La parálisis cerebral infantil consiste en un trastorno del movimiento y el tono muscular. Esto es consecuencia de un proceso que daña el cerebro que se está desarrollando a lo largo de la gestación, ya antes del nacimiento. Los síntomas son perceptibles a lo largo de los primeros años de vida. Generalmente, el más conocido es el mal funcionamiento de todo lo relacionado con el movimiento, incluyendo rigidez en brazos y piernas, movimientos reflejos involuntarios, contrariedades al pasear o bien trastornos de conducta entre otros muchos.
Asimismo posiblemente el enfermo tenga inconvenientes para tragar. En todo caso, los síntomas son muy diferentes y afectan de una forma diferente a cada paciente. Afecta a entre un dos y tres de cada 1000 nacidos vivos.

Causas de la parálisis cerebral infantil

Anomalía a lo largo del desarrollo del cerebro

La parálisis cerebral está ocasionada por una anomalía en el desarrollo del cerebro que se genera la mayoría de los casos a lo largo del embarazo. Los factores de peligro de aparición de parálisis cerebral pueden ser prenatales, por problemas médicos de la madre como infecciones, perturbaciones de la placenta, traumatismo o bien inconvenientes de tensión entre otros; en torno al nacimiento (perinatales) como bebé prematuro, bajo peso, transmisión de infecciones en el instante del parto, hemorragia intracraneal; o bien postnatales como deshidratación grave, traumatismo craneal, conmociones, parada cardiorrespiratoria o bien intoxicación.

Ciertos factores son:
– Un gen mutante.
– Ausencia de oxígeno en el cerebro por dificultades a lo largo del parto.
– Traumatismo a consecuencia de un accidente de la madre.
– Infecciones en la madre a lo largo de la gestación (sarampión, varicela, herpes, sífilis, toxoplasmosis …).
– Ataque cerebral prenatal.
– Infección ocasionada por el virus zika.
– Meningitis bacteriana contraída por el bebé.
– Parto prematuro.
– Incompatibilidad de conjunto sanguíneo y del Rh entre la madre y el embrión.
Además de esto, los enfermos de parálisis cerebral tienen más peligro de contraer otras enfermedades y trastornos como: desnutrición, depresión, trastornos respiratorios, artrosis y inconvenientes de visión.

La parálisis cerebral infantil se clasifica conforme la gravedad de la afectación: leve, moderada, grave o bien profunda, o bien conforme el nivel funcional de la movilidad: del nivel I al nivel V.

Síntomas de la parálisis cerebral infantil

Gran pluralidad de síntomas

Hay un sinnúmero de síntomas que pueden aparecer asociados a la parálisis cerebral infantil:
– Rigidez en las extremidades.
– Movimientos reflejos involuntarios (espasticidad).
– Flaccidez muscular.
– Ausencia de coordinación muscular (ataxia).
– Temblores.
– Complicad para pasear.
– Lentitud extendida.
– Complicad para tragar.
– Babeo.
– Discapacidad intelectual en diferentes grados.
– Incontinencia urinaria.
– Inconvenientes para charlar.
Estos síntomas pueden afectar a todo el cuerpo o bien solo a una parte.

Diagnóstico de la parálisis cerebral infantil

Examen visual y análisis

El diagnóstico puede llegar ya antes del parto, justo después del mismo o bien un tiempo después en dependencia del nivel de afectación del cerebro. El médico observa los síntomas y, además de esto, precisa diferentes análisis para conocer el estado real del pequeño.

Tratamiento y medicación de la parálisis cerebral infantil

Atención médica prolongada

Tratándose de un trastorno que provoca muchos inconvenientes en diferentes unas partes del cuerpo y a lo largo de toda la vida, en general se ven implicados diferentes especialistas como pediatras, neurólogos, fisioterapeutas, cirujanos, logopedas o bien siquiatras. Además de esto, el tratamiento incluye una enorme pluralidad de fármacos para combatir la enorme cantidad y diversidad de síntomas.

Prevención de la parálisis cerebral infantil

Intentar reducir los peligros

No hay forma segura de eludir la parálisis cerebral infantil, mas existen una serie de medidas para reducir los peligros por la parte de las mujeres embarazadas. Por servirnos de un ejemplo, es esencial haber recibido las vacunas precisas y, sobre todo, asistir al médico con determinada frecuencia para conocer el estado general de salud de la madre y del embrión.

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