El Partido Popular vasco resolvió el día de ayer el percance de las críticas recibidas por la parte de la portavoz popular en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo. «Habrá tomado nota» es la conclusión, tras sostener la convención de este fin de semana, que clausuró el sábado Pablo Casado. El «habrá tomado nota» menciona al apoyo recibido por la parte del líder nacional, si bien no le quedaba otra si no desea que el choque con su portavoz se transforme en una crisis interna de mayor alcance en vísperas, como todo señala, de otra campaña electoral. El percance tiene recorrido pues muestra la tensión que prosigue produciendo en el Partido Popular la estrategia de futuro. Como los recelos con lo que representa parte del «núcleo duro» de Casado. No desean que el Partido Popular se instale estratégicamente en su alegato ni que trabaje por recobrar el perfil más conservador y «más caspa» del «aznarismo», sentencian. Y con esto relacionan ciertos movimientos que se están generando en las últimas semanas. Por el momento, Casado se ha limitado a transformar en eje de su alegato el proyecto de unidad del centro-derecha bajo la pancarta de España Suma. En esto ha volcado sus energías desde finales del verano hasta el momento. Mas en el Partido Popular observan con otra perspectiva los movimientos de Génova y comienzan a escucharse voces críticas con el estrellato y el mando de la portavoz parlamentaria. La gestualidad afirma mucho, mas en un caso así coinciden además de esto las formas y el fondo. «Pablo ya tiene su Soraya», comentan, en referencia a la portavoz en el Congreso. La ex- vicepresidenta del Gobierno amontonó asimismo recelos y animadversión en su capacitación, que fueron a más conforme retenía poder bajo la sombra de Rajoy. Aunque, de base, hay una diferencia substancial entre las 2, Sáenz de Santamaría asimismo fue portavoz en el Congreso. Esta última fue haciéndose con cargos y autoridad por resolución de Rajoy, mas públicamente se cuidó siempre y en toda circunstancia de aparecer como su «número dos» fiel y prudente. Sin ambición, teóricamente, por quitarle estrellato. Las tornas han alterado y a la nueva portavoz en el Congreso ya le echan en cara que desee «mandar más que Casado» y que «busque siempre y en toda circunstancia tener el papel primordial en la foto». El inconveniente se centra en su figura pues es la que tiene más recorrido mediático y por las riñas provocadas por los «muertos» que ha dejado en el camino la renovación desarrollada por Génova. Mas el inconveniente, alén de símbolos, radica eminentemente en la discusión sobre dónde debe posicionarse el nuevo Partido Popular en el obligado proceso de refundación de la derecha para ser de nuevo una alternativa de gobierno nacional. Ciertos barones tiran de la cuerda y Génova asimismo. Los últimos cambios en la dirección nacional han recolocado a las voces más «progresistas» o bien «moderadas», como Javier Maroto, ahora portavoz en el Senado, o bien Andrea Levy, concejal de Cultura en el Municipio de la capital española. Sus actuales responsabilidades les distancian de ser en el cada día los representantes de la estrategia política de Casado. Y ese espacio lo ha ocupado en su totalidad Álvarez de Toledo. Maroto y Levy eran la cara opuesta a Vox. Siempre y en toda circunstancia se han significado por su combate a la corrupción, sin morderse la lengua en la etapa de Rajoy en el momento de marcar distancias con los casos que debió administrar el PP; y en materia social han sido siempre y en toda circunstancia portaestandartes de la igualdad y de un alegato respetuoso con el ideario de partido, mas sensible con la evolución social. Los nuevos portavoces del PP de Pablo Casado dan réplica al alegato de Vox, mas para cancelarlo no por oposición, sino más bien en ciertos casos por hacer de caja de resonancia de ciertas cuestiones que el partido de la ciudad de Santiago Abascal ha transformado en sus mantras de referencia. La estrategia semeja dirigida a procurar cancelarlos por complicidad. Y esto se hace a costa de mover a la sensibilidad más centrista que prosigue existiendo en el partido y en buena parte del electorado popular. Desde Génova se justifican en que sencillamente es «táctica para ocupar espacios abandonados». La contestación fuera de ese núcleo duro de Pablo Casado es que el partido volverá a confundirse, como ya hizo en las últimas elecciones generales, si se deja cegar por los cantos de sirena de los «peones» del ex- presidente del Gobierno José María Aznar. El ex- presidente participó en la campaña de las elecciones generales de abril. Tras los malos resultados, un trastazo histórico, se desvaneció en la campaña de las autonómicas y municipales. Con el horizonte de unas nuevas elecciones en el mes de noviembre, en el partido ya especulan sobre si Casado volverá o bien no a dar alas a Aznar. Una campaña sin ex- presidentes y centrada en el nuevo líder del partido evitaría tensiones. Si bien si Mariano Rajoy solicita hacer campaña en Galicia, el «jefe» de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, le va a hacer hueco en la agenda. Y si Aznar hace lo mismo con Casado, es bastante difícil que este se atreva a negarle un lugar.

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