Carles Puigdemont no se plantea retornar a España para encarar sus cuentas pendientes con la Justicia si bien por último el dictamen del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) le reconozca la ansiada inmunidad parlamentaria como eurodiputado de pleno derecho. Fuentes cercanas al ex- presidente de la Generalitat aseguran, por una parte, que retornar en esas condiciones «lanzaría el mensaje al Parlamento Europeo de que ha venido solo para usar a la corporación para lograr la inmunidad y poder regresar». Y esgrimen, además de esto, razones de seguridad por «los inconvenientes de orden público que podríamos tener en Cataluña a lo largo de las 24 horas que estuviera a predisposición del juez Llarena». Esas mismas fuentes cuestionan incluso «que se le pudiera detener y ponerle a predisposición judicial» una vez adquirida la condición plena de eurodiputado.«No nos hemos planteado un posible regreso», aseguran esas mismas fuentes, que subrayan que Puigdemont «no debe volver por sensatez personal, política y jurídica» pues «tendría mucho más que perder». «No es una persona arrogante y es perfectamente consciente de que no puede cometer una provocación así». Porque, en definitiva, hacen hincapié, «con ser eurodiputado le vale. Esa es la victoria». No en balde, el equipo jurídico del ex presidente de la Generalitat está convencido de que, si se le reconoce la inmunidad parlamentaria, la Justicia belga no tendrá más remedio que rechazar la euroorden cursada contra él, lo que frustraría su entrega a España.En el entorno del ex president afirman que ni siquiera ha valorado la posibilidad de que, una vez detenido y conducido ante el magistrado del Tribunal Supremo (TS) Pablo Llarena, instructor de la causa del «procés», esperase en libertad a que se resolviese la petición a la Eurocámara del suplicatorio que dejase en suspenso su inmunidad para poder proceder contra él. «Es inviable», apuntan. «No hay un clima de confianza que sustente esa hipótesis», abundan expresando el temor a que se acordase su prisión provisional.Al margen de esas motivaciones, en el entorno de Puigdemont consideran que volver a España revestido de la inmunidad sería «una chulería innecesaria» y, de manera más prosaica, se hace una pregunta retórica: «¿Para qué quieres incendiar Roma si puedes terminar también en la hoguera?».El líder soberanista es consciente además de que si el TJUE acoge los argumentos del abogado general del eurotribunal y le reconoce la inmunidad «se suavizaría su exilio porque podría viajar por todo el mundo y no le podrían detener».Puigdemont se plantea dos escenarios separados por «un mes y medio» en el calendario y siempre con el Tribunal de Justicia de la UE como protagonista. El primero pasa por que el TJUE se pronuncie antes de Navidad sobre la inmunidad de Oriol Junqueras (resolviendo la cuestión prejudicial planteada por el tribunal del «procés» sobre el alcance de esa prerrogativa). Si reconoce, como sostiene el abogado general, que el líder de ERC gozaba de inmunidad desde la celebración de los comicios europeos pero que al haber sido ya condenado a una pena de inhabilitación ha decaído el objeto del proceso, el ex president cantará victoria. Al no estar condenado, considera que esa resolución supondría el reconocimiento de su inmunidad sin esperar a que el TJUE se pronuncie sobre su denuncia contra el Parlamento Europeo por negarle el acta de eurodiputado. «Con la inmunidad reconocida, la OEDE debería rechazarse y el Tribunal Supremo se vería obligado a pedir el suplicatorio a la Eurocámara», argumentan. De ahí que en la vista que se celebrará el próximo día 16 en Bruselas para abordar la euroorden contra Puigdemont, sus abogados tengan pensado solicitar un nuevo aplazamiento hasta que hable el TJUE, una posibilidad que, según fuentes jurídicas, está dispuesta a secundar la Fiscalía belga.«Una vía dolorosa»En el entorno de Puigdemont dudan aun de que el juez Llarena diese el paso de solicitar al suplicatorio, un procedimiento de meses que, hacen hincapié, «supone un juicio al juicio en el que se valora todo» y que, aventuran, podría convertirse en «una vía dolorosa».El segundo escenario, en el que el TJUE no se pronunciaría sobre el objeto de la cuestión prejudicial «obligaría a esperar a su decisión sobre nuestra demanda contra el Parlamento Europeo», que llegaría ya a comienzos de 2020. En ese caso, creen que la tramitación de la OEDE debería aplazarse hasta conocer esa resolución, que si avalase la negativa de la Eurocámara a reconocer a Puigdemont la condición de eurodiputado dejaría al líder de JxCat en manos de la Justicia belga. Si, por el contrario, acreditara que como parlamentario está revestido de inmunidad, sería el Tribunal Supremo el que tendría que pedir el suplicatorio para proceder contra él.Con estas premisas, explican, la reciente citación del Tribunal de Cuentas para el próximo 28 de enero para dar cuenta de los gastos del 1-O no cambia nada. Puigdemont no tiene intención de acudir, aunque para entonces podría haber ya decisión de la Justicia europea.En todo caso, Puigdemont y su ambiente están persuadidos de que, si se rechaza la OEDE, sus inconvenientes con la Justicia de España «solo se pueden solventar judicialmente cuando se pronuncie a este respecto Estrasburgo (el Tribunal Europeo de Derechos Humanos)», algo que, alardean, «el Estado de España tiene asumido».

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