La palabra telómero se está transformando en uno de los fetiches de la ciencia moderna como antaño fuesen las palabras gen, bit o bien orificio negro. Son de esas que aparecen una y otra vez en los medios, que ocasionan admiración y que, en el fondo, no comprendemos. En un caso así, los telómeros vienen cargados de longevidad, de promesas en el tratamiento de ciertas enfermedades como el cáncer. Una palabra llena de futuro.Y de presente, por el hecho de que el día de ayer un trabajo publicado en «Nature Communications» por el de España Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) volvió a situar el término en el ojo del huracán de la actualidad.Tras un descubrimiento casual de hace unos años, se ha probado que los ratones de laboratorio que poseen en sus células telómeros de mayor longitud que la normal viven como media un 13% más y tienen una vida con mejor salud, menos propensa a la obesidad y al cáncer. Llamamos telómeros a los extremos de los cromosomas, esos rollos en los que se empaqueta el ADN cuando cada una de nuestras células se dividen. La información genética se organiza en cromosomas como bultos que precisan un nudo, o bien como cordones que precisan herretes o bien capuchones de metal o bien plástico a fin de que no se deshilachen. Cada herrete es un telómero. En un proceso de división celular, los telómeros se acortan un tanto. Es el signo del paso del tiempo. De esa manera podemos intuir la edad de una célula y, en consecuencia, del tejido que la sosten y del individuo que lleva en su cuerpo ese tejido, por la longitud de sus telómeros. Cuando estas estructuras protectoras son ya demasiado cortas se comienza el irreversible proceso del envejecimiento. De forma que la ciencia lleva tiempo buscando el modo perfecto de detener el acortamiento telomérