Un arsenal tecnológico para proteger el patrimonio cultural


España puede presumir de ser uno de los países con mayor Patrimonio Mundial de la Humanidad. En concreto, cuenta con 49 lugares así reconocidos por la Unesco, una cifra solo superada por Italia, China y Alemania. Además de estos emblemáticos emplazamientos, existen miles de joyas arquitectónicas repartidas por la geografía nacional que suelen pasar inadvertidas, pero que tienen igualmente un gran valor. Para que este ingente acervo que conforma nuestro patrimonio histórico perviva a lo largo de los siglos son esenciales los trabajos de conservación y restauración, en los que, sin olvidar el factor humano, la aplicación de la tecnología va abriéndose paso. Centros tecnológicos, empresas y universidades españolas ya trabajan en diferentes soluciones innovadoras para la salvaguarda

 de los monumentos.

El Instituto Tecnológico Metalmecánico, Mueble, Madera, Embalaje y Afines (Aidimme), por ejemplo, ha desarrollado un sistema de sensores inalámbricos que monitorizan estructuras de madera en edificios históricos. «Detectan variaciones de humedad y si hay presencia de hongos xilófagos, termitas o carcoma. Para ello utilizan unos algoritmos de inteligencia artificial que comparan secuencias de datos y lanzan alarmas si detectan anomalías», explica el jefe de Tecnología y Biotecnología de la Madera de Aidimme y responsable del área de I+D de Construcción en Madera, Miguel Ángel Abián. Se trata de un sistema preventivo que identifica las alteraciones antes de que la degradación esté demasiado avanzada.

«La principal ventaja es la económica porque cualquier intervención en una estructura de madera es muy costosa», dice. Para hacerse una idea, los daños que ocasionan las termitas en Europa tienen un coste, por reparaciones y tratamientos, de unos 730 millones anuales de euros. Y es una preocupación creciente. «El cambio climático -dice Abián- hace que las termitas estén desarrollándose en lugares tradicionalmente fríos donde antes no podían sobrevivir. Nuestro sistema permite detectarlas de una forma precoz, antes de que causen ningún daño». Otro beneficio es la rapidez de respuesta. «Hay partes de estructuras que son de muy difícil acceso y se tienen que utilizar soluciones tecnológicamente avanzadas», incide el experto.

Miguel Ángel Abián muestra uno de los sensores en el Mercado de Valencia

Esta invención ‘made in Spain’ ha atraído la atención de instituciones como el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad de Melbourne. «Nos pidieron documentación sobre el sistema y posibilidades de colaboración», comenta Abián. Por ahora, los sensores se han instalado en lugares como la Catedral de Valencia y el Mercado Central, la Catedral de Palencia, en inmuebles con interés patrimonial de Ávila y, dentro de una iniciativa de ciudades inteligentes, en Palma de Mallorca. «Es un sistema muy versátil que se puede integrar en seguida con plataformas de ciudades inteligentes», añade.

Anticipar problemas

Los centros académicos también están dedicando esfuerzos a facilitar la toma de decisiones que afectan a la conservación preventiva del patrimonio, como desmuestra el proyecto Ark-Risk, coordinado por la Universidad Pablo de Olavide (UPO) y en el que participan siete universidades (nacionales y extranjeras), así como el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico y el Instituto Valenciano de Conservación, Restauración e Investigación.

Su propuesta es el desarrollo de una herramienta que evalúa los riesgos del patrimonio cultural. «Al buscar un monumento, el programa coje las coordenadas y tira de una serie de sistemas de información geográfica a través de los cuales indica los riesgos de esa zona asociados a terremotos, inundaciones o cambios importantes de temperatura. A partir de ahí hace falta la inspección por parte de un experto. Una vez que ha valorado una serie de parámetros, el software, a través del modelo de inteligencia artificial que utilizamos y de haberle preguntado antes a otros muchos expertos, da un valor del riesgo de ese edificio en función de la zona, el medio ambiente y la vulnerabilidad», expone Pilar Ortiz, profesora de la UPO e investigadora principal del proyecto.

Art-Risk, Inteligencia Artificial Aplicada a la Conservación Preventiva, fue reconocido con los Premios del Patrimonio Europeo/Premios Europa Nostra 2021

«El hecho de saber cuáles son los riesgos que afectan al patrimonio evita las intervenciones de urgencia y permite que sean más sostenibles», señala Ortiz. El software, de carácter gratuito y disponible ‘online’, se ha utilizado tanto en España como en Iberoamérica por organismos públicos, según la investigadora.

Esta iniciativa, iniciada en el curso 2015-2016 y en la que la parte española concluyó el año pasado, tiene su continuación en el proyecto Fenix. «Estamos trabajando con satélites para añadir más información al software que desarrollamos, en concreto, haciendo los códigos temporales de los últimos años para ver cómo el cambio climático afecta a los monumentos», adelanta Ortiz.

