De todos los sectores económicos afectados durante la pandemia se apunta al turismo como el más dañado. Toledo, como ciudad histórica y turística, ha sido tocada de lleno. Para abordar esta delicada situación, ABC conversa con Anastasio Gómez Hidalgo,
ecónomo de la diócesis de Toledo y responsable del área turística a través de las visitas a los ocho monumentos históricos y religiosos que forman parte de la llamada «pulsera turística».

¿Cómo podríamos calificar el impacto económico que ha sufrido en estos ya trece meses?

Los números nos dan noción de las cosas y nos acercan a la realidad. Luego, si la realidad es optimista o pesimista ya es una interpretación. En el año 2020 nuestros números indican que las entradas, las visitas, caen concretamente un 84,82 por ciento. Entonces, en cualquier actividad económica algo que se desploma en ese porcentaje se puede calificar de dramático. Ahora, dentro de este dramatismo vamos a intentar buscar el optimismo. Primero, no cae un cien por cien porque hay dos meses del 2020, enero y febrero, muy buenos. A partir de ahí todos sabemos lo que ha ocurrido.

¿Y qué análisis optimista se puede hacer?

Por ejemplo, que hay que tener mucho cuidado con las políticas que se aplican en ciudades como la nuestra porque ahora necesitamos desencorsetar, sentirnos libres para que las ideas que surjan, siempre dentro de un orden, no sean machacadas por normativas absurdas. Cuando un sector se ha visto afectado de esta manera hay que poner ante esta situación grandes soluciones.

Por ahora ¿se ha puesto alguna?

Se están poniendo soluciones, pero creo que el sector privado está acostumbrado a resolver sus problemas y lo que necesitamos quizás son cambios, que es verdad que tienen que hacer las administraciones públicas, pero que no pueden ser cambios timoratos, porque la caída no ha sido timorata, sino drástica. Por tanto, si queremos levantar una actividad que parte desde cero, las medidas tienen que ser de arrojo, comprometidas e incluso diría que descabelladas en muchos casos.

¿Y qué medidas de ese tipo plantea usted?

Por ejemplo, Toledo está viviendo dentro de un desplazamiento total de lo que los griegos llamaban el ágora, es decir, la plaza pública, allí donde la gente quiere ir. Así que tendremos que pensar si la roca toledana, si el Casco Histórico, hay que repensarlo, porque lo que es cierto y verdad es que las familias, el toledano, el de Albacete, Cuenca, Ciudad Real o Guadalajara, que es el que puede venir hoy, -no sé lo que pasará desde el día 9-, está claro y demostrado que en su día a día no quiere ir a tomarse una cerveza donde no puede aparcar bien.

¿Y qué medida plantea para poder hacerlo?

Las personas nos movemos como nos movemos y a una ciudad como Toledo al casco antiguo no sube en bicicleta, ni aunque sea eléctrica, y en moto unos pocos, pero la inmensa mayoría se mueve en coche. Se está demostrando que hay unos centros comerciales a los que la gente se desplaza porque puede comprar o pasar un tiempo de ocio, pero también porque tiene la comodidad del aparcamiento. Puy du Fou está demostrando inteligencia en el planteamiento que ha hecho, porque tiene una hostelería cuidada, unos espectáculos impresionantes y unos parkings de diez, porque la gente sabe que, vaya a la hora que vaya, va a aparcar con comodidad y se le atiende desde el mismo aparcamiento. En cambio, todo lo que es la movilidad en el casco antiguo está literalmente coartada. Por eso, yo diría: abajo las pilonas, fuera los bolardos. Durante muchos años hemos visto cómo las pilonas crecen en determinados sitios para regular el tráfico y los bolardos aparecen en cualquier esquina o plaza para que nadie aparque, pero yo creo que muchos hemos vivido cómo era esta zona en los años 90 o principio del 2000.

¿Ha planteado la diócesis al Ayuntamiento algunas de estas medidas?

