tras los huesos de la batalla de Roncesvalles


«Mala la hubisteis franceses, en esa de Roncesvalles», canta un famoso romance sobre aquella legendaria batalla que se libró el 15 de agosto del año 778. Carlomagno regresaba con sus huestes de su fracasada expedición a Zaragoza cuando su retaguardia se vio sorprendida en el Pirineo navarro por un grupo de vascones, tal vez apoyados por musulmanes. Aquella histórica escaramuza que inspiró ‘La Chanson de Roland’, el cantar de gesta más antiguo de Francia, aún se recuerda en los parajes que se cree que fueron su escenario. En el alto de Ibañeta, un monumento de piedra rememora a Roldán, el sobrino de Carlomagno que perdió la vida en la emboscada, y en los jardines de la Real Colegiata de Santa

 María de Roncesvalles se alza un monolito con relieves que conmemora la humillante derrota del Ejército carolingio. Hasta la fecha no se ha encontrado ninguna evidencia material de la célebre batalla, pero quizá, explica el arqueólogo Fran Valle de Tarazaga, aún podría hallarse en el enclave más antiguo de este conjunto monumental.

Junto a su compañera de la empresa
Aditu Arkeologia
Emma Bonthorne, Valle de Tarazaga dirige desde 2019 las excavaciones en el llamado Silo de Carlomagno, una extraña cripta situada bajo la capilla del Espíritu Santo y utilizada desde siempre como lugar de enterramiento. Antes incluso de que se construyera el pequeño claustrillo que la rodea y donde hoy descansan los que mueren en este pequeño pueblo de apenas 20 habitantes.

El Silo de Carlomagno, junto a la pequeña iglesia de Santiago

De 8,80 por 8,60 metros de lado y una profundidad comprobada de al menos 10 metros, esta tétrica cavidad está desvelando capa a capa el pasado de este ancestral paso de los Pirineos donde en la primera mitad del siglo XII se levantó un hospital para atender a los peregrinos que caminaban a Santiago de Compostela.

Los arqueólogos han descendido hasta los cinco metros y por ahora ese agujero subterráneo sigue siendo «una construcción artificial» que, según este arqueólogo, «es anterior a la capilla del Espíritu Santo» del siglo XII que se yergue encima. En sus investigaciones se han percatado de que, adosada al oratorio, pervive una pared sur aún más antigua. «Existía un edificio del que solo sobrevive esa pared y nos dice que el silo es anterior a la estructura de la capilla», explica.

Una pareja de arqueólogas en el Silo de Carlomagno

Aunque es posible que esta cripta de enterramiento date del momento en que se fundó el hospital de la Colegiata de Roncesvalles, para Valle de Tarazaga «no tiene mucho sentido» que se construyera una estructura «tan gigantesca» como lugar de sepultura de un hospital de peregrinos y pobres. «Es muy sorprendente -dice- y si no se construyó para eso y se realizó antes… ¿por quién? ¿Para qué? Ahí empieza ya el terreno de la leyenda».

Monolito en Roncesvalles

Una antigua tradición cuenta que el silo fue edificado por orden de Carlomagno para enterrar a los francos muertos en la batalla de Roncesvalles. «Quién sabe», dice el arqueólogo de Aditu sin descartar ninguna opción, «una vez lleguemos a vaciarlo por completo, lo comprobaremos». Si llegan a corroborar que el silo predata a la fundación de la Colegiata, «ya no estamos en una cronología muy alejada», añade. Y si comprueban que el silo existía en el siglo VIII, «incluso aunque este lugar no estuviera relacionado con la batalla, algún resto podría haber».

A Fran Valle de Tarazaga la posibilidad de aportar algo de verdad arqueológica a un acontecimiento histórico tan revestido de leyenda le estimula. «Si encontrásemos alguna evidencia material sería de mucha relevancia porque la batalla de Roncesvalles es uno de esos eventos que conforman la Historia de Europa, pero del que no nos ha quedado nada tangible». No lo considera algo tan descabellado. «Para mí es una posibilidad muy real», dice.