El ámbito de la restauración tampoco es ajena a la ola disruptiva, aunque extrema las precauciones. «Cuando hablamos de patrimonio cultural lo hacemos de bienes únicos, que hemos decidido como sociedad que deben ser conservados por su valía para su disfrute ahora y por futuras generaciones. Es por su singularidad que debemos ser especialmente cuidadosos y al igual que las intervenciones, que deben seguir criterios universalmente aceptados, las nuevas tecnologías a incorporar en este campo deben ser conscientes y consistentes con los criterios y metodología para actuar en ellos, como reversibilidad, compatibilidad, etc. en función de cada caso», explican desde la empresa española Kalam, fundada en 1987 y especializada en rehabilitación de edificios y restauración de patrimonio.

Un avance que usan desde hace años (están homologados para ello) es el láser para la limpieza de soportes que requieren un tratamiento particularmente delicado, sin ningún tipo de efecto térmico o mecánico, preservando así la integridad del substrato: «Hemos utilizado esta tecnología con nuestros equipos propios en diversas intervenciones. Por ejemplo, en la limpieza de elementos ornamentados de piedra de la torre de La Giralda (Catedral de Sevilla); en las labores de conservación de los elementos pétreos del claustro de la Catedral de Tudela; o en las superficies de madera de la sillería del coro de estilo gótico flamígero y tallado en madera de nogal de la Catedral de Plasencia». La tecnología por sí sola no basta, así que resaltan la importancia de que, en todos estos casos, los trabajos sean realizados por restauradores con la formación adecuada.

Restauración de la sillería de la Catedral de Plasencia, llevada a cabo por Kalam, que entre otros trabajos incluyó la limpieza con láser

La firma también recurre a nuevos productos que mejoran el comportamiento de los materiales, como los que utilizan nanotecnología. «Permiten la transpirabilidad, son transparentes, tienen una alta resistencia al UV, gran durabilidad y no reaccionan con el sustrato donde se aplican», aseguran. Y ponen el foco en que «tan importante es incorporar nuevas tecnologías como conservar las técnicas y conocimiento tradicional y/o artesano».

Del empleo de tecnología al patrimonio también se ocupan startups como la gallega Navia 3D, que emplea fotogrametría, diseño 3D, impresión 3D, realidad virtual y aumentada para desarrollar soluciones visuales e interactivas para ámbitos como el patrimonio y la arquitectura.

Rita Pérez, cofundadora de la startup gallega Navia 3D, es virtualizadora de patrimonio y arqueóloga analítica

«Con la fotogrametría, por ejemplo, obtenemos copias idénticas a los elementos para así realizar una valoración de su estado, tomar decisiones y tener una referencia ante posibles casos de degradación del original», subraya Rita Pérez, cofundadora de la empresa. Esta tecnología la aplicaron con éxito, entre otras, en la Iglesia de Santo Domingo de Ribadavia (Orense). Tal y como destaca Pérez, «además de facilitar el análisis, crear planos y efectuar cálculos con mucha más rapidez, permitió a los arquitectos implicados en un proyecto de conservación y restauración de la misma optimizar su trabajo».

A pesar de que existen iniciativas llamativas, desde Hispania Nostra, asociación sin ánimo de lucro de utilidad pública que tiene como fin la defensa, salvaguarda y puesta en valor del patrimonio cultural y natural de España, creen que queda camino por recorrer. «Siendo uno de los países europeos con más patrimonio, es el que menos cuidado lo tiene. Y en el tema tecnológico estamos en el mismo nivel, prácticamente inexistente», lamenta Juan Ayres, miembro de la Junta Directiva.

Una de las debilidades que arrastra nuestro país, dice, es que «la aplicación tecnológica al patrimonio viene de la mano de las inquietudes de personas en particular, pero no existe ningún vínculo de unión ni Silicon Valley al respecto». En esta línea, echa en falta mayor apoyo por parte de la Administración Pública, sobre todo para el patrimonio vulnerable de la España vaciada que «se encuentra a punto de desaparecer y no recibe nada ni está en ningún plan».

En ese patrimonio que, si no se hace nada, morirá en los próximos años es, precisamente, donde cree que la innovación produciría mayores resultados. «La tecnología puede hacer un poco sobre el patrimonio que ya está puesto en valor, pero puede hacer infinito por el patrimonio que no lo está», recalca. «A ver si a la sombra de los fondos europeos podemos dar lugar a una dinamización territorial de la España vaciada para poner en valor todo su patrimonio y generar alrededor una serie de negocios que mayoritariamente debieran estar vinculados a temas tecnológicos», concluye.


Fuente: ABC.es .

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