La transición energética representa un cambio radical en el sector de la automoción. Cada vez son más las marcas que se suman a la electrificación de sus vehículos. El interés por estos coches que no emiten contaminantes ni ruido está en auge, pero aún les queda un largo camino para convertirse en la primera forma de movilidad. De hecho, si nos fijamos en las ventas de coches nuevos, la gasolina es el combustible más demandado por los españoles. En 2018 el 57,5% de las matriculaciones correspondieron a turismos y todoterrenos propulsados por motores de gasolina, frente al 35,8% que equipaban motores diésel.

Si eres de los que apuestan por la gasolina, sabrás que hay y ha habido diferentes tipos de este combustible, no obstante, es importante que conozcas sus diferencias para saber qué es lo que más te conviene a ti y a tu vehículo.

La gasolina sigue conservando un público fiel
(Ignacio Ruiz Casanellas / Getty)

En 2001 prohibieron la gasolina súper con plomo y en 2008 desapareció la súper 97, en la que se sustituía el plomo por aditivos de potasio. Tras estos cambios, hoy en día, las estaciones de servicio sólo ofrecen dos alternativas: la gasolina 98 o la 95. Y su principal diferencia reside en el índice de octano (o octanaje), una medida que indica la resistencia a la detonación del carburante cuando se comprime dentro del cilindro de un motor. Por lo que cuanto más arriba en la escala de octanaje más capacidad de compresión del motor, más se aprovecha el poder energético de la gasolina y el motor tiende a rendir mejor. Por este motivo, la de 98 octanos suele utilizarse en vehículos deportivos de altas prestaciones.

Además, la gasolina 98 contiene menor cantidad de azufre, factor que alarga la vida del catalizador, reduce el consumo y mejora las prestaciones. En el caso de la 95, destinada al resto de vehículo que no poseen tan altas prestaciones, su composición limita las emisiones de partículas contaminantes y ayuda a reducir el consumo y a mantener limpio el motor.

Hoy en día, las estaciones de servicio sólo ofrecen dos alternativas: la gasolina 98 o la 95

Hoy en día, las estaciones de servicio sólo ofrecen dos alternativas: la gasolina 98 o la 95
(NithidPhoto / Getty Images/iStockphoto)

Estas diferencias tienen un efecto directo en el precio de estos carburantes. Si el octanaje es mayor, el precio también sube, por eso la gasolina 98 es más cara. Por ejemplo, en Madrid si queremos poner un litro de gasolina 98 nos va a costar 0,138 céntimos más que la gasolina 95, mientras que en Barcelona la diferencia está en 0,11 céntimos. Esta diferencia significa que llenar un depósito de 50 litros te costará entre 6,9 y 5,5 euros más si optas por la de mayor octanaje.
No debes preocuparte en exceso si un día te confundes de carburante al llenar el depósito. No obstante, tampoco es bueno abusar ya que aunque a corto plazo no tiene efectos negativos, un uso indiscriminado de ambos tipos puede llegar a afectar a tu motor, y también a tu bolsillo. En el caso de que tu motor funcione con gasolina 95, poner la de 98 octanos no influirá en el rendimiento pero estarás pagando de más por llenar la misma cantidad. En el lado opuesto, utilizar 95 en un motor de 98 producirá una reducción de las prestaciones y un aumento del consumo.

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