La forma de los robots influye de una forma clara en los sentimientos que producen en las personas que se relacionan con ellos. Naturalmente, los humanos que interaccionan con estos objetos mecánicos saben en todo instante que se trata de máquinas, no de seres vivos. Mas si su aspecto se semeja sensiblemente al nuestro, resulta complicado establecer con ellos exactamente la misma relación que se sostiene con un simple electrodoméstico.
Por esta razón, el vínculo con una aspiradora Roomba, que no deja de ser un robot, si bien morfológicamente no tiene nada que ver con nosotros, es muy afín al que se edifica con una nevera o bien una lavadora. En cambio, la conexión sensible con los androides es intensa: tienen cara y su cuerpo consta de exactamente las mismas partes que el nuestro. Como apunta la estudiosa Julie Carpenter, “si algo se mueve en nuestro espacio y nos da la sensación de que lo hace con un objetivo, creemos que tiene conciencia y metas internas”.

Cambios en el diseño

Los riesgos de simpatizar con las máquinas

A su parecer, las casas están construidas para la gente —o, como máximo, para los animales domésticos—, de tal modo que los robots, para ser eficaces, deben moverse como . No obstante, hasta el momento, los ingenieros apenas se habían preocupado por el apego de las personas a estos sistemas. La maestra del Massachusetts Institute of Technolog (MIT, U.S.A.) Sherry Turkle explica que hay equipos de inteligencia artificial que se muestran tal y como si fueran “socialmente conscientes”.

Sin embargo, agrega la especialista, estas reacciones están programadas. No son ciertas, sino más bien falsas. No es empatía, solo lo semeja. Por tal razón, los usuarios terminan pensando que estos dispositivos “son más inteligentes de lo que verdaderamente son”. En síntesis, como recuerda Turkle, “el amor simulado no es amor”. Fabricantes como Gadi Amit, presidente de NewDealDesign, empresa con sede en la ciudad de San Francisco (U.S.A.), comienzan a reconocer que este elemento es esencial en su actividad en nuestros días.

La compañía de Amit ha ensamblado un nuevo robot de entrega de bultos para Postmates. Es un cubo con ruedas, con un diseño agradable, mas abstracto, con bordes redondeados y luces que señalan cara dónde va a virar. El máximo responsable de NewDealDesign sabe que incluso debe trascurrir mucho tiempo a fin de que los humanos y las máquinas compartan lenguaje. En todo caso, ese momento va a llegar. “Tal vez en unas décadas”, añade.
Como es frecuente, el trabajo con pequeños aún produce más incógnitas y problemas morales. La startup RoboKind, de la ciudad de Dallas (U.S.A.), presentó en 2016 un robot llamado Milo, concebido para asistir a menores con autismo. Cientos y cientos de institutos han incorporado este procedimiento, que ha servido para orientar en su aprendizaje a miles y miles de escolares. Para eludir que los chavales se encariñen en demasía con Milo, Richard Margolin, cofundador de RoboKind, sugiere que los pupilos no estén con él más de 5 veces a la semana, y que no pasen más de media hora seguida en su compañía.

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