Como diócesis no creo que seamos, o sí, los que tenemos que plantear esto. Pero si queremos plantear que el Casco Histórico viva porque nuestros monumentos los abrimos y lo hemos hecho, a no ser que lo hayan prohibido, para dar esa garantía de decir que Toledo está abierto, yo creo que al casco, además de visitarlo y vivirlo, también hay que facilitar a la gente que pueda acceder a él. Las políticas de movilidad de los últimos años han sido las que han sido, y aunque también entiendo que el residente del Casco Histórico tiene algo que decir, aquí estamos hablando de muchos empleos y negocios que necesitamos que la población de proximidad disfrute de esta zona histórica. Porque Zocodover ya no es el ágora elegido por la gente para su ocio.

Para recuperar poco a poco la anterior situación ¿qué medidas está tomando la diócesis desde el punto de vista turístico?

Lógicamente si durante todo este tiempo no hubiéramos pensado en cosas, seríamos unos irresponsables. Ahora tenemos dos ámbitos de acción, uno es el de poder proyectar a través de los mejores medios técnicos la venta para cuando todo se recupere. Vamos a hacer una apuesta como la que tiene la Sagrada Familia de Barcelona o la Mezquita de Córdoba para la venta de sus entradas en unos entornos on line. Aunque no sea lo más novedoso, creo que va a posicionar la marca Toledo para ser una oferta real para cuando Madrid abra, cuando abra España y el resto del mundo, que va a tardar en abrir, porque no vamos a ver a la tour operación en Toledo de un día para otro. Como poco hasta 2023 la operación internacional no va a volver.

El paquete turístico para 2022 no está hecho y es muy difícil que ese año llegue el turista internacional

En cambio desde el Ayuntamiento se fijaba la recuperación para 2022. ¿se cree en la diócesis que eso vaya a ser posible?

En la diócesis no lo creemos, sino que los constatamos con la operación. Es decir, para que en 2022 haya operación internacional, en 2021 tiene que estar montado el paquete turístico, tiene que existir, porque si no, no lo puedes vender. El paquete turístico para 2022 no está hecho porque a nosotros nadie nos ha pedido la cotización. Por tanto, todo hace suponer que en 2022 es muy difícil que el turista internacional llegue a nuestra ciudad como antes ha llegado. ¿Que este turista va a llegar por sus medios? Ojalá y es probable, pero el turista internacional que trae la operación y las grandes agencias yo creo que como poco hasta 2023 no va a estar aquí.

¿La ciudad va a poder vivir del 35 porciento que significa el turismo nacional?

¿Ese tipo de turista es el que mayor peso tiene en las visitas a los monumentos de la diócesis?

El turista nacional supone un 30 por ciento o un poco más. Y del restante 70 por ciento, que es mucho, podemos hablar de que quizás haya otro 30 o 35 por ciento que sea operación y el resto es turismo internacional libre de alguna manera. Por tanto, ¿la ciudad de Toledo va a vivir de un 35 por ciento de turismo nacional? si sabemos trabajar el destino puede que sí, pero va a haber mucha competencia con los destinos. Segovia, por ejemplo, está trabajando muy bien.

Toledo tiene que darse cuenta de que tiene una competencia brutal con las ciudades cernanas a Madrid

¿Cuál es ahora el principal competidor o rival de Toledo en este ámbito y coyuntura?

Nosotros mismos. Toledo tiene que entender que si no hacemos una oferta la gente aquí no va a venir, y esto para mi va a ser el gran reto, el de abrir Toledo. Es decir, si en la ciudad no damos con coherencia el mensaje de que Toledo está abierto, la gente va a elegir otros destinos. Y Toledo tiene que darse cuenta de que en estos momentos tenemos una competencia brutal con las ciudades, que también son muy bonitas, que están alrededor de Madrid y que ya lo están trabajando, como pueden ser Segovia, Ávila, El Escorial o Aranjuez…Tenemos que saber que el `Toledo abre´ no es solo que abra la catedral, que también, no solo que abranlos monumentos de la pulsera turística, que también, es que quien viene a Toledo quiere una cerveza, comer, hacer ese turismo de visita que tanto gusta a la gente y que es muy tradicional, y creo que va a funcionar.

