Y.M. era una estudiante de universidad de primer curso como otra cualquiera, si bien era una joven bastante guapa y vivaz, siempre y en toda circunstancia se ocultaba bajo ropa holgada y tapada, puesto que escondía un secreto con el que llevaba años cargando, tenía los pechos demasiado grandes. Ese complejo le había perjudicado tanto a lo largo de su adolescencia que, difícilmente era capaz de enfundarse un biquini y también irse con sus amigas a la piscina y había traído de cabeza a su madre en el momento de adquirir ropa. «Mi made acostumbraba a acompañarme de compras y en el momento en que me agradaba una camiseta me la adquiría en todos y cada uno de los colores que había por el hecho de que era muy complicado que me gustara una prenda» explicaba Y.M., «y no solo con la ropa, llegó un instante en el que no era capaz de irme a duchar con mis amigas de la falta de seguridad que tenía, si bien me conocían de siempre, era superior a mí», agregó. Cuando empezó a padecer inconvenientes de espalda no lo vaciló más y cuando acabó el primer curso de universidad, empezó a buscar una clínica para atajar el inconveniente. «Desde pequeña he sufrido muchos complejos con este tema, es una cosa que siempre y en toda circunstancia he tenido en psique por la poca confianza que tenía de pequeña y cuando comencé a tener problemas médicos llego un instante en que afirmé, hasta acá, y hablando con mis progenitores decidimos iniciar el proceso», comentaba a LA RAZÓN Y.M.. En el momento de escoger clínica, las españolas no se la juegan y acostumbran a fiarse más de las clínicas reconocidas, «al final siempre y en toda circunstancia te suenan las 4 clínicas más sonadas de la villa de Madrid y son de las que me notifiqué. La Clínica Bruselas fue la que más comodidades y seguridad me ofrecieron, en sus manos me sentía tranquila». Miles y miles de mujeres en España padecen de problemas médicos por esta clase de inconveniente, por este motivo, la reducción de pechos se ha transformado en la tercera cirugía estética más usual en este país. Su demanda ha subido 4 puntos desde 2014 y es una de las operaciones con más relevancia sobre la salud y la estética femenina. «Yo estaba muy segura de hacerlo, los que tenían más temor eras mis progenitores y la gente de mi alrededor. Mi inconveniente fue dar el paso inicial, mas una vez lo dí, fue todo seguido» narraba Y.M.. Conforme la cirujana de la Asociación De España de Cirugía Estética y Plástica (AECEP) , Ana Torres, esta cirugía se pide sobre todo por motivos de salud, «los dolores de espalda provocados por el peso de los senos pueden ser insoportables», explica la especialista. «El pecho» –continúa Torres– «puede probar un desarrollo anormal en 2 periodos clave en la vida de la mujer, la adolescencia y la menopausia. Bajo influjo hormonal, el tejido mamario puede medrar de forma desmedida y ocasionar la llamada hipertrofia mamaria o bien, en casos extremos, la gigantomastia. En este último caso, puede deberse asimismo a la herencia genética». La cirugía de reducción de mamas requiere una buena valoración preoperatoria para decidir qué género de técnica es más recomendable. «Fui a una primera consulta a fin de que conociera la clínica, me notificaron del género de cirugía que me harían y en que consistía, días después me hicieron una investigación aconsejándome lo que mejor me vendría. Fue todo muy rápido», confiesa Y.M.. La cirugía de reducción de pecho cada vez es más común entre las mujeres, «hay considerablemente más gente de la que nos pensamos que ha pasado o bien desea pasar por este proceso. Cada vez existen más gente que por problemas médicos o bien sencillamente por el hecho de que le molesta al efectuar sus actividades rutinarias, que decide llevarlo a cabo», explica Y.M. Esta clase de intervención no supone ningún peligro para la paciente y es de relativa sencillez, «es una operación en la que en exactamente el mismo día te marchas para casa», confesaba Y.M., al tiempo que contaba como fueron los días siguientes de la operación, «a las un par de semanas ya efectuaba actividades donde no se precisaba hacer un enorme esmero, absolutamente nadie supo que me había operado y absolutamente nadie me preguntó por este motivo. La cicatriz me dio un tanto más de guerra por el hecho de que me efectué la operación en pleno verano, mas por mes ya estaba de forma perfecta recuperada». Ahora, 12 años después, Y.M. es una mujer segura de sí que ha dejado atrás a esa pequeña llena de complejos y también inseguridades: «Fue una insensatez, cuando vi el cambio no creía que fuera , fue un cambio muy grande, además de esto como te debes poner sostenes que te oprimen un tanto o bien reductores me daba la sensación de que estaba hasta plana. Mas merced a los consejos de los especialistas me dejaron un tamaño acorde a mi cuerpo del que estoy muy contenta», concluyó.

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