Desde los recónditos lagos de un cráter hasta los estanques de desiertos, la vida se abre paso. A lo largo de bastante tiempo ha sido un misterio de qué manera ciertos peces han llegado a colonizar esos lugares apartados, rodeados de tierra seca inhóspita. Existen múltiples teorías a este respecto, mas ninguna probada. Ahora, un nuevo estudio asevera que tiene datos que apoyan que el secreto está en las heces de los patos. Los resultados se terminan de publicar en la gaceta «Proceedings of the National Academy of Sciences» (PNAS).

La idea se lleva contemplando años: ¿posiblemente algún género de ave pueda transportar de alguna forma huevos de pez en sus intestinos? Muchos científicos consideran que son demasiado débiles para subsistir en este «medio». No obstante, la nueva investigación ha probado en condiciones de cautividad que el 0,2% de todos y cada uno de los huevos que se traga un pato podría ser viable superando todo el tracto digestible e inclusive una vez una vez que lo expulse por la cloaca.

Se trata de un proceso, llamado endozoocoria, que es común en la propagación de semillas de plantas por la parte de ciertas aves y también insectos. No obstante, para peces la primera patentiza a este respecto se encontró el año pasado, cuando se probó que unos huevos de pez killi subsistieron tras ser tragados por un cisne. Mas estos huevos son especiales: pueden subsistir en suelo seco a lo largo de meses en una suerte de hibernación hasta el momento en que las lluvias hacen acto de presencia, rellenando las charcas en las que vivieron sus progenitores.

La teoría dominante (hasta el momento)
Hasta el momento, la teoría más apoyada era que los huevos de los peces seguramente viajan en las patas, los picos y las plumas de los pájaros. No obstante, no se han hallado pruebas a este respecto y no se sabe si los huevos podrían subsistir en estas condiciones. El nuevo estudio se apoya en el experimento concebido por el biólogo Ádám Lovas-Kiss, del Instituto de Investigación del Danubio en Hungría, quien al lado de sus colegas nutrió con huevos de 2 géneros de carpa -carpa común (Cyprinus carpio) y carpa prusiana (Carassius gibelio) a 8 patos silvestres (Anas platyrhynchos).

Cada una de las aves fue alimentada con cerca de 500 huevos. De todos estos, 18 huevos fueron recuperados de las heces de los patos. Un total de 12 todavía eran viables, si bien solo tres eclosionaron de forma exitosa. Si bien los números parezcan desmoralizadores, teniendo presente que una carpa común puede poner hasta uno con cinco millones de huevos en todos y cada desove y que hay muchas aves que se nutren de huevos -ciertas especies marinas se nutren solo de huevos en determinados periodos del año- las probabilidades mejoran.

«La supervivencia no fue un hecho extraño y ocurrió en el 75% de los casos y en las 2 especies estudiadas», asevera el equipo en el estudio. Además de esto, la mayor parte de los embriones que lograron pasar por el tracto digestible de las aves mas no consiguieron salir del cascarón sufrieron una infección por hongos que probablemente esté relacionada con la cría artificial de peces, conforme comentan los estudiosos. De esta forma, en condiciones naturales, más especímenes habrían subsistido.

De 60 a 360 quilómetros de distancia
La mayor parte de los huevos de carpa tardaron solo una hora llegar de un extremo al otro del pato. El equipo calculó que esto significa un rango de dispersión de cerca de 60 quilómetros para los huevos que viajan en los patos. No obstante, uno de los huevos eclosionó tras cuatro-seis horas, lo que amplía el rango hasta los 360 quilómetros.

Esta teoría podría explicar que las carpas comunes hayan llegado a dominar muchas vías fluviales australianas, componiendo más del 80% de la biomasa de peces en ciertas áreas. Esta especie daños a los ecosistemas débiles al alterar las vías fluviales por medio de sus hábitos alimentarios de absorción de lodo, le quitan comestibles a las especies nativas y contribuyen a la proliferación de algas. La capacidad de las carpas de dispersarse por medio de la endozoocoria sería clave en comprender su éxito al invadir zonas sensibles. De ahí que, los estudiosos apuntan la relevancia de este estudio en «la conservación de la biodiversidad y la activa de invasión en los exonsistemas de agua dulce».

Fuente: ABC.es

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *