La primera escena de la tercera temporada de Stranger things muestra científicos rusos con sus ensayos. Desean abrir el portal al Planeta del Revés que tantas miserias ha hecho pasar a la población de Hawkins con esa ingenuidad del que cree estar en control de la situación. Podría ser una escena del primer episodio de Chernobyl. La cámara se fija en el potencial de la máquina que desea abrir la brecha en la pared en un alarde de efectos visuales, de plano, de montaje, de sonido. Es la manera que tiene Stranger things de decir “eh, estoy aquí”, asimismo de poner encima de la mesa que tiene un presupuesto descomunal y, de paso, decirte que volverán a acontecer cosas extrañas en el pueblo menos hastiado de USA.

El dinero luce con una naturalidad de blockbuster de verano. No se puede decir que Matt y Ross Duffer, los autores, sean asequibles. Desean una recreación resplandeciente de los ochenta, si hace falta toca decorar un centro comercial entero con cientos y cientos de extras, derechos de canciones a espuertas, se aprecia que tienen tiempo para planear y rodar cada una de sus escenas (y el tiempo es dinero) y el trabajo de maquillaje prostético y de efectos visuales es de primer nivel. Es imposible no preguntarse el presupuesto que tienen por episodio sobre todo en estos tiempos donde Juego de tronos presumía de muy cara mas debía prescindir de un achuchón con un lobo huargo para ahorrar 4 duros.

Noah Schnapp, Caleb McLaughlin, Gaten Matarazzo, Sadie Sink.
(Netflix / Netflix)

Sí, se habla de dinero en esta primera crítica de Stranger things tres por el hecho de que siempre y en toda circunstancia toca fascinarse un poco por los lujos que tienen ciertas series de en nuestros días. Sin este presupuesto, Hawkins no podría ser este excesivo oasis de la década de los 80, entre el planeta de piruleta y el terror, creado a base de hits culturales y lo que pensamos que era esa década (por el hecho de que, a ver, un servidor no vivió a base de centros comerciales y prácticamente recuerda de ir al cine, bajar por las escaleras mecánicas y comerse un helado a la vera de la fuente).

El cuidado plano estético es la mitad de Stranger things así como todas y cada una de las referencias que aprecian los seriéfilos y amantes del cine, desde menciones de Phoebe Pruebes como el bellezón de la temporada hasta un pase en cines de El día de los fallecidos de George A. Romero o bien apariciones de Tom Selleck como Magnum en TV. La otra mitad son los personajes que, cuando aparecen en pantalla, te das cuenta que les echabas de menos tal y como si fuesen tus hijos.

Sin este presupuesto, Hawkins no podría ser este excesivo oasis de la década de los 80, entre el planeta de piruleta y el terror, creado a base de hits culturales

Lo más interesante es ver el tándem formado por Gaten Matarazzo (Dustin), Finn Wolfhard (Mike), Caleb McLaughlin (Lucas) y Noah Schnapp (Will) y ver que hemos visto medrar a estos chavales. Cuando les vimos jugar a Dragones y Mazmorras por vez primera, antes que Will desapareciese para ir a otra dimensión, eran pequeños. Asimismo lo era Millie Bobby Brown (Eleven) cuando le sangró la nariz por vez primera. Ahora, en cambio, son ya adolescentes de verdad: en la ficción tienen unos 15 años y realmente tienen entre 14 y 17 (Schnapp es el menor y McLaughlin el mayor).

Las personas responsables de localizar el reparto de la primera temporada se merece un aplauso. Todos y cada uno de los actores infantiles, incluyendo a Sadie Sink como Max, no únicamente estuvieron fabulosos en los comienzos sino sostienen íntegra la esencia de los personajes y de su química transcurrido un tiempo. En esta tercera temporada, mientras que Dustin intercepta mensajes en ruso y Billy es capturado por una criatura del Planeta del Revés, dejan que Stranger things cumpla con su objetivo: transformarse en una comedia teen sobre el despertar sexual y como afecta las amistades arrancadas en la infancia. Lucas y Mike solo piensan en chicas, Dustin se halla solo tras dejar una novia en el campamento y Will únicamente echa de menos que sus amigos deseen pasar las tardes cerca de juegos de rol.

Las dinámicas funcionan de maravilla.

Las activas marchan maravillosamente.
(Cortes泝 / EFE)

Que conste que Stranger things exhibe determinados inconvenientes. Ross y Matt Duffer se mueven en esa fina línea que supone honrar los tradicionales de los ochenta y al tiempo hacerlo desde la actualidad. Y, mientras que la comedia marcha con la lucha de sexos (y por lucha de sexos deseamos decir el sexismo recalcitrante de determinados personajes), hay cierto exceso. Por poner un ejemplo, la trama de Nancy Wheeler (Natalia Dyer) como víctima de los comentarios sexistas de los cronistas del periódico local puede ser frustrante por moverse siempre y en toda circunstancia en exactamente la misma nota. Y el resto de relaciones están muy marcadas por las conductas que hemos visto diez millones de veces en cualquier película de adolescentes (incluyendo un jefe Hopper al que habría que darle un calmante para instruir a Eleven).

No obstante, los Duffer tienen realmente bien tomado el pulso a los personajes, que son los que dejan que aguardemos Stranger things cada temporada con los brazos abiertos. Hawkins, con su apocalipsis y criaturas monstruosas, es un locus amoenus donde te sientes como en casa con el nivel interpretativo alto, los pantalones cortos de los chavales y sus rumores, las obsesiones múltiples de Winona Ryder, la pertinacia de Nancy, la inocencia y letalidad de Eleven, la química entre Steve y Dustin (y ahora asimismo Robin), la nueva amistad entre Eleven y Max.

Otros tres con química instantánea

Otros 3 con química instantánea
(Netflix / Netflix)

¿Y qué sucede con la aparición de Demogorgons? Puesto que que es exactamente lo mismo de siempre y en toda circunstancia. No hay sorpresas en este frente y los autores usan un sota, caballo, rey que explotaron en la segunda temporada una vez que funcionara con perfección en la primera. ¿Y qué más da? Stranger things es una máquina de entretenimiento puro y duro y, por el momento, es infalible.

Donde no hay novedades es en la fórmula del misterio: es el sota, caballo, rey de las precedentes temporadas

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