En solo una semana los efectos del cambio climático y de la inacción de los políticos frente a la mayor crisis medioambiental de la historia se han hecho ver con una virulencia que está comenzando (por fin) a menear conciencias. Gran Canaria ha sufrido el incendio más grave que se recuerda en la isla, con 12.000 hectáreas quemadas y parte del parque de Tamadaba, reserva de la Biosfera, perjudicada. Y la zona amazónica se está devastando a un ritmo sin precedentes: en lo que va de año los focos de fuego se han aumentado un 82% con respecto al mismo periodo del año pasado conforme el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE) y desde hace 20 días se consume el pulmón del planeta frente a la mirada imperturbable de la comunidad internacional. Este último revés climático semeja ser la gota que ha colmado la paciencia de muchos ciudadanos, que ante la carencia de eco mediático han usado sus redes para enseñar su indignación. Twitter y también Instagram pueden ser unas herramientas fantásticas de presión a gobiernos y medios a fin de que actúen frente a la emergencia climática, sí, mas asimismo forman el mejor escaparate de hasta qué punto el activismo ambiental y la preocupación por la destrucción del planeta es mero postureo. ¿Exactamente los mismos que publican en sus perfiles ilustraciones de la Madre Tierra enferma estarían prestos a parar de montar en aeroplano a lo largo de un año, adquirir ropa nueva o bien ver vídeos en «streaming»? Probablemente la contestación sea no. Mas es que hasta el símbolo por excelencia contra el cambio climático, Greta Thunberg, ha sido tildada de «eco-hipócrita». Ahora, que atraviesa el Atlántico en el velero de Pierre Casiraghi, el hijo de Carolina de Mónaco, con rumbo a la cima del tiempo que se festejará en la ciudad de Nueva York, se comienza a dudar de que su causa sea extraña a intereses de tipo económico. ¿Y si exactamente la misma que está presta a padecer una aventura marítima en un navío cero contaminante fuera una herramienta del lobby de la energía para multiplicar sus beneficios? La patraña de Greta Esa es la versión que maneja el diario «The Times», que en un extenso artículo firmado por Dominic Green advierte: «El fenómeno Greta asimismo ha implicado a lobistas verdes, relaciones públicas, eco-académicos y a un conjunto de especialistas fundado por una rica ex- ministra socialdemócrata de Suecia con vínculos con las compañías de energía del país. Estas se preparan para la mayor bonanza de contratos gubernativos de la historia: la ecologización de las economías occidentales. Greta, lo sepan o bien no y sus progenitores, es la cara de su estrategia política», advierte el cronista. Curiosamente, el perfil de Instagram de esta joven activista es la que aconsejan continuar los duques de Sussex. Cada mes, Harry y Meghan dedican su cuenta a un tema que les preocupa y julio lo centraron en el cambio climático. «Solamente ahora estamos empezando a apreciar y entender el daño que hemos estado ocasionando. Con prácticamente siete con siete billones de personas habitando en esta Tierra, cada elección, cada huella, cada acción marca una diferencia», escribían semeja que no demasiado persuadidos, pues no han dudado en usar un par de veces en una semana un jet privado para sus vacaciones al sur de Francia y a Ibiza. Unos viajes que conforme la BBC emitieron nueve con cuatro toneladas de CO2 a la atmosfera. Mas los que critican a la pareja, quizás deberían aplicarse asimismo en coger menos aeroplanos, o bien sencillamente decantarse por parar de volar. Alguien que viaja de la ciudad de Londres a N. York produce exactamente las mismas emisiones que un europeo al calentar su casa a lo largo de un año entero, conforme la Comisión Europea. Con lo que para no caer en la «eco-hipocresía», 2 suecas han lanzado una campaña que anima a los ciudadanos de su país a parar de volar a lo largo de por lo menos un año. Alemania, aun, se ha planteado limitar los vuelos mientras que la industria de la aviación ya ha advertido de los trabajos que se podrían destruir si prosperan estas ideas…. Si de veras se quiere conservar la salud de la Tierra, los «instagramers» (y sus seguidores) asimismo deberían servir de ejemplo y, en lugar de instruir 4 modelos diarios, apostar por las marcas sustentables o bien por la reutilización de prendas. La industria de la moda es, conforme la Organización de la Naciones Unidas, la segunda más contaminante tras la petrolífera. Basta un dato: para cultivar, procesar y teñir un kilogramo de algodón, con el que se pueden elaborar más o menos 5 camisetas, se gastan nada menos que 13.000 litros de agua. Para ser un buen eco activista: mejor parar de ir de tiendas que darse duchas cortas. Y no tener a Rosalía como un símbolo a continuar, A la vocalista catalana le chifla los abrigos de la marca danesa Saks Potts, elaborados con piel de cordero y forro de poliéster, un material que tarda en descomponerse nada menos que 200 años. Puede ser igualmente incongruente, para la Generación Z tan preocuada por el medio ambiente, loar a esta «celebritie» allá por donde pisa, que tener 4 pares de zapatillas en el guardarropa y levantar la pancarta de «No hay planeta B» en las manifestaciones del «Friday for Future» promovidos por Greta Thunberg. Asimismo deberán estar prestos a limitar el consumo de series. Conforme explica el estudio de Greenpeace, «Clicking Clean: How Companies are Creating the Green internet», los servidores que guardan la información de internet están impulsados por electricidad, que por su parte está producida por comburentes fósiles contaminantes como el gas natural y el lignito. «Si Internet fuera un país, sería el sexto más contaminante del mundo», asevera el informe. Más datos para dejar de consumir «Juego de Tronos» sin freno y decantarse por un libro si lo propio es el eco activismo: ver vídeos en «streaming» supone la emisión de 300 millones de toneladas de CO2 a la atmosfera todos los años, conforme una investigación de la asesora francesa The Shift Project. De estas emisiones, una tercera parte son ocasionadas por plataformas como Netflix o bien HBO. Otro tercio proceden de la visualización de vídeos pornos, con lo que tampoco es una actividad «eco-friendly». El transporte contamina más A propósito, para los «foodies» de Instagram, mucho se afirma de lo que contamina la producción de carne: se ha llegado a cotejar con la industria del transporte en concepto de polución, cuando la verdad es que esta industria es responsable del 28% de los gases de efecto invernadero y la ganadería de un irrisorio tres con nueve%, conforme la Agencia de Protección Ambiental de EE UU. Mas, ¿quizás se han parado a meditar que el consumo de aguacate, el «super alimento» de tendencia, asimismo deja una enorme huella hídrica? Para generar un kilogramo hacen falta nada menos que dos.000 litros de agua, 10 veces más que lo que precisan los tomates. Ahora, y con los datos, en la mano, cada uno de ellos va a poder seleccionar si ser coherente con lo que predica en las redes y lo que hace en su vida rutinaria. O bien, al contrario, transformarse en un «eco-hipócrita» a la altura de Leonardo DiCaprio. El actor de Hollywood más comprometido con el planeta, voló prácticamente 13.000 quilómetros en su jet privado, de Cannes a N. York, para recoger un premio por su activismo. Sumado a sus excursiones en su yate, el quinto más grande del planeta. ¡Qué bastante difícil es ser rico y ecologísta al unísono!

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