Agobiados, de este modo se hallan los españoles que han sido progenitores por gestación subrogada en Ucrania. Cuando entraron en el país lo hicieron con un visado de turista que les deja una estancia de 90 días. El inconveniente es que ese plazo comienza a caducar. Hablamos con Ilanit Snir Piñero. Ha debido venir a la capital española para estar cerca de un familiar al que le debían operar. «No puedo hacer nada, mas deseaba por lo menos estar unos días a su lado». Mañana vuelve a Kiev. Es urgente, la semana próxima se les caduca el visado. «¿Qué desean que hagamos? ¿Con quién dejamos a nuestro hijo?». Llevamos un tiempo hablando con ella, y es la primera vez que no consigue frenar las lágrimas. Está agobiada. «El visado concluye el 24 de mayo. A mi marido el 24 y a mí 5 días después. A la primera pareja de españoles se le expiró el pasado miércoles a él y a ella en unos días. Nosotros, si no se pone antídoto, vamos a ser los segundos en transformarnos en ilegales en este país». La situación, insiste, es muy grave. «Mi hijo ya no va a ser apátrida, sino va a tener la condición de desamparo». Y de la misma manera que , insiste, el resto de pequeños nacidos desde el 21 de febrero, data en el que el Gobierno decidió no anotar como españoles a los pequeños concebidos en el extranjero por gestación por substitución. Una instrucción del 18 de febrero que fue publicada en el BOE 3 días después sin poner ningún género de moratoria, a pesar de que era de cajón que muchas de las posibles gestantes ya estaban embarazadas. En el caso de Ilanit su hijo Labres nació el 25 de febrero. «Llegamos el 24 a Kiev y al día después nació». A pesar de que el parto se adelantó, puesto que la gestante perdía líquido amniótico, Labres nació bien. «Le vimos por vez primera al cuarto día de nacer, cuando le dieron el alta. Está sano, fuerte». Desde ese momento no se han separado de él, salvo por el viaje urgente que ha debido hacer . Los 90 días corresponden a un visado de turista. «Puedes salir y entrar del país pues se congela la cuenta atrás, mas lo que no hay forma es lograr una ampliación si no pasan otros 3 meses para regresar a entrar como turista». A lo largo de estos días, aparte de estar con su familiar, ha intentado localizar una solución. «He ido a la Embajada de Ucrania en la capital española y me han dicho que no hay supuesto para ampliar el plazo a menos que logre el visado tipo D, mas para eso precisamos una convidación del país que se da en caso de que vayas a estudiar allá, como voluntario o bien por trabajo. Esto es, que vas a realizar una función y que Ucrania te requiere para algo, y no es nuestro caso». Unos días ya antes, Ilanit y su marido preguntaron asimismo en Kiev. «En Inmigración nos afirman que la Ley ucraniana no está dispuesta para estos supuestos. Y si bien el Gobierno de España afirmaba que era simple lograr la tramitación en 90 días, es imposible. De hecho, la Defensor del Pueblo de Ucrania aseguró en los medios de allá que no había ningún motivo legal para conceder a los pequeños nacidos por gestación subrogada la ciudadanía ucraniana», afirma. «Los expedientes están abiertos, el inconveniente es que al caducar nuestros visados hemos vuelto a solicitar en Inmigración una ampliación y no es posible. Cuando llegue esa data –la próxima semana–, vamos a ser ilegales y ese sí que es un motivo para no gestionar el expediente para el pequeño. Verán que para entonces vamos a estar ilegales y nos lo van a rechazar. En el Consulado de España en Kiev se encogen de hombros, por amor de Dios, ya no es que nuestro hijo sea apátrida es que le dejan en situación de desamparo». «Por favor, esta situación explotará. ¿Qué desean que hagamos? Han creado un enfrentamiento diplomático por actuar sin previsión. Solicito al Ministerio de Justicia y al aspirante a las europeas, que, por favor, tomen cartas en el tema y nos den una solución. No sabemos qué hacer. No tenemos alternativa», ruega esta madre que optó por la gestación subrogada pues no puede tener hijos. Un temor que comparten los otros progenitores. José Luis Friebel nos manda una carta de su hermana María, comadrona en Pamplona. «Comenzamos nuestra aventura de ser progenitores por gestación subrogada hace un año y no por capricho», asevera María. Ella y su pareja llevan desde el tres de marzo atrapados en Kiev con José, su ángel. «Ante los medios», el Gobierno ha manifestado «que iba a buscar una solución y que iba a predominar el interés del menor, mas 3 meses después prosiguen sin dar una solución», demanda. «El desamparo de nuestro Gobierno, por no estimar reconocer a nuestro hijo como de España, nos empujó a pedir la ciudadanía ucraniana para nuestro hijo, trámite bastante difícil y largo puesto que tarda unos 3 meses. Y de este modo lo hicimos. Para el Gobierno ucraniano, José es de España. (Para España, no). Tenemos 3 meses de visado para estar en este país. En nuestro caso se nos extingue el tres de junio y ya no nos queda un buen tiempo. El día de hoy nos han comunicado que no nos lo van a renovar, puesto que conforme la Ley ucraniana no hay un supuesto para esto, conque la solución que nos dan es que mi marido se vuelva a España antes que le prescriba, puesto que es el que debe recoger el pasaporte de nuestro hijo, y quedarme ilegal en el país». «Mi hijo –prosigue– se merece estar con sus progenitores y mi marido no tiene por qué razón perderse ese tiempo tan fantástico con su hijo». «Ayer, a través de un e-mail –continúa la misiva–, solicité una cita urgente a nuestra Embajada en Kiev. Hoy me han respondido que ya antes debo presentar la denegación de la ampliación de la visa por escrito y a lo que agregan en el e-mail una lista de abogados y también intérpretes a fin de que contrate sus servicios. La cuestión es que han sido esos letrados los que nos han dicho que Ucrania no nos va a extender el visado, y para cuando lo pida y me lo rechacen por escrito ya la situación va a ser irresoluble. Vamos a ser ilegales. Y ya lo que ha sido más increíble si cabe es que las familias de los perjudicados hemos ido a nuestra embajada a pedir charlar con el cónsul y ni tan siquiera nos han abierto la puerta. Ya no sabemos qué más podemos hacer… Se nos agota el tiempo y absolutamente nadie nos da una solución», concluye María.

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