De sonrisa perenne y mucha poquedad sin el casco, Tatiana Calderón (Bogotá, 1993) saca codos cuando se pone el mono y se sube al vehículo. Es la única mujer en Fórmula dos y lucha por mudar esas 2 realidades: desea más mujeres conduzco y desea lograr Fórmula 1. «Ese es la meta. No hay plan B. Jamás lo hubo», sentencia.

Se ha fogueado en la categoría media con resultados distanciados de su potencial, y solicita a los Reyes Magos una segunda ocasión para probar todas y cada una de las lecciones que ha compendiado en este curso del estreno. «Había mucho que aprender. No estoy satisfecha. Mas me ha enseñado muchas cosas que sirven para el futuro, como administrar la frustración de no tenerlo todo ya. A ponerme objetivos realistas que, si bien duelan por el hecho de que siempre y en toda circunstancia aspiras a más, te hacen comprender las posibilidades del coche», explica en su visita a la redacción de ABC.

Destaca que la imagen del conduzco en el vehículo es solo la punta del iceberg de todo cuanto hay detrás. «El tiempo en pista está limitadísimo, solo 6 días a principio de año. Debes manejar cientos y cientos de botones, mientras que te habla alguien por la radio y conduces a más de 300 quilómetros por hora. Y decidir, en el momento en que te pasa todo rapidísimo».

Trabaja la psique con un sicólogo y tiene una esquina en el Pirineo donde prepara la coordinación, la capacidad de reacción y la concentración. «Nos ponemos en situaciones límite que puedan asemejarse a las de estar en un vehículo. En la escalada, por poner un ejemplo, por el hecho de que debes hacer múltiples cosas al unísono, sin mirar abajo, ni lo que falta, ni lo de atrás, solo centrarte en el paso siguiente». Y, como es lógico, asimismo el físico: «Las mujeres tenemos un 30% menos de masa muscular y esta es la categoría más física que hay: no hay dirección asistida y el volante se pone durísimo».

Confiesa que sí tiene anécdotas por ser mujer en un paddock que, por el momento, no ha visto muchas pilotos. «Cuando me ven con la camiseta del equipo en ocasiones me dicen: “Ah, eres la de marketing”. Entonces me solicitan perdón cuando descubren que soy la conduzco. Es la carencia de costumbre. Hay pequeñas que no saben que este deporte no es solo para chicos». Desea mudar eso, tampoco tuvo muchas referentes. «Cuando estás cerca de lograr el máximo nivel, brota la duda en los que mandan: “¿va a ser capaz? ¿Es un peligro?”. Ocurre menos si se trata de valorar o bien dar los recursos a un hombre. El cambio no va a pasar de un día para otro. Debemos ganarnos las ocasiones y el respeto. Cuando lo consigues se sorprenden. Hay que proseguir sorprendiéndolos».

5 minutos
¿No hay más diferencias que la física? «Sí somos diferentes, pensamos diferente. Yo soy buenísima en las curvas técnicas, de sentir el vehículo, y menos en las veloces. Mas fortalezco esas ventajas y trato de limitar mis desventajas. Cuando tienes lo que precisas para tu pilotaje somos iguales. No menos», incide. En verdad, no critica mas tampoco participa de las W-Series, una categoría solo de mujeres. Comprende que la Fórmula 1 solo es una.

Calderón descubrió el planeta de la velocidad por su hermana Paula. «Me llevó a un karting y arrendamos un bono de 5 minutos. Me enamoré de la adrenalina. Competí contra ella un tiempo, mas entonces me llevé todo el presupuesto. Ahora es mi mano derecha. Me comprende como conduzco y como mujer, y vive su sueño por medio de mí». Vive en la capital de España desde hace 8 años, puesto que el bum de Juan Pablo Montoya en Colombia le abrió los ojos: el futuro está en Europa, asimismo los circuitos, una mayor cultura y más empresas.

Se siente una privilegiada por el hecho de que su familia apoyó su carrera, poco a poco más alta en presupuesto y en presión, y no solo en la pista. «Sé que puedo estar a un nivel altísimo si tengo las condiciones para sentirme cómoda con el vehículo y el equipo. Absolutamente nadie se pone más presión que , si no tomo esta ocasión, otro lo va a hacer. Hay que sacar muchos codos». Prosigue en carrera cara su único objetivo.

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