En septiembre del año pasado, un equipo internacional de astrónomos publicaba en «Nature» el descubrimiento de 2 enormes burbujas de electrones de alta energía surgiendo, por arriba y por debajo, justo del centro de la Vía Láctea. Medían cerca de 700 años luz, emitían en el rango de las ondas de radio y su tamaño proseguía incrementando.

No eran las primeras que se descubrían. En 2010, de hecho, ya se había encontrado algo, si cabe, todavía más impresionante: otras 2 exorbitantes burbujas, conocidas como «Burbujas de Fermi» en honor del instrumento empleado, el Telescopio espacial Fermi de Rayos Gamma, hechas de gas, polvo y rayos galácticos, surgiendo asimismo del centro galáctico tal y como si fuesen las alas de una gran polilla, una a cada lado de Sagitario A*, el orificio negro que reina en el centro de nuestra galaxia.

El origen de las enigmáticas burbujas
De punta a punta, la suma de esas 2 burbujas se extiende durante 50.000 años luz (cerca de la mitad del diámetro de la Vía Láctea), y se da la coyuntura de que emiten justo en el otro extremo del espectro que las 2 descubiertas en 2019, en el rango de los rayos X y Gamma. Ahora, en un artículo recién publicado en «The Astrophysical Journal», Ruiyu Zhang Fulai Guo, Del Observatorio Astronómico de Shangai, en China, han descubierto que todo podría estar relacionado.

¿De dónde vienen todas y cada una esas enigmáticas estructuras? ¿Y de qué manera se llegaron a formar? Realmente, se trata de una pregunta para la que todavía no hay una contestación. Ahora bien, los investgadores piensan que tanto las burbujas halladas el año pasado como estas, aparte de otras estructuras de radio y rayos X que rodean la Vía Láctea, tienen un origen común: una serie de explotes en Sagitario A*, o bien si se prefiere, una sucesión de «eructos de energía» que empezaron a generarse hace unos 6 millones de años.

A través de simulaciones informáticas, Ruiyu y Guo lograron probar que tanto las «burbujas de Fermi» como el resto estructuras detectadas podrían haberse formado al tiempo debido a una onda de choque masiva que partió del orificio negro. La onda pudo haber empezado cuando Sagitario A*, cuya masa equivale a la de 4 millones de soles, emitió súbitamente 2 enormes chorros de materia ionizada, lanzándolos en direcciones opuestas prácticamente a la velocidad de la luz. Los astrónomos han observado ya en otras galaxias, si bien no en la nuestra, chorros de energía de esa clase, si bien su origen prosigue siendo dudoso.

2 exposivas ondas de choque
Los estudiosos piensan que si aquellos chorros fueron los suficientemente anchos y energéticos, podrían haber creado ondas de choque gemelas que se extendieron de forma explosiva a través del gas caliente a cada lado del centro galáctico. Allá donde esas ondas de choque comprimieron y calentaron el gas, se formaron las extrañas estructuras de rayos X en forma de reloj de arena. Los bordes de las ondas de choque, expandiéndose por el espacio durante miles de años luz, formaron después las burbujas de Fermi. Conforme escriben Ruiyu y Guo en su artículo, todo el proceso habría durado más o menos un millón de años.

Conforme los estudiosos, la hipótesis de la onda de choque logra explicar múltiples peculiaridades del centro galáctico, incluídas las temperaturas exageradamente elevadas de las burbujas de Fermi y el hecho de que sus bordes inferiores se sobreponen y encajan con perfección con las estructuras de rayos X.

Lo que no se sabe todavía es qué fue lo que pudo provocar esas ondas de choque. ¿Quizás una «comida» demasiado rebosante? ¿O bien es posible que el resultado de un incremento repentino de nacimientos de estrellas alrededor del centro de la galaxia, lo que había aumentado el número de explotes de supernovas? Los científicos no están seguros. Lo que sí que saben es que, fuera lo que fuera, aquel acontecimiento liberó una cantidad de energía afín a la que el Sol emitirá a lo largo de su existencia, unos 10.000 millones de años…

Fuente: ABC.es

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