Porsche, la seducción de James Dean

Publicado el Por Julio Gracia


James Dean forma parte de ese grupo de personajes que marcan una época, que en cierta forma han seducido a toda una generación. Dean es un icono, el símbolo de una América fuerte y frágil al tiempo, transportada al mundo entero por la magia de Hollywood. Un icono de la juventud eterna….

Como sucede a menudo con este tipo de personajes excepcionales, la vida de James Dean no le predestinaba a lo que, finalmente, sería. Desde luego los inicios no pudieron ser más caóticos, más contradictorios. En su Indiana natal, recibe una educación marcada por la comunidad cuáquera de Fairmont, la ciudad de sus años de estudiante. Una ciudad adoptiva, donde recaerá tras una breve estancia en Los Ángeles donde, con tan solo 9 años, perdería a su madre. Le apasionaba el baloncesto, pero no será su talla sino su miopía la que terminará con sus sueños de competición. Y retorna a Los Ángeles, donde el teatro le abre las puertas de su segunda vocación: James quiere ser actor.

Luego vendrá Nueva York, el Actor’s Studio, Broadway, el mundo de la publicidad, la televisión y, finalmente, el cine donde el gran público le descubre en «Al este del Edén» (1955) dirigido por Elia Kazan.

Tiene solo 24 años, y seduce a millones de jóvenes. Y, a su vez, se ve seducido por la velocidad en dos (Triumph Tiger T110, TR5 Trophy) o cuatro ruedas. Su primer deportivo sería un pequeño MG TD Midget, un popular sport británico al que amaron muchos jóvenes americanos antes y después de la II Guerra Mundial.

Un Speedster blanco

Pero lo sustituye pronto por un Porsche 356 Speedster Super, de color blanco, que ha comprado en Hollywood, en una tienda llamada Competitions Motors.

El 356 Speedster es una idea de Max Hoffman, importador americano de la marca. Tras el poco éxito del 356 1500 America Roadster de 1952 (demasiado caro), Hoffman les propone a los técnicos alemanes un coche sin ningún equipamiento (hasta el parabrisas se ha reducido a la mínima expresión), pero muy ligero para así sacar un rendimiento asombroso a su pequeño motor flat de cuatro cilindros y 55 o 70 CV de potencia. Ha nacido el Speedster. Y el éxito es inmediato, sobre todo en California, y se le puede ver tanto en las calles de Hollywood como en competición. Esta doble faceta atrae a muchos compradores.

James Dean es uno de ellos. Su idea era participar el algunas de las carreras que se organizaban en la época utilizando pistas de aeropuertos. Estaban abiertas a pilotos aficionados que podían participar con sus coches de calle, encuadrados en diferentes categorías. A modo de «entrenamiento», recorría a toda velocidad los alrededores de Hollywood: se cuenta que en la primera semana hizo mil millas al volante de su nuevo Porsche.

Y si bien su presencia en las carreras era vista, al principio, con cierto escepticismo por muchos otros pilotos, pronto se vería que no solo estaba loco por la velocidad, sino que también tenía talento. Tres carreras en la temporada de 1955 (Palm Springs en marzo, Bakersfield en abril y Santa Bárbara en mayo), una victoria de clase, y remontadas espectaculares, hicieron que muchos cambiaran sus prejuicios respecto al actor. Pero a Dean le faltaba formación y experiencia como piloto. Y el coche pagó estas carencias. En la última carrera, el motor diría basta por culpa de o varios sobre regímenes.

Estas primeras experiencias como piloto se ven frenadas por el rodaje de «Gigante», pues las aseguradoras no quieren riesgos y le prohíben correr. Pero una vez terminada la película, Dean sueña con volver a participar en carreras. Vende su 356 Speedster, y encarga ya un coche más pensado para la competición, un Lotus Mk IX. Pero su entrega se retrasaba, y decide adquirir un Porsche, un 550 Spyder. También se trata de un coche que, si bien está homologado para circular por la calle, está concebido para correr (se ilustrará en pruebas de prestigio como Le Mans o las Mil Millas, entre otras), del que Porsche fabrica tan solo ochenta y dos unidades. Su pequeño motor de 1.5 litros da 110 CV que han de mover tan solo 550 kilos en vacío: una excelente relación peso-potencia de la que los técnicos de Stuttgart son maestros.

Un socio llamado Lew Bracker

Dean tenía muchas ilusiones no solo por este coche sino también por la marca Porsche, hasta el punto que pensaba abrir un garaje que llevaría el nombre de «James Dean Motors». Para ello contaba como socio con su amigo Lew Bracker que, por cierto, publicó en 2011 un interesante libro titulado «Jimmy and Me: A Personal Memoir of James Dean».

Bracker, en principio, no tenía ningún interés en los coches deportivos ni en las carreras, ni siquiera sabía que era un Porsche antes de conocer a Dean: «Me gustaban los convertibles Buick «, ha comentado en alguna ocasión. Su trabajo en una aseguradora que trabajaba con compañías cinematográficas, le llevó a entablar relación con James Dean. Y sería el actor el que le introdujo en el mundo de las carreras.

Dean, rodeado de gente que no siempre le decía la verdad, apreciaba la honestidad de Bracker. Un día le dio una vuelta por los estudios en su MG, y Bracker le dijo: «hace mucho ruido, pero no va a ninguna parte». Jimmy calló, pero unos días después, llegó a casa en el Porsche Speedster Super (70 CV) de color blanco. Y Bracker, que era el primero que había visto en su vida, le espetó: «Parece una bañera al revés». Pero poco después Bracker vendió el Buick y se compró otro Speedster e inició con una brillante carrera de piloto. Incluso luego compraría el Speedster Super del actor. Sus buenos resultados llamaron la atención al equipo de carreras de fábrica de Porsche, que en 1957 hizo una oferta para que Bracker compitiera en Europa, a lo que el rehusó por temas familiares.

Pero volvamos a nuestro relato. Precisamente Bracker, fue el que un día vio el Porsche 550 en el escaparate de «Competition Motors» y se lo contó al actor. A la tarde siguiente, Dean apareció al volante del coche, al que bautizó como «Little Bastard» (el pequeño bastardo), una expresión que utilizaban muchos pilotos de pesados deportivos americanos cuando se veían superados por los ligeros Porsche.

Camino de Salinas

En la mañana del jueves 30 de septiembre de 1955, Dean y un equipo de tres personas, incluido el mecánico alemán Rolf Wütherich, un antiguo aviador de la Luftwaffe, piloto de carreras e ingeniero de fábrica de Porsche que se hizo amigo de Dean en una carrera, partieron de Burbank en un coche que arrastraba un remolque sobre el que habían situado el 550 Spyder. Se dirigían a Salinas para un fin de semana de carreras, y Dean estaba ansioso por correr con su nuevo 550 spyder.

Tras parar en una gasolinera, Dean bajó el Porsche del remolque. Quería hacerse a sus reacciones. Wütherich se sentó en el asiento del pasajero, para poder aconsejar al actor sobre los puntos más delicados de la conducción del automóvil y al tiempo comprobar que no hubiera ningún problema mecánico.

Mucho se ha escrito sobre lo que ocurrió en la intersección de la Ruta estatal 46 (entonces Ruta 466) y la Ruta estatal 41 en Cholame, California. Pero nuestra historia termina unos segundos antes, unos metros antes, con un James Dean al volante de su Porsche, vital y eternamente joven.


Fuente: ABC.es .

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *