Los mosquitos transmiten enfermedades a más o menos 100 millones de personas de año en año y sus picaduras han condicionado la historia de la humanidad. Hay más o menos tres 500 especies de mosquitos en el mundo entero. La enorme mayoría son generalistas que pican a cualquier vertebrado que hallan a su paso.

Las enfermedades humanas trasmitidas por mosquitos las provocan apenas doce de especies de 3 géneros (Aedes, Anopheles y Culex), que han evolucionado para elegirnos particularmente merced al dióxido de carbono que emitimos y a nuestros efluvios anatómicos.

¿Por qué razón ciertos mosquitos se han experto en picar a los humanos?

La mayor parte de los estudiosos considera que especializarse en las personas no habría supuesto ninguna ventaja particular para los mosquitos ya antes del desarrollo de las etnias sedentarias hace más o menos 10 000 años. Una vez asentadas, las poblaciones humanas podrían haber proporcionado un recurso simple, seguro y siempre y en toda circunstancia libre, en contraste al de otros conjuntos de animales migratorios que solo garantizan sangre estacionalmente.

Los datos genómicos son consistentes con la hipótesis de que los conjuntos de mosquitos expertos en humanos evolucionaron en ese periodo cultural. No obstante, la cuestión es qué compensaciones fisiológicas, anatómicas, morfológicas y conductuales indujeron a que ciertos mosquitos escogieran picar a los humanos y a no hacerlo en los animales familiares que nos acompañan desde mucho ya antes de transformarnos en sedentarios.

Los mosquitos expertos en humanos no se restringen solo a picar a las personas, sino asimismo tienden a reproducirse en hábitats cambiados por el hombre. Depositan sus huevos en el agua y los humanos somos los únicos animales que manipulamos el agua para extraerla, encauzarla y amontonarla para consumo familiar. De ahí que, no han faltado especulaciones sobre que la dependencia reproductiva de los mosquitos a las fuentes humanas de agua, particularmente en zonas áridas, asimismo podría haber desempeñado un papel clave en la especialización de esos dípteros.

¿Por qué razón ciertos mosquitos nos hallan irreprimibles, al paso que otros no nos prestan atención?

Para contestar a esa pregunta, un equipo de estudiosos de la Universidad de Princeton (EE. UU.) desarrolló en el África subsahariana un proyecto basado en la recogida de puestas de Aedes aegypti. Fue una buena elección por el hecho de que, aparte de ser uno de los mosquitos expertos en humanos más temibles como responsables del zika, de la fiebre amarilla y del dengue, sus poblaciones se dividen en 2 subespecies.

La subespecie aegypti prospera en los hábitats urbanos tropicales de América y Asia, donde se ha experto en picar a los humanos hasta el punto de que el 95 % del comestible de las hembras, que son con fuerza atraídas por nuestro fragancia anatómico, procede de sangre humana.

En cambio, las hembras de las poblaciones generalistas de la subespecie formosus tienden a preferir el fragancia de otros vertebrados no humanos de cuya sangre se alimentan. Se considera que el especialista antrópico evolucionó de ancestros generalistas africanos hace entre cinco 000 y 10 000 años, probablemente en el norte de Senegal o bien de Angola.

Como todos y cada uno de los mosquitos, las dos subespecies depositan sus huevos en el agua, con lo que los estudiosos empezaron poniendo miles y miles de ovitrampas, unas pequeñas tazas llenas de agua y hojas sucias que simulan los remansos de agua mojada que forman el hábitat ideal de puesta.

Para conseguir muestras significativas de los diferentes entornos en los que se reproducen los mosquitos, las ovitrampas se pusieron cerca de grandes núcleos de población (en urbes de hasta más de dos 000 personas por km²) y en áreas despobladas cubiertas de flora natural en las que los mosquitos pocas veces tropiezan con personas. Asimismo englobaron una extensa gama de tiempos, desde hábitats semiáridos con lluvias estacionales hasta ecosistemas forestales con lluvias a lo largo de todo el año.

En conjunto, se recogieron huevos de mosquitos en 27 localidades diferentes. Una vez secos, los huevos se comportan como semillas: pueden continuar en estado de latencia a lo largo de 6 meses o bien un año ya antes de eclosionar. Esto dejó su traslado a Princeton con la meta de criar nuevas poblaciones en condiciones de laboratorio.