«Si encontrásemos alguna evidencia material sería de mucha relevancia porque la batalla de Roncesvalles es uno de esos eventos que conforman la Historia de Europa, pero del que no nos ha quedado nada tangible»

La antigüedad del silo incluso podría remontarse aún más en el tiempo. A unos seis kilómetros, en Burguete, otros arqueólogos están excavando una ‘mansio’ romana de la vía que iba de Astorga a Burdeos y que pasaba por Roncesvalles. «Es muy probable que los romanos tuviesen algún tipo de estructura por aquí para facilitar el cruce pirenaico», sostiene Valle, que no descarta la hipótesis de la antigüedad más remota del silo, que conecte con la época clásica.

Hasta que no desciendan hasta el fondo de este profundo cementerio, no podrán saberlo y por ahora su trabajo, entre miles de huesos, avanza con una lentitud que a veces resulta «exacerbante». Dentro de esta estructura todo, absolutamente todo, ha sido colocado por la mano del hombre y deben retirarlo con muchísimo cuidado, documentándolo al detalle.

18 esqueletos y 350.000 huesos

En la última campaña de este verano han trabajado a casi 5 metros de profundidad, pero no empezaron de cero. Desde 2019 han excavado tan solo 1,30 metros, pero en este corto espacio han recuperado 18 esqueletos completos y más de 350.000 huesos y fragmentos óseos humanos. Los han inventariado, identificado y los han ido asociando a las camas de enterramiento para estudiar la incidencia de enfermedades o de violencia en cada periodo histórico. «Incluso los huesos desarticulados nos cuentan una historia de prácticamente todo el que pasó por Roncesvalles y no salió de allí», señala Valle de Tarazaga.

Emma Bonthorne junto a uno de los esqueletos hallados

En la renovación de la capilla en 1978 se quiso ganar espacio y se eliminó una capa de huesos, por lo que los arqueólogos de Aditu no han descubierto restos de la Guerra Civil ni de las guerras carlistas. Tras retirar los más recientes, volcados entre 1978 y 2019, la cronología saltaba directamente a 1830. Desde ahí, la enorme cantidad de restos hallados de las guerras napoleónicas y, sobre todo, de la Guerra de la Convención que enfrentó a España con la Francia revolucionaria entre 1793 y 1795, ha ralentizado su marcha. «Pensábamos que este año bajaríamos hasta capas de la Edad Media, pero nos hemos encontrado con más fosas que acumulan enterramientos múltiples y que reflejan una gran mortandad por ambas partes», comenta Tarazaga.

De este convulso periodo se han topado, por ejemplo, con un amontonamiento de cuerpos de soldados franceses que participaron en la batalla de Roncesvalles de 1813 y que fueron arrojados a este agujero y quedaron «como picassos, en unos escorzos imposibles», pero también evidencias de que en el hospital de Roncesvalles se realizaban avanzadas prácticas médicas, como una trepanación.

Un soldado del Nº1 Inmemorial del Rey

Aunque los pacientes que allí fallecían son difícilmente identificables porque en el hospital se les entregaba una camisola y los canónigos solían enterrarlos con sencillas mortajas, han dado con los restos de un soldado vestido con el uniforme del regimiento de Infantería Nº1 Inmemorial del Rey, muy activo en la zona durante la Guerra de la Convención.
Felipe VI
, Soldado de Honor de este regimiento, se interesó por él cuando visitó Roncesvalles en julio, según recuerda el codirector de las excavaciones. Con la colaboración de un coronel del mismo regimiento en la actualidad están intentando identificarlo.

Botón del uniforme del soldado del regimiento Nº1 Inmemorial del Rey

Ironías de la vida, o como dice Tarazaga, de la muerte, que es más irónica aún, a muy pocos centímetros de este soldado del regimiento español más antiguo hallaron un botón de uniforme de un homólogo de Francia. «Al final, los dos están juntos», constata.

Entre los huesos han encontrado bolas de mosquete, pedernales, fragmentos de mosquetes, bolas de cañón pequeñas, botas militares y botones de varios regimientos franceses que participaron en las guerras napoleónicas o en la de la Convención, así como medallas y monedas de periodos anteriores, como una de 1616.

Una comunidad armada

También han rescatado puntas de lanza que podrían haber pertenecido a los primeros miembros de la comunidad de Roncesvalles. Tarazaga llama la atención sobre el símbolo del lugar, con una cruz en la que el palo vertical es el cayado de un obispo que termina en punta, como una espada. «Roncesvalles no solo era un hospital de peregrinos y pobres, también era una comunidad armada que defendía a los peregrinos y es muy posible que a esos primeros miembros de la comunidad se les enterrara con esas armas».

Punta de lanza

Hasta ahora, la gran mayoría de los restos identificados son de varones en edad militar, aunque han recuperado huesos de un anciano y de un niño que, por el cuidado y la delicadeza en que fue colocado, creen que se trató de un pobre al que enterraron los monjes. «Si eres un soldado y te mandan a ese agujero a oscuras, lleno de muertos, a enterrar cadáveres, quieres terminar lo antes posible y los pones de aquella manera. En cambio, el niño está situado en posición canónica, este-oeste, con las manos juntas sobre el abdomen y una medalla de san Vicente entre las manos», explica el arqueólogo.

Tal vez en los estratos medievales se topen con otras realidades. En las excavaciones empieza a asomar un incidente del que tienen registro y que les indica que ya están cerca. En el año 1600 se colapsó el claustro de la Colegiata por la nieve y para la construcción del nuevo se exhumaron las tumbas que allí había y se vaciaron los huesos en el silo. «Debajo de estas capas de enterramientos del siglo XVIII nos está saliendo todo un nivel de huesos desarticulados que estamos seguros de que se corresponde con ese volcado de restos humanos de 1600», afirma Valle de Tarazaga.

Una vez pasen ese nivel, cruzarán la frontera y entrarán en la Edad Media, un periodo que confían en que sea menos convulso porque no hay conciencia de que vuelva a haber un enfrentamiento hasta la segunda batalla de Roncesvalles, la del año 824. Esperan encontrar una serie de lechos en los que se combinen restos humanos con capas de tierra y ni siquiera en periodo de guerra los números se asemejarán a la mortandad de la época superintensa que han excavado, por ser las contiendas menos industriales.

«Un sueño arqueológico»

Sus campañas duran casi dos meses y en ellas participan grandes equipos formados por medio centenar de profesionales porque trabajan contrarreloj. Durante siglos, el silo se inundaba con frecuencia, creándose en él un entorno anaeróbico en el que han podido conservarse materiales como maderas o textiles, muy perecederos. Pero desde las últimas obras de hace menos de una década se ha canalizado el agua de las escorrentías y la cripta ha dejado de inundarse. «Si hasta ahora han sobrevivido materiales en niveles medievales van a empezar a degradarse, a desaparecer», advierte el codirector del proyecto de Aditu.

Fecha de la batalla de Roncesvalles en el monumento a Roldán del alto de Ibañeta

«La Historia está ahí, pero la arqueología sólo recupera un fragmento de ella y ese fragmento cada vez se hace más pequeño. Por eso queremos recuperarlo antes de que desaparezca», añade.

Encuentren o no a Roldán o su olifante, el Silo de Carlomagno «es un sueño arqueológico» para Valle de Tarazaga y sus colegas. Quizás al resto de los mortales la idea de sumergirse en una profunda fosa entre cadáveres no resulte precisamente cautivadora, pero «para un arqueólogo, los retos más interesantes son lugares que existen y que evocan momentos como la batalla de Roncesvalles».

«Hay pocos sitios en los que puedas decir que eres arqueólogo y parecer que estás en una película. Este es uno de esos lugares que son mágicos», añade.


Fuente: ABC.es .

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