“¿Cómo vamos a impactar positivamente a un billón de personas en los próximos años?”, se preguntan desde la Singularity University, cuna del conocimiento en Silicon Valley.
Porque mil millones, uno a uno, son el número de seres humanos que continua sin disponer de acceso a electricidad en el 2019. Otra cifra alarmante: seis millones de personas fallecen cada año por las consecuencias de la contaminación. Hay más datos. Como también soluciones para resolver estos problemas. Por ejemplo, el impulso de las energías renovables.

El coste de la energía solar ha disminuido un 350% en los últimos 40 años

La humanidad se enfrenta a uno de los mayores retos de su historia: mitigar los efectos del cambio climático. “Estamos en una fase realmente disruptiva”, apunta Ramez Naam, catedrático y decano en Energía, Tecnología e Innovación de la Singularity University. E “histórica”, subraya. Por primera vez, la construcción de instalaciones solares y eólicas se acerca al punto de convertirse en más barata que las operaciones en plantas de gas y carbón. Algunas previsiones, como las de la consultora McKinsey, apuntan que esto ocurrirá antes de 2020 en países como Estados Unidos, Alemania o España. En regiones emergentes, como China o India, se producirá antes del 2030.

Los cambios siempre infunden respeto. A veces cuesta creerlos. “En el futuro tendremos energía abundante y barata para todos”, incide Emili Rousaud, CEO y fundador de Factor Energía. Y apunta a España como país “óptimo” para la generación de energía renovable. Fuentes como el sol o el viento, en su opinión, son “imparables”. Naam refuerza el mensaje de Rousaud ante el miedo al cambio con una cita de Ahmed Zaki Yamani, exministro de Recursos Petroleros y Minerales de Arabia Saudí. “La edad de piedra no acabó porque el mundo se quedara sin piedras, ni la edad del petróleo finalizará porque nos quedemos sin petróleo”.

Mckinsey apunta que el ‘sorpasso’ en precios de las plantas renovables las de gas y carbón será antes de 2030

En un encuentro organizado por Factor Energía con motivo de su vigésimo aniversario, Naam nos situó en la tercera fase de las energías limpias: la disruptiva. Allá por 1980 –explicaba– las renovables eran dependientes de las ayudas públicas y del impulso de políticas de estado, siendo más caras que las fuentes existentes. En una segunda fase, sin embargo, la tendencia cambió para comenzar un período lento de competitividad en precios que desemboca en la era actual, marcada por la creciente capacidad productiva y la caída imparable de lo precios de la energía eólica y solar que el tecnólogo egipcio iluminó solo con algunos datos significativos: el precio de la eólica ha pasado de 57 centavos el kilovatio/hora a 4 en Estados Unidos en menos de treinta años.

En Marruecos ha bajado hasta los 2,8 centavos el kWh, y en Brasil hasta los 2 centavos. Este descenso de los precios ha viajado en paralelo al incremento de la capacidad de producción mundial, que en el 2008 se situaba en los 120 gigavatios y diez años más tarde ya era de 600 GW. Naam insistió en las continuas mejoras tecnológicas que han derivado en aerogeneradores más grandes y con turbinas mejor preparadas para captar una mayor cantidad de viento.

La emergencia del autoconsumo abre la puerta a un abaratamiento de la energía sin precedentes

El viento seguirá, pues, soplando con fuerza en la transición energética. Pero se aleja de la tierra para conquistar el mar, donde la potencia para generar electricidad puede ser el doble que en tierra. En España el primer aerogenerador marino, u offshore, tiene nombre –Elisa– y se ha instalado en Gran Canaria. En Europa son ya varios los proyectos en marcha sin ayudas gubernamentales, con unos costes muy similares a los propios de las plantas onshore. Según los datos de la Asociación Europea WindEurope, la potencia eólica offshore instalada en Europa superaba los 178.500 megavatios en 2018, cuando una década atrás la cifra no alcanzaba los 500 MW.

El sol tiene un comportamiento similar. El coste de la energía solar ha pasado de 77 dólares por kilovatio/hora en 1977 a 0,2 dólares en el 2019. En Abu Dhabi, capital del séptimo país con más reservas de petróleo –98 mil millones de barriles de crudo al año–, el coste del kWh de energía solar es de 2 centavos de dólar. Estados Unidos, otro de los grandes productores de petróleo, el precio ha disminuido drásticamente en los últimos 10 años, mientras que en España el precio se situaba en 4 céntimos/kWh. En este sentido, España parte con ventaja respecto países de Europa por sus altos niveles de radiación solar. A nivel mundial se prevé que la capacidad productiva de energía solar se multiplique por mil en las próximas dos décadas.
Otro de los grandes desafíos es el almacenamiento de grandes cantidades de energía. Una de las tecnologías más desarrolladas, las baterías de ion litio, cuesta un 85% menos que en los últimos años, y Naam augura un descenso aún más marcado. Mientras tanto, baterías de silicona, de grafito o de protones surgen para convertirse en alternativas más limpias, ecológicas y económicas.

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