Los emojis, pictogramas usados en los mensajes digitales, han llegado asimismo al campo de los procesos, puesto que ya se emplean por ciertas partes como prueba en un juicio, mas presentan «diferencias de matiz» en el momento de interpretarlos. Los emojis, palabra que procede del nipón, son las figuras de color -las más conocidas son las caras redondas de color amarillo- que se emplean en mensajes de texto entre dispositivos electrónicos, muy, muy diferentes a los emoticonos, en los que se emplean caracteres de escritura -como puntos, comas y guiones- para expresar sentimientos y también ideas. El campo judicial no escapa de estos pictogramas, puesto que ya son múltiples las sentencias que han sido emitidas, tanto acusatorias como absolutorias, dependiendo del emoji propuesto como prueba, tal y como expone la joven estudiosa Ana Rodríguez, maestra de Derecho Procesal de la Universidad de S. de Compostela y comunicante en una jornada sobre el presente y futuro de la justicia digital en España y la Unión Europea festejada en Cáceres. Uno de los primeros casos fue en 2015, conforme expone a EFE la estudiosa, en el momento en que un joven neoyorquino colgó un mensaje en Fb con los emojis de un agente de policía y 3 pistolas, con lo que fue detenido y procesado por un delito de amenaza terrorista. Asimismo ha sucedido en Francia, donde en 2016 un hombre fue condenado a 3 meses de cárcel por mandar a su expareja el emoji de una pistola. En verdad, la compañía americana Apple ya suprimió este emoji y lo sustituyó por el de una pistola de agua, algo con lo que la joven estudiosa se ha preguntado «qué hubiese pasado judicialmente con este francés» con este nuevo emoji si hubiese tenido un teléfono de esa marca. Y es que, conforme ha apuntado, existen diferencias de formato de las imágenes entre las diferentes plataformas, algo a lo que se une «la subjetividad al interpretar el significado del emoji». Por servirnos de un ejemplo, el llamado «Face With Look of Triumph», una cara resoplando, significa satisfacción por el trabajo bien hecho, mas la mayoría de la gente piensa que tiene connotación de enfado. «La interpretación de los emojis no es unívoca, hay vaguedades, y eso puede producir inconvenientes. Además de esto, hay diferencias de formatos entre las plataformas», ha insistido esta maestra, quien comprende que estos emojis asisten en ocasiones a desentrañar el sentido de un mensaje, mas no siempre y en toda circunstancia. En España asimismo se han dado casos en los que la vaguedad ha favorecido al acusado. La Audiencia Provincial de Barna juzgó a un hombre por un supuesto delito de amenazas por mandar a la denunciante el texto «ya vas a ver cuando salgamos de acá» seguido del emoji del «pulgar cara arriba», algo que «no tiene connotación negativa, de entrada», con lo que fue exculpado. «Las dudas que puede provocar la interpretación del mensaje del emoji no pueden decantarse en perjuicio de la persona acusada; es el caso in dubio pro preso», asevera. Otro caso afín fue el de una mujer que denunció a su expareja en Cantabria por mandarle un mensaje con los emojis de «una diana», «las caras de una mujer y un hombre» y «una pistola». Mientras que la denunciante mantenía que el hombre mencionaba a su nueva pareja, el juez interpretó que asimismo podría referirse a que el acusado se quería suicidar por no ser capaz de superar la rotura marital, con lo que fue exculpado. Mas a veces sirve como prueba, como en un caso civil en Valladolid en el marco de una discrepancia en el número de horas de empleo de una máquina arrendada. Se mostró como prueba una charla por Whatsapp en la que la parte actora escribió «Horas totales. Total 272 horas» al demandado, quien respondió con el emoji del «pulgar cara arriba». Debió abonar cinco.000 euros más. «El Juzgado de Primera Instancia no le dio ninguna relevancia al emoji al considerarlo en una comunicación informal, mas la Audiencia Provincial afirmó que ese emoji muestra pleno pacto con el número de horas totales», ha detallado la joven estudiosa gallega. Asimismo en Alicante se han visto emojis en sentencias judiciales, como en la referida a un hombre que quebrantó su condena por acoso de prohibición de comunicarse con la víctima, tras enviar emojis a su expareja.

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