Resulta bastante difícil imaginar nuestro cada día sin preguntar nuestra bandeja de e mails o bien mandar un whatsapp de buena mañana; y es que la tecnología lleva años formando una parte de nuestra vida rutinaria. Es una realidad: la tecnología ha venido para quedarse y, ¡menos mal! ¿Os imagináis regresar cara atrás?Vivimos en plena era de la información y somos testigos de la transformación y el impacto de la tecnología. Cambia el planeta en el que vivimos y con esto, las compañías en las que trabajamos. ¿Asimismo cambiamos los trabajadores? ¡Lógicamente! Y, por esta razón, no podemos quedarnos fuera. Debemos subirnos al tren de la tecnología y familiarizarnos con las nuevas activas de trabajo y de acceso al mercado de trabajo.La velocidad del avance de la tecnología es mareante y todavía no somos siendo conscientes de todo cuanto conseguiremos de su mano. Si ya ha alterado la vida de muchos de nosotros, imaginad de qué manera va a ser en unos años. Las nuevas tecnologías tienen el don de poner a todo el mundo al mismo nivel, sin importar lo más mínimo las etiquetas que les marca la sociedad en su día a día. No solo mitigan las debilidades, sino se transforman en un enorme aliado en el momento de buscar empleo o bien socializar con otras personas. Las redes sociales, por servirnos de un ejemplo, han tolerado que bastantes personas, ya antes apartadas y sin vida social, consigan conectar con otras personas con quien compartir intereses. De determinado modo, la tecnología abre la puerta a aquellos que a lo largo de un buen tiempo han sido apartados al aislamiento. Además de esto, nos brinda la posibilidad de medrar y fortalecer nuestro talento y capacidad de innovación para lograr nuestras metas y objetivos.Nuestro mercado está marcado por la transformación, la volatibilidad y la dificultad, y es responsabilidad de las compañías y los trabajadores saber administrar las tendencias tecnológicas que están moldeando nuestras empresas y nuestra sociedad. Entre estas tendencias se halla el desarrollo de la inteligencia artificial, como el predominio de ecosistemas digitales, conexiones recónditas, nuevos puestos e inclusive, la creación de nuevos campos. En estas tendencias, asimismo hay un margen enorme de inseguridad y aún muchas son las cosas por explorar.Sin embargo, no se debe olvidar que el avance en tecnología debe ir a la par del progreso en el aspecto más humano, puesto que las nuevas tecnologías no compensarán por si acaso solas los fallos y inconvenientes sociales. En este sentido, si bien la tecnología se presenta como un acelerador de la incorporación de las personas con discapacidad y, por lo general, un facilitador de la calidad de vida de las personas, la sensibilización y concienciación social prosiguen siendo los 2 grandes pilares que trabajar. Solo mediante una educación en valores donde reinen la empatía y el respeto a la diversidad, conseguiremos que la tecnología avance en el camino de la igualdad de condiciones.Gracias a las nuevas tecnologías muchos procesos se han visto facilitados. No obstante, no todo el planeta participa en esta revolución tecnológica por igual. La brecha digital prosigue siendo muy grande y aún hay personas que viven desconectadas y no por elección. Estar conectados es un derecho y, en lo que concierne a las personas con discapacidad, todavía muchas son las barreras presenten que complican la conectividad y su experiencia de usuario. La tecnología está consiguiendo producir un cambio en la estructura de nuestra sociedad y asimismo en la incorporación de las personas con discapacidad.

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