Hace algunos días tiraba trastos viejos y me encontré con uno de mis libros preferidos de la niñez, el «Atlas Visual del Espacio» (Bruño, 1992). Mientras que lo hojeaba para revisar cuánto ha avanzado la astronomía a lo largo de los últimos 30 años, me llamó la atención que el texto indicara que Júpiter y Saturno tienen 16 lunas y 18 lunas, respectivamente, por el hecho de que, en 2009, el número de lunas de Júpiter había ascendido hasta 63, quitando el título de «planeta con más lunas» a Saturno, con 61. En 2020, Saturno ha logrado remontar y sus 81 lunas ha superado las presentes 79 de Júpiter.Como podéis imaginar, la causa de estos «adelantamientos» no es que Júpiter y Saturno estén capturando lunas nuevas de manera continua en busca de la competición. Lo que pasa realmente es que nuestros telescopios son capaces de advertir cuerpos poco a poco más pequeños y sutiles orbitando cerca de estos planetas.

Lunas poco a poco más pequeñas

Las 4 lunas primordiales de Júpiter (Ío, Ganímedes, Europa y Calisto) se conocen desde los tiempos de Galileo por el hecho de que todas y cada una superan los tres.000 quilómetros de diámetro y reflejan suficiente luz solar para que aun los primeros telescopios pudiesen advertirlas con sencillez. En cambio, los otros 75 satélites de Júpiter que se han descubierto con los siglos, tienen diámetros inferiores a 250 quilómetros, y la mayor parte apenas alcanza los cinco quilómetros. En lo que se refiere a Saturno, la luna más pequeña de este planeta que se conoce a data de la publicación de este artículo (S/2009 S 1) tiene un diámetro aproximado de solo 300 metros. Por consiguiente, la existencia de estos cuerpos tan pequeños pasó inadvertida hasta el momento en que los telescopios mejoraron o bien los planetas fueron visitados por sondas espaciales.Ahora bien, mientras que se prosiguen descubriendo objetos nuevos dando vueltas cerca de estos gigantes gaseosos y su recuento de satélites naturales aumenta, resulta conveniente proponerse si se debería establecer un diámetro mínimo a fin de que un objeto pueda ser considerado como «luna». Al fin y a la postre, si ese límite inferior no existe, cada uno de ellos de los millones de fragmentos enanos de hielo y roca que componen los anillos de Saturno entrarían en esta categoría… Y, si bien la idea de que Saturno tenga millones de lunas no es objetivamente errada, semeja retar el los pies en el suelo.Por desgracia, la definición actual de «luna» es bastante insatisfactoria.

Un límite sin definir

En primer sitio, conforme la Unión Astronómica Internacional (UAI), es admisible llamar «luna» a cualquier satélite natural de un planeta. Además de esto, en su hoja de «Preguntas y Respuestas» sobre la definición de «planeta», la organización afirma lo siguiente con respecto a lo que se puede estimar un «satélite natural»:Un objeto en órbita cerca de un planeta se puede estimar un satélite del planeta si el punto que representa su centro de gravedad común (su “baricentro”) está localizado dentro del planeta.IAU for the public: Frequently Asked QuestionsEsta definición ayuda a establecer un límite superior a lo que se puede estimar una luna por medio de su masa. Por servirnos de un ejemplo, el mayor satélite natural de Plutón, Caronte, es tan grande que los 2 objetos dan vueltas cerca de un centro de gravedad común ubicado en la mitad del espacio que los aparta (como se aprecia en la animación de este link). Este detalle transformaría al sistema que forman Plutón y Caronte en un «planeta enano doble», si bien la UAI todavía no ha admitido este término.En cambio, la UAI no ofrece ninguna pista en el momento de acotar cuáles son los objetos más pequeños que se pueden estimar lunas. La única información a este respecto que he podido hallar y que proceda de un organismo dedicado a la astronomía aparece en otra sección de «Preguntas y Respuestas», esta vez de la NASA, de 1999. Ante el interrogante «¿de qué forma distingues entre una luna y una partícula de los anillos [de Saturno]», la contestación es la siguiente:Existen diferentes fuerzas que actúan sobre las partículas de todos y cada uno de los tamaños y alteran sus órbitas. Si no puedes rastrear un objeto y pronosticar su camino orbital, entonces seguramente no habría de ser considerado una luna.NASA Quest: Questions and Answers about Saturn’s MoonsEste razonamiento es lo suficiente sólido para tirar por tierra de forma objetiva la posibilidad de que Saturno tenga millones de lunas. Incluso de esta manera, tanto Saturno como Júpiter podrían estar rodeados de cientos y cientos de objetos de pocas decenas o bien cientos de metros de diámetro que sí tienen órbitas estables y podrían proseguir considerándose lunas. Es verdad que los astrónomos frecuentemente se refieren a estos satélites naturales particularmente pequeños como «lunas menores», mas hay un límite oficial que defina cuál es el tamaño máximo de los objetos que pertenecerían a esta categoría.

Propuestas y soluciones

Varios autores han propuesto cambios a las definiciones de la IAU que las harían más precisas. Por servirnos de un ejemplo, en 2017, David G. Russell arguyó que la Luna podría ser considerada un planeta bajo la definición actual de «luna» y planteó 2 nuevos términos: planeta satélite (cuerpos lo suficiente masivos para tener forma esférica que dan vueltas cerca de un cuerpo más grande) y satélite (cuerpos sin suficiente masa para adoptar forma de esfera que orbitan un cuerpo mayor). Exactamente el mismo año, Kirby Runyon et al. ofrecieron una definición geofísica de planeta bajo la que muchos cuerpos del sistema solar que estimamos satélites pasarían a clasificarse como planetas. Mas, nuevamente, estas definiciones se centran en poner un límite superior de tamaño a lo que se puede estimar una luna, en vez de uno inferior.O sea, que, si bien Saturno vaya por delante de Júpiter en lo que se refiere al número de satélites naturales de los que tenemos perseverancia, no se sabe cuántas potenciales lunas ignotas podrían estar orbitando cerca de cada uno de ellos. Lo que sí sabemos es que, conforme las mejoras tecnológicas dejen descubrir objetos poco a poco más pequeños en las proximidades de estos gigantes gaseosos, el recuento de lunas proseguirá incrementando. Por consiguiente, la competición sigilosa por el título de «planeta con el mayor número de lunas» seguirá hasta el momento en que se hayan descubierto todos de esos cuerpos diminutos… O bien hasta el momento en que la UAI decida establecer un diámetro o bien una masa mínimos entre los requisitos que debe cumplir un cuerpo a fin de que sea considerado una luna.

QUE NO TE LA CUELEN:

A veces se presenta al asteroide (3753) Curinthe como el «segundo satélite de la Tierra». Realmente, este asteroide no orbita nuestro planeta, como la Luna. En su sitio, sencillamente semeja que el asteroide nos «persigue» por el hecho de que da vueltas alrededor del Sol con exactamente el mismo periodo orbital que la Tierra y cruza nuestra órbita.

REFERENCIAS (MLA):

Fuente: larazon.es

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