Prudencia y discreción. El Gobierno ha impuesto la máxima precaución frente a la consulta que ERC lanzó a sus bases y que el día de ayer se resolvió con un rechazo masivo a respaldar la investidura de Pedro Sánchez, si ya antes no media una mesa para la negociación para abordar el «conflicto político en Cataluña». En un primer instante, este movimiento produjo cierta preocupación dentro del Partido Socialista Obrero Español, una sensación que se fue diluyendo conforme se contextualizaba el interrogante y se advertía en ella la suficiente vaguedad y un extenso margen temporal –quedan por lo menos 3 semanas para el discute de investidura–como para «anularla» en futuras conversaciones que se van a abrir desde esta semana.Se ha respetado el «proceso interno», dejando charlar a las bases de ERC, mientras que paralelamente no se ha parado de avanzar, aseguran. Adriana Lastra (Partido Socialista Obrero Español) y Gabriel Granuja (ERC) han mantenido un contacto incesante y acordaron los equipos que aceptarán las negociaciones: les van a acompañar Salvador Illa (PSC) y José Luis Ábalos, por la parte socialista, y la secretaria general anexa de ERC, Marta Vilalta, y el arquitecto técnico del 1-O bien, Josep Maria Jové, por la parte soberanista.Escuchada la militancia, con la excepción de que su resolución no es vinculante, se empezará a trabajar desde este momento en el acercamiento para lograr un apoyo de los republicanos, que se antoja «difícil, mas no imposible». Los socialistas muestran en privado su «máxima disposición» a lograr un pacto, si bien existe preocupación, pues son siendo conscientes de que la capacitación de Oriol Junqueras no va a dar «gratis» sus votos –como sí ofreció hacer en julio– y si se sostiene en máximos que incluyan el referendo o bien la amnistía, no va a haber pacto.Entienden, también, que el resultado de la consulta les da una especie de empoderamiento, una situación de fuerza para asistir a las negociaciones y aguardan que sus situaciones se puedan modular durante exactamente las mismas. Cuánto se extiendan estas negociaciones es lo que hace a los socialistas rebajar ya la expectativa de que Sánchez pueda ser ungido ya antes de Navidad. La apuesta la elevó el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonés, en una tribuna en «La Vanguardia» en la que apuntó que las «cuatro patas» de la mesa para la negociación pasan por un diálogo entre gobiernos, sin condiciones y donde se pueda charlar de todo, con un calendario claro y con garantías de cumplimiento de los pactos que se puedan lograr.Desde el independentismo se demanda un «gesto indudable de compromiso» que evitan precisar y desde el Partido Socialista Obrero Español tampoco se desvela cuál va a ser la «contraoferta» de diálogo. La consigna es no dar pasos en falso ni adelantar movimientos que puedan dar al garete con la negociación. Dotan de máxima trascendencia los contactos que van a arrancar de forma previsible este jueves y en los que aguardan ver a una ERC sin la sobreactuación discursiva a la que le fuerza, cara la opinión pública, el contexto actual del independentismo.Los socialistas encuadran las menciones al referendo y la amnistía como el protejo argumental que los republicanos precisan imponer –ante los suyos y frente al campo del soberanismo dirigido desde Waterloo– para eludir padecer un alto costo electoral caso de que se deje la investidura.¿Estás conforme con rehusar la investidura de Sánchez, si anteriormente no hay un pacto para abordar el enfrentamiento político con el Estado mediante una mesa para la negociación?La preguntaMás allí de encuadrar estos pronunciamientos altisonantes en el juego de presiones del independentismo y establecer unas situaciones maximalistas que confían se puedan modular en la mesa para la negociación, en el Partido Socialista Obrero Español existen carices de optimismo en el momento de enfrentar las conversaciones. Valoran muy de forma positiva que ERC haya querido articular el diálogo en 2 fases: una primera en la que Partido Socialista Obrero Español y ERC aborden la investidura y definan los compromisos que se deben cumplir a fin de que los republicanos se abran a abstenerse, y una segunda fase en la que se establezca una mesa para la negociación entre gobiernos para buscar una solución al enfrentamiento en Cataluña. Para lo que debe existir un gobierno con plenas capacidades y, por consiguiente, ya ungido.Esto supondría regresar a Pedralbes, una vía que los socialistas ya han recorrido. Considerablemente más viable que ver nuevamente un «face to face» entre Pedro Sánchez y Quim Tuesta, es que quienes se reúnan sean Carmen Pelado y Pere Aragonès, como ya han hecho en otras ocasiones.En cualquier caso, desde el Partido Socialista Obrero Español se tira de programa electoral y se recuerda que en su oferta política para el 10-N ya estaba prevista esta interlocución. Específicamente, se refieren al punto que hacía referencia a que se abordaría el «conflicto de convivencia en Cataluña impulsando el diálogo entre catalanes y entre el Gobierno de España y el de la Generalitat, siempre y en toda circunstancia en la Constitución».

Dentro de la Constitución

Este último matiz no es menor. Los socialistas solo ponen un límite al diálogo y es la ley. «No podemos impedir que pongan el referendo o bien la amnistía sobre la mesa para la negociación, mas ante eso han de saber que no va a haber recorrido que esté fuera de la Constitución», apunta una fuente socialista. Esto supone que, aunque en el marco de ese diálogo los independentistas procuren imponer un orden del día con esta temática, el Gobierno no transigirá.«No cabe ninguna duda de nuestra posición», refuerzan, en clara alusión a que los propios soberanistas saben que ese camino no se marcha a recorrer. El formato que tenga este diálogo podría enmarcarse en las comisiones bilaterales que se recobraron en la pasada legislatura y que tuvieron como pináculo la cima de Pedralbes.Mientras todo esto se específica, los socialistas catalanes penetran en escena y aportan su grano de arena para intentar allanar la ruta cara la investidura, repicando su apuesta por la «plurinacionalidad» y la consideración de Cataluña como «nación de naciones».Cierto es que no se trata de una apuesta novedosa y oportunista por la parte del PSC–pues la han protegido con impetuosidad, aun eludiendo que Sánchez la retirara del programa electoral del 10-N–pero, en cualquier caso, resulta apropiada para lanzar un guiño a ERC, cuando sus bases dan la espalda de partida a la investidura de Sánchez y las situaciones se tornan más distanciadas si cabe.

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