Que a un adolescente o bien a un pequeño le cueste tanto apagar la consola, lo que generalmente deriva en una discusión familiar, no desea decir que sea adicto a los videojuegos. Desde la perspectiva de la neurobiología, obedece a que el juego activa un mecanismo cerebral de recompensa y, en cambio, el menor todavía no tiene maduro el circuito de control de la conducta. Y decirle al pequeño “apaga la Play y ponte a hacer los deberes, o bien ven a cenar o bien vete a la cama…” equivale a recortar esa actividad gratificante, a que pequeño videojuegoel cerebro diga: “por qué he de parar de hacer algo gratificante? ¿qué me ofreces para compensarlo?”

De esta manera lo explicaba un reciente artículo del Wall Street Journal, que equiparaba ese “apaga la consola” a quitarle a alguien de la mano el donut que se come. Lo que pasa en el cerebro al jugar a la consola (sea un menor o bien un adulto) es que se activa el circuito de refuerzo o bien recompensa (en el mesencéfalo y conectado al sistema límbico y al córtex), como toda vez que se vive una experiencia positiva (se activa del mismo modo frente a una comida o bien una adquiere que nos agrada, el sexo…) Ese circuito cerebral, que emplea el neurotransmisor dopamina para conectar las neuronas, asocia la experiencia a un sentimiento hedonista y también identifica peculiaridades para repetirla todo lo que es posible.

Fortnite es uno de los juegos que captura a ciertos a lo largo de horas.
(Epic Games)

Se ha comprobado en estudios una relación entre los estímulos positivos y la dopamina: a más y mayor estímulo, más dopamina se libera, más placer. Como es natural, los juegos son un festival de estímulos que se marchan dando progresivamente a lo largo del juego.
Y lo que ocurre asimismo, es que las estructuras cerebrales del córtex prefrontal (la una parte del cerebro más desarrollada en los humanos con respecto a otras especies) que se relacionan con el control de la conducta, inhibir conductas no apropiadas, con planificar… no se desarrollan absolutamente hasta los 20-25 años, lo que explicaría que a los menores les cueste más que a los adultos dejar la actividad gratificante que estén haciendo (jugar) para pasar a hacer otra que no lo es, explica Marc Palaus, doctor en neurociencia cognitiva por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y uno de los autores de una investigación que examinó cien investigaciones sobre el efecto de los juegos en el cerebro.

Autocontrol

El circuito cerebral de control de la conducta no está de forma plena desarrollado en los menores, no lo está hasta los 20-25 años

Estos mecanismos neurobiológicos de recompensa intervienen en la adicción, cualquier adicción. Mas Palaus destaca que “jugar a juegos no necesariamente desea decir adicción”. Coincide con él Susana Jiménez, sicóloga y organizadora de la unidad de adicciones del hospital de Bellvitge (l’Hospitalet).
Jiménez corrobora que la actividad de los circuitos cerebrales de recompensa se da al jugar a juegos y en todos los modelos de adicciones. Y que es verdad que los menores no tienen las estructuras cerebrales de control de conducta desarrolladas como los adultos. “Pero charlar solo de neurobiología sería reduccionista”, advierte, “si dependiese solo de eso, todos y cada uno de los adolescentes serían adeptos a todo y eso no ocurre”.

La adicción

Hay chavales de 14, 15, 16 años, adeptos a juegos, a juegos on line y ciertos juegan más de 12 horas al día, mas son pocos casos

En Bellvitge atienden a personas con adicciones desde 14 años. Hay chavales de 14, 15, 16 años, adictos a juegos y a juegos on line, y también-sports (chicas menos, ciertas, y más bien con adicción a redes sociales), mas son un pequeño porcentaje de los menores a los que agradan los juegos. Por que la adicción es un trastorno patológico, especifica Jiménez, la conducta en que el juego lo condiciona todo, ha hecho que se abandonen otras actividades, hay irritabilidad y ansiedad si no se juega… “Los adeptos, en el fondo, no gozan.Cuentan que al levantarse ya se ven forzados a jugar para aliviar su ansiedad”, afirma.

