1. Gstaad, Suiza.

Estrellas en todos y cada uno de los campos del arte, de cada recoveco del planeta, asisten de año en año a la cita obligada en el hermoso pueblo de los Alpes suizos. Madonna, Valentino y Andrea Casiraghi son ciertos de sus visitantes más simbólicos, si bien asimismo podemos hallar cenando en el Palace a la familia Botín. Acá se encuentra un oasis de placer a salvo del virus, al cobijo de impresionantes montañas, y si nos vemos con ganas de abrasar adrenalina, es fácil coger un teleférico a la estación de esquí en Eggli. Si además de esto procuramos un sitio donde protegernos del frío y probar buena comida, si bien sea un tanto cara, los restoranes Rialto y Sammy no pueden faltar en nuestra cita.

2. Estocolmo, Suecia.

La capital sueca es un destino estupendamente helado para nuestros propósitos. Un primer camino por el centro histórico de la urbe, el Gamla Stan, admirando su arquitectura del estilo medieval, puede ser una buena forma de olvidar los agobios de la enfermedad. Y es que Estocolmo es un sitio donde cobijarse, en todos y cada uno de los sentidos. Skeppsholmen, una pequeña isla donde se recogen los museos de Arte Moderno y de Antigüedades del Lejano Oriente, es cobijo de arte. El distrito Östermalm es un cobijo de diversión. Cobijo a cobijo, logramos acoplarnos a una de las urbes más frías de Europa sintiendo un confortante calor.

3. Desierto del Gobi, Mongolia

Inmenso desierto en el enorme país de los kanes, desierto helado hasta las tierras septentrionales de China. Pocos viajantes se atreven a adentrarse en él, mucho menos el cobarde virus. Compuesto por miles y miles de quilómetros de piedra seca y llanuras infinitas, el desierto es hogar de las tribus más duras de Mongolia y un imperdible para los aventureros. Cuenta la historia legendaria que es exactamente acá dónde está el centro de energía del planeta, en el oculto Templo de Khamar. Podemos hallarlo tras 15 horas renqueando en el transiberiano desde Ulán Bator hasta Sainshand, en el centro de una llanura que semeja no tener fin.

4. Ilulissat Kangerlua, Groenlandia

Declarado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO en el año 2004, este pasmante glaciar es la razón primordial para visitar el país neviscado. Ubicado en uno de los cientos de fiordos que rodean la isla, el glaciar de Ilulissat se extiende durante cuarenta quilómetros, demasiado para procurar englobarlo con los propios ojos. Produce hasta 20 millones de toneladas de hielo diario, suficiente para aprovisionar de agua a toda la urbe de la ciudad de Nueva York, y esto lo transforma en un buen sitio para escapar. Acá el virus se pierde, se congela o bien cede bajo las toneladas de hielo.

5. Katmandú, Nepal

Contarán las futuras leyendas que hubo un pequeño refugio en Asia que se libró de las malignas bacterias del coronavirus. Si bien ya se ha confirmado un caso en la capital nepalí, proveniente de un universitario de la ciudad de Wuhan, estamos persuadidos de que prosigue siendo un lugar estupendo para refugiarnos. El casco viejo de la urbe aún se sostiene en pie, a pesar del seísmo sufrido en 2015, y es un camino dedicado a los detalles más viejos de la religión budista. Pagodas, santuarios y templos se reúnen como montañas en el techo del planeta. Y si no hace el frío suficiente, siempre y en toda circunstancia podemos replegarnos al campamento base del Everest por un vuelo de 100€.

6. Dalton Highway, Alaska

También famosa como Senda 11, esta autopista de 666 km de longitud es la simbología perfecta de la eterna escapada. Recorriendo el espacio que aparta la urbe de Fairbanks y el océano Ártico, destaca entre otras muchas vías por sus increíbles paisajes helados, ásperos y salvajes, capaces de dejar pasmado al viajante más experimentado. Y si no lo creen, pregunten a la imponente Cordillera Brooks, por la que esta autopista cruza prácticamente sin despeinarse. No obstante, va a ser preciso hacer esta senda con un buen vehículo, en tanto que la mayor parte de la carretera es de grava y sus condiciones no son exactamente ideales para un Smart.

7. Teruel, España

Existen destinos más próximos para sentirnos a salvo. La localidad más fría de España semeja buen cobijo contra el coronavirus, en especial si lo regamos con los mejores platos de la gastronomía aragonesa. Una visita a la catedral de Santa María de Mediavilla puede hacernos sentir aun más seguros, y si aprovechamos el tirón hace falta conocer el acueducto Los Arcos, construido a mediados del siglo XVI y aún en espléndida forma. ¿Y dónde dormir, dónde sentirnos claramente a salvo del maligno virus? Nosotros aconsejamos el hotel Isabel de Segura. Buen costo, buena comida y lo que es más importante: buenas mantas.

Fuente: larazon.es

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