¿Se puede decir que justo cuando llegó la pandemia Toledo estaba en su mejor momento y había batido el récord de visitas en 2019?

Creo que podríamos decir que sí. El 2019 fue un año que va a tardar en volver. Hemos pasado de lo más alto a lo más bajo. Pero tenemos que trabajar el destino y en turismo solo hay un medio: si está la oferta, vendrá la demanda. Si Toledo no está ofertado, si no está abierto y si somos timoratos a la hora de decir, incluso poniendo una fecha, que hemos cerrado pero tal día estamos abiertos, vamos a sufrir mucho, porque hoy en día la información corre rápidamente y la gente sabe si estás o no abierto.

¿Echa de menos alguna reunión entre todos los sectores afectados que se tendría que haber producido?

-No, porque que en eso el Ayuntamiento está trabajando bien, reuniéndose por separado por sectores, y esa es una estrategia que, como administración local, creo que funciona mejor.

Y la administración regional ¿qué papel está jugando?

Creo que juega un papel, que hace bien, que es el de la promoción. Con hacer una buena promoción de decir que Toledo está abierto, o Cuenca y tantos sitios que tienen que ser promocionados, cumple su papel. En todo caso, creo que las administraciones públicas, si son buenos compañeros de viaje, sus políticas tienen que ser de promoción. Como he dicho, a esta ciudad tampoco le pasaría nada ni sería ir para atrás si hubiera coches aparcados como hace años. Por ejemplo, una plaza del Conde donde la gente pueda aparcar, no solo los coches oficiales, o una plaza del Ayuntamiento donde menos bolardos y más coches, o que delante de SanJuan de los Reyes sea un sitio para aparcar, porque a la gente eso le facilita mucho su visita. Creo que ahora en la política del bolardo y la pilona habría que ir para atrás.

¿Qué otras ofertas turística tiene previstas la diócesis toledana?

Hay otra oferta que vamos a hacer que son las visitas programadas fuera de hora y abrir sitios nuevos. Por ejemplo, ya tengo el visto bueno del arzobispo para abrir el Palacio Arzobispal a la visita pública. Esto va a ser una novedad dentro de poco cuando lo tengamos todo preparado, porque es un sitio donde también vive gente y queremos montarlo bien para que esas visitas no sean invasivas de ciertos lugares que hay que visitar por la historia que tienen. También nos gustaría incorporar a los lugares de visita las armaduras, que son curiosísimas, que hay en la iglesia de Santa Justa y Rufina. Igualmente incorporar la capilla del antiguo convento de Santa Úrsula, donde está el Berruguete.

¿Cómo ve la inicitiva de visitas a los conventos?

Muy bien. Ha sido iniciativa de los guías para ayudar a los conventos y creo que eso es precisamente la iniciativa privada que hay que apoyar. Ojalá eso marche bien y puedan continuar a lo largo del tiempo.

Puy du Fou
Sorprende que en plena crisis turística en cambio Toledo haya sido el centro de España por una oferta novedosa y única como es el parque histórico de Puy du Fou. ¿Desde la diócesis este proyecto cómo se ve, como un aliado o como un competidor?