Y a esta situación se llega por la suma de muchos factores, además de la neurobiología, explica Jiménez: En el empleo de juegos se dan, de entrada, todos y cada uno de los factores ambientales –hay simple conexión a internet, a las consolas, los juegos están admitidos socialmente, para la mayor parte de chicos su conjunto de amigos juega y las tecnologías y juegos ya están diseñados para ser estimuladores, gratificantes, vamos, a fin de que uno no se canse de jugar a ellos–. Mas deben examinarse además de esto factores de vulnerabilidad individual como una posible predisposición genética (que todavía se ignora), la personalidad de uno (si se es impetuoso, si tiene inconvenientes de autoestima, inseguridades…), la situación personal (si tiene inconvenientes académicos…), familiar (si hay enfrentamientos familiares)…”

Límites horarios

Para prevenir el peligro de conductas problemáticas, la especialista Susana Jiménez recomienda limitar el tiempo de juego

Los sicólogos y siquiatras, por poner un ejemplo, procuran esclarecer siempre y en toda circunstancia si la depresión o bien la ansiedad o bien los inconvenientes familiares que tiene un menor adepto a los juegos son precedentes o bien siguientes a esa adicción. Si jugaba tanto como un escape de sus inconvenientes o bien si estos son derivados del abuso del juego. En el caso de menores y juegos, Susana Jiménez destaca como “factores fundamentales en el momento de valorar el potencial peligro de conducta problemática” que la mayor parte de los que llegan a su consulta por adicción comenzaron a jugar de muy pequeños y después, la cantidad de horas que se juega y si hay o bien no límites familiares.

La mayor parte de chavales que llegan a adicciones de Bellvitge lo hacen presionados por los progenitores mas sin consciencia de tener un trastorno adictivo. Habitualmente, lo que cuentan es que juegan muchas horas (ciertos ¡hasta 12 horas al día!) por el hecho de que desean ser profesionales para ganar mucho dinero. ¿De qué manera se combate esta idea, esas falsas esperanzas? Jiménez explica que hablando mucho con ellos, haciéndoles entender que tienen un inconveniente y enseñándoles a auto-regularse. No se les separa absolutamente de los juegos (en ciertos casos, sí de los más adictivos, esos épicos, de multijugadores, muy competitivos, en que hay que jugar mucho rato…), sino se les ayuda a jugar menos.

Falsas expectativas

Los chavales que llegan a Bellvitge con conductas adictivas afirman que juegan muchas horas por el hecho de que desean ser profesionales para ganar mucho dinero

En verdad, ni tan siquiera jugar mucho equivale de manera automática a adicción. Palaus apunta que hay estudios que han equiparado la actividad cerebral de jugadores (adultos) profesionales de juegos o bien de y también-sports, que pasan 40 horas semanales o bien más jugando, con la de adeptos al juego y hay diferencias por el hecho de que los primeros no tienen una conducta patológica, solo es su trabajo, tienen más vida además del juego. Los adeptos no.
Veamos ciertos consejos en familia para jugar.

–Hay que poner límites al empleo de los juegos desde pequeños. No es recomendable prohibirlos, los progenitores deben comprender que es una actividad gratificante, se puede jugar, mas un tiempo limitado.
–Con pequeños de primaria,sobre todo, el juego puede ser muy frecuentemente una actividad familiar.
No jugar día tras día y, cuando se juega, no más de dos horas, es el consejo de Susana Jiménez para prevenir un empleo exagerado. No se debe permitir barra libre los fines de semana: cuatro horas son ya muchas.

Imagen del videojuego Final Fantasy VII Remake

Imagen del juego Final Fantasy VII Remake
(Square Enix)

– Informar al jugador unos 20 minutos ya antes de la hora de apagar la consola que le queda ese tiempo de partida puede asistir a que no se meta en una nueva misión, un nuevo nivel y después cueste más que lo deje por estar a medias. Ciertos especialistas recomiendan que los jugadores tengan un reloj perceptible que les muestre cuánto tiempo juegan, aconsejaba el Wall Street Journal.

–Desconectarlo todo, prohibir jugar totalmente si el hijo juega mucho no es buena solución, más si es adolescente. Pueden darse conductas violentas, ansiedad. Hay que hacerles entender que el abuso es un inconveniente.
–Jugar siempre y en toda circunstancia tras los deberes y las actividades extraescolares. Jamás ya antes.
–Imponga reglas sobre el tiempo de juego y manténgalas. No caiga en trampas del tipo “hace 3 días que no juega, vale, que juegue más hoy”. Siempre y en todo momento hay tiempo para imponer reglas y es recomendable hacerlo conforme con los hijos.

Existen algunos consejos que deben consensuarse en el ambiente familiar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *