De unos años a esta parte, nos hemos habituado a vivir con las cámaras de seguridad. Tanto, que ni tan siquiera reparamos en su presencia. Si sale de casa, y queja una vuelta por el centro de su urbe, probablemente se sorprenda con la cantidad de dispositivos de esta clase anclados a las testeras. Ahora, merced al desarrollo de la tecnología, ciertos paises han decidido dar una paso más y incorporarles un software de reconocimiento facial con fines de vigilancia. Algo que ha generado una esencial polémica debido a sus implicaciones morales y legales.

«Teniendo en cuenta el desarrollo de la tecnología, es muy normal que se emplee. Mas esto no quiere decir que sea necesariamente bueno. Hay un inconveniente de reflexión. Vemos que el reconocimiento facial se está empleando, en ciertos casos, para controlar a la población. Singularmente en lugares donde no hay derechos reconocidos», afirma a este diario Ofelia Tejerina, letrada y presidente de la Asociación de Navegantes.

«Hay un inconveniente de reflexión. Vemos que el reconocimiento facial se está empleando, en ciertos casos, para controlar a la población»

Ciertamente, esta tecnología se está asentando con sencillez. «Smartphones», como el iPhone X y 11 o bien el Samsung Galaxy S20, dejan su empleo para prosperar la seguridad del dispositivo. Lo mismo ocurre con entidades, comercios o bien redes sociales como Fb. Aun las compañías automovilísticas trabajan para adoptarla, al lado del reconocimiento de voz, en sus futuros automóviles. Hasta acá, todo adecuado. No obstante, cuando se emplea en espacios públicos con fines de vigilancia, ¿qué ocurre si falla o bien se le da un empleo erroneo?

«Ante un fallo del software de reconocimiento, que podría acontecer, el usuario tendrá realmente difícil probar que no estaba ahí. Asimismo hay que saber quien tiene acceso a esa información y para qué exactamente la va a emplear. Si hubiera una brecha de seguridad, y alguien la empleara para hacer ver que estaba en un lugar, puede resultar asimismo realmente difícil probar lo opuesto. Por otro lado, si esa tecnología cuenta con mecanismos para reconocer las emociones y también pretensiones de los ciudadanos, nos hallamos ante otro inconveniente. ¿Qué ocurriría si se utilizase esa información para efectuar publicidad electoral? La manipulación del ciudadano sería considerablemente más simple con esos datos», explica Tejerina.

Monitorización social
La preocupación por el empleo de esta tecnología no es inmotivada. Singularmente, si atendemos al empleo que se le da en países como China. «Existe un enorme peligro de que el Estado [chino] pueda emplear estos datos para sus fines como la vigilancia, el seguimiento de disidentes políticos, el control de la sociedad y de la información, como de los perfil étnicos o bien, como en el caso de los uigures en Xinjiang, aun para implantar un sistema vigilancia policial predictiva», explicaba hace unos meses en declaraciones a AFP Adam Ni, estudioso de China en la Universidad Macquarie de la ciudad de Sydney (Australia).

Alén del estado asiático, la policía de la ciudad de Londres (R. Unido) ha avanzado su pretensión de utilizar cámaras con reconocimiento facial en sus tareas de vigilancia de criminales. Por su parte, el reciente descubrimiento de un software que empleaba el FBI estadounidense ha vuelto a poner de relieve la carencia de una regulación más pormenorizada en esta materia. Desarrollado por una «startup» ignota llamada Clearview IA, su objetivo es el reconocimiento facial de posibles criminales. En un caso así, una sola fotografía es más que suficiente para acceder a un banco de tres.000 millones de imágenes.

Falta de regulación
Estos casos de ejemplo han llevado a la Comisión Europea a pensar la posibilidad de prohibir a lo largo de 5 años su empleo con fines de identificación en lugares públicos. No obstante, conforme adelantaba hace algunos días «Expansión», Bruselas ha terminado optando por dejar a cargo de los estados miembro la posibilidad de adoptarla o bien limitarla. Con independencia de lo que ocurra, los juristas resaltan la relevancia de que el empleo se regule particularmente. Y es que el reconocimiento facial no solo representa un peligro para el derecho a la privacidad de las personas, sino asimismo choca contra la libertad de expresión reconocida por las constituciones occidentales.

«Es un dato personal que entra en la regulación de la normativa, mas como tiene una característica singular precisa una regulación del mismo modo especial pues ahora es genérica»

«A diferencia de otros mecanismos de seguimiento, con el reconocimiento facial no puedes desconectar tu cara. Si no deseo que me prosigan con el GPS, desconecto la función del móvil. Con la red Wi-fi sucede igual. Mas no puedo apagar mi semblante provisionalmente. Y no puedo ir por la calle con un pasamontañas. Además de esto, el reconocimiento facial es invisible para el usuario con lo que no te percatas de que te hacen un reconocimiento», apunta a ABC Samuel Vid, jurista especialista en derecho digital.

El letrado resalta, además de esto, que en el marco del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) se estima que el semblante es un dato biométrico que identifica a una persona. Algo que implica que es personal, y, por consiguiente sensible: «Es un dato personal que entra en la regulación de la normativa, mas como tiene una característica singular precisa una regulación del mismo modo especial pues ahora es genérica».

Fuente: ABC.es

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