Yo hago una comparación, y es que cuando te ponen un Corte Inglés al lado de tu tienda, yo vendo más camisas. Y además creo que Puy du Fou lo ha hecho bien, su planteamiento es honesto y creo que complementa. Ellos ofertan un parque al que la gente que venga de Madrid irá a él y seguramente se vuelva a Madrid, o no, porque tendrá la opción, pero creo que todo el turismo internacional que logre arrastrar Puy du Fou repercutirá en Toledo, seguro. El turismo que venga de otros sitios de España pienso que también nos puede beneficiar. Pero si lo vemos como competidor podemos decir que a nosotros nos ha hecho ponernos las pilas para buscar nuestra distribución de visitas y reservas a través de una de las etiqueteras más importantes del país. A mi Puy du Fou me ha puesto las pilas porque yo quiero vender con Puy du Fou, queremos vender paquetes juntos. A ellos les interesa y a mi también, hoy por hoy. Ojalá cuando pasen cinco o seis años y ellos terminen el parque sigamos pensando lo mismo. Vendemos conceptos que pueden unirse. Si yo quiero vender con ellos y ellos con nosotros hoy en día sin unas plataformas adecuadas esto no se entiende. Es decir, nos vamos a meter en algo que es muy normal, aunque también supone un esfuerzo de inversión. Si volvemos al concepto de plazas o ágoras, si se han construido plazas diferentes, tenemos que unirlas. Si tú vendes las visitas a una ciudad histórica y puedes hacer un paquete en el que te ahorres algo, al final la gente compra ciudad, que es lo que hay que vender: Toledo. Lo importante es la oferta, saber decir que Toledo está abierto. La gente no va a venir y luego vamos abrir. El turismo no funciona así. Y Puy du Fou nos lo está dando, porque está abierto y tiene un horario para que la gente se adapte.

Además, el Ayuntamiento ha trabajado muy bien con Sicted para meternos en todos los protocolos Covid con un certificado del Ministerio de Sanidad. Esto se ha trabajado durante el tiempo que hemos estado cerrados por un montón de negocios turísticos en la ciudad a través del Ayuntamiento, con lo cual nos hemos habilitado sanitariamente y hemos formado a todas nuestras plantillas. Tenemos la intención de abrir muchas horas, de vender la ciudad, de vender on line a través de plataformas por las que te ve todo el mundo para situar el destino. Ahora queda que la gente de cerca quiera subir al Casco Histórico.

Nueve millones sin ingresar por falta de turistas
¿Se puede cuantificar qué ha supuesto económicamente esta crisis para la diócesis al dejar de ingresar todo el flujo de visitantes a sus monumentos?

En un solo año hemos caído, contando la catedral, nueve millones de euros en el total de los ocho edificios que forman parte de la pulsera turística. Es una cantidad muy importante, porque esos nueve millones de euros, en lo que se refiere a las cuentas totales del Arzobispado, suponen una caída es de 2,3 millones en un solo año, que es lo que impacta directamente el turismo. Esos 2,3 millones de euros son un 20 por ciento de los ingresos del Arzobispado, un problema importante. Siempre podemos apelar al catastrofismo y decir que no ha sido un 20 por ciento, sino un 100 por cien, pero vamos a decir que la estructura económica de una diócesis no es solo el turismo, y en el caso de Toledo es clave y determinante, pero no es solo eso. Pero la crisis llegó y en el Arzobispado estábamos organizados, ya que por ejemplo en este año hemos dejado de pagar los grandes préstamos que se adquirieron en 2009, y en agosto cae el último. Además, otro ha caído en febrero, otro en abril y se amortizará completamente otro en el mes junio y otro en agosto. Por tanto, dejas de deber un dinero a los bancos aunque adquirimos un préstamo ICO por parte del Arzobispado y otro la catedral y Santo Tomé, porque al final ¿qué es lo que ha sufrido realmente en nuestra diócesis? las actividades económicas, que son las que se han caído. Entonces, si quieres mantener una dinámica con los empleados que tienes que atender, aunque estamos en Erte, al final a la ecuación que te lleva es que el impacto en nuestras cuentas y en nuestra gestión es similar al que se ha producido en otras empresas del sector servicios en nuestro país.

¿Cuántas personas tienen en Erte?

Contando el Arzobispado, el turismo y alguna institución diocesana más, tenemos a unas 90 personas, pero las residencias sacerdotales no están en Erte porque a la gente se la tiene que atender igual. Pero insisto, las medidas han sido similares a las que pueda tener cualquier empresa de un tamaño medio, porque no somos una pequeña empresa ni una multinacional, sino una pyme con bastante gente, podíamos decir.

Fuente: ABC.es

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