El relevo del gerente del Vall d’Hebron, Vicenç Martínez Ibáñez, que se deberá aprobar el próximo jueves en el consejo de administración del Institut Català de la Salut (ICS), ha provocado una insólita rebelión entre los jefes de servicio de los hospitales del mayor centro sanitario público de Catalunya: 43 de los 48 jefes de servicio han pedido explicaciones por escrito a la consellera de Salut, Alba Vergés, al director del Catsalut, Adrià Comella, y al director del ICS, Josep Maria Argimon.
Martínez Ibáñez, designado por la conselleria de Boi Ruiz, será sustituido por Albert Salazar, actual gerente de Sant Pau.

Los jefes de Vall d’Hebron no entienden que el equipo dirigido por él y Ana Ochoa, directora asistencial, que ha dado la vuelta a su hospital para situarlo en el primer puesto, “delante del Clínic”, sea destituido fulminantemente sin siquiera consultarles. A ellos, que han pasado en estos cuatro años, según aseguran, de ocuparse exclusivamente de su servicio a participar activamente en cada cambio llevado a cabo en el hospital y en diseñar por dónde hay que ir.
“La participación de los médicos en el gobierno y la gestión de los hospitales es clave para facilitar su gobernanza y permiten encarar el futuro con las mejores garantías”, apuntan los 43 firmantes en su carta. A su entender, “la mayor participación de los profesionales en la toma de decisiones”–no sólo de médicos; han intervenido todos los estamentos implicados– “ha sido un aspecto importante del cambio de modelo aportado por Martínez Ibáñez”. Y por este motivo solicitan “que se tenga en consideración la opinión de los profesionales, que día a día velamos por la salud de nuestros pacientes”.

Jefes de servicio que prefieren no aparecer con sus nombres sostienen que ahora están en un hospital de verdad puntero y en el siglo XXI, y cómo todo el proceso de modernización se ha basado en un método que ha implicado y empoderado a todas las profesiones del centro y eso se refleja en los resultados sanitarios. Defienden que se han mejorado drásticamente listas de espera, la reducción del déficit, la relación del hospital con centros de apoyo y con la asistencia primaria, la mejora del flujo de pacientes y de la seguridad y la alianza con los mejores hospitales europeos. Ahora temen una marcha atrás, “que volvamos al viejo sistema de gestión”.

El responsable del ICS, Josep Maria Argimon, no aceptó la propuesta de Martínez Ibáñez de una transición en meses. Cree que se ha ido demasiada gente, que hay un cúmulo de pequeñas cosas que hacían difícil la continuidad.
En foros sanitarios se asegura que se está llevando a cabo cambios en todos los centros para asegurar directivos políticamente fieles.

Menos lista de espera

Una de las mejoras de la que hacen gala los jefes de servicio de Vall d’Hebron es haber conseguido reducir las listas de espera quirúrgica, de visitas y pruebas que se hallan fuera de los plazos de garantía establecidos por el CatSalut. En el 2015 un total de 1.500 pacientes (12% del total de la lista de espera) tardaban más de un año en operarse. A finales del 2018 quedaban 99 (un 0,9% de la lista de espera). El plazo de demora entre solicitud de asistencia y visita hospitalaria ha pasado de 175 días en el 2016 a 68 días en el 2019. El plazo de realización de pruebas clínicas ha pasado de 128 días en el 2016 a 54 días en el 2019. Para hacerlo posible ha habido un incremento anual consecutivo de la actividad, la productividad y el rendimiento de quirófanos, hospitales de día y consultas.

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