la primavera de 1839, Cabrera domina el Maestrazgo con puño de hierro. Controla un extenso territorio que engloba total o bien parcialmente las provincias de Teruel, Castellón, Tarragona, Valencia y Cuenca. Lidera un ejército especialista y disciplinado, compuesto durante más de 25.000 hombres.

Cabrera fue conocido como el Tigre del Maestrazgo por su ferocidad con el contrincante

Eso no evita que, el 31 de agosto de ese año, el general carlista Rafael Maroto firme el Convenio de Oñate, que acepta la derrota total de las tropas carlistas y disuelve su ejército del Norte. Todo se hace sin la autorización de Carlos V. La liturgia va a pasar a la historia como ‘El abrazo de Vergara’ y supuso una rendición carlista. Cabrera jamás admitió el tratado, quedando como el último general al servicio de la causa del pretendiente.
Desde entonces se encarará a todo el ejército gubernativo, liberado de otros frentes. O’Donnell asiste al Maestrazgo al frente de 80.000 hombres. La desigualdad es excesiva. Sin embargo, Cabrera extiende la lucha hasta mayo de 1840, cuando cae gravemente enfermo, y los liberales toman Morella. Todo está perdido. El seis de julio, Cabrera y 6 de sus batallones cruzan la frontera francesa. La Primera Guerra Carlista ha terminado.

Wentworth Estate, donde vivió Cabrera con Marianne Catherine Richards en U.K.

Wentworth Estate, donde vivió Cabrera con Marianne Catherine Richards en O bien.K.
(© Copyright Mike Smith)

Ramón Cabrera asimismo participó en la Segunda Guerra Carlista, iniciada en 1847, mas intervino poco en el Maestrazgo. Acabado el enfrentamiento se exiló en Inglaterra, donde contrajo matrimonio con Marianne Catherine Richards, heredera de una enorme fortuna. Vivió en Wentworth, cerca de la ciudad de Londres, hasta su muerte en 1877.
El siglo XIX de España no se comprende sin el Tigre del Maestrazgo. Grandes escritores de la temporada lo incorporaron a sus obras, como Benito Pérez Galdós (La campaña del Maestrazgo, Coalición Editorial, 2006), Miguel de Unamuno (Paz en la guerra, Editorial Cátedra, 1999) o bien Pío Baroja (Los cómplices valientes, Editorial Costoso Raggio, 1981; y La venta de Mirambel, Editorial Costoso Raggio, 2019).

Cabrera, ya retirado, vivió en Inglaterra hasta su muerte en 1877

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