Esquema del olfatómetro empleado en la investigación.Obtenidas estas, los estudiosos tentaron a los insectos con olores provenientes de humanos y de conejillos de indias. El experimento consistió en edificar lo que podríamos llamar un olfatómetro: una enorme caja de plástico llena de mosquitos, con 2 cilindros extraíbles. Al tiempo que en uno se ponía un conejillo de indias, uno de los estudiosos introducía su brazo a lo largo de múltiples horas en el otro. Uno y otro cebo olfativo estaban protegidos de las picaduras directas por unos filtros que impedían el paso de los insectos.

Pocos minutos tras poner los cilindros con sus respectivos cebos, los mosquitos entraban por uno o bien otro cilindro. Trascurrido un tiempo, se retiraban los cilindros para contar cuántos habían escogido uno o bien otro. Los resultados descubrieron que a los mosquitos provenientes de áreas muy pobladas les agradaban más los efluvios humanos. El resultado más revelador estaba relacionado con el clima: los mosquitos que procedían de lugares que presentaban una estación lluviosa seguida de una estación de sequía, larga y calurosa, preferían a los humanos.

(A) La preferencia por los humanos se acrecienta significativamente con el incremento de la densidad de población y en hábitats con lluvias enormemente estacionales (B), al paso que reduce en hábitats con más lluvia en la temporada más cálida del año (C). Las variables climáticas en (B) y (C) se pueden conjuntar en un índice de intensidad total de la estación seca (D). El color y el tamaño del punto corresponden a la estacionalidad de precipitación (escala en C) y a la densidad de la población humana (proporcional a la escala en A), respectivamente. Cambiado y traducido desde la publicación original.El porqué de esa contestación puede estar relacionado con el ciclo vital de los mosquitos. Aedes aegypti pone sus huevos justo sobre la superficie del agua en orificios de árboles, oquedades y grietas de rocas o bien en recipientes artificiales. Si los huevos se sostienen húmedos, pueden eclosionar inmediatamente. No obstante, los huevos depositados al final de las lluvias en áreas silvestres deben entrar en latencia para subsistir a lo largo de la estación seca hasta el momento en que vuelva la lluvia, un reto particularmente bastante difícil cuando la sequía es prolongada y calurosa.

El agua atascada, el factor crítico para las larvas, es bastante difícil de localizar en esos entornos exageradamente áridos, mas abunda cerca de las poblaciones humanas que acopian agua para sobrevivir, lo que a lo largo de todo el año da a los mosquitos una incubadora hídrica de cara al desarrollo de sus larvas. Eso sugiere 2 cosas.

Por una parte, si bien las estaciones secas largas y calurosas fueron el factor selectivo clave, las poblaciones de mosquitos de zonas áridas evolucionaron cara la especialización en humanos como un subproducto para aprovechar la situación de dependencia del agua guardada para las puestas. Seguidamente, cuando las larvas pasan al estado hematófago adulto la sangre libre más próxima es la de los humanos, con el beneficio añadida de que sus nuevas víctimas carecen de las pieles robustas y bastante difíciles de horadar de otros vertebrados, incluyendo los familiares.

Los análisis genómicos descubrieron asimismo que los mosquitos especialistas en personas difieren genéticamente de los generalistas, y que la preferencia por los humanos se desarrolló en un solo sitio indeterminado para entonces extenderse por toda África conforme el tiempo seco se expandió por el continente. Entonces, en la temporada de la esclavitud, el comercio esclavista extendió enfermedades como la malaria por otras zonas tropicales.

Si bien la investigación publicada en Current Biology se centró en el origen y la historia evolutiva de los mosquitos, si se relacionan con los datos climáticos del IPCC y de población de la Organización de la Naciones Unidas los resultados sugieren que, a consecuencia del cambio climático y de la poco a poco más intensa presión urbanizadora, en un futuro próximo va a haber más mosquitos transmisores de enfermedades humanas en el mundo entero.

Manuel Peinado Lorca es Catedrático de Universidad. Departamento de Ciencias de la Vida y también Estudioso del Instituto Franklin de Estudios Norteamericanos, Universidad de Alcalá

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation.

The Conversation

Fuente: ABC.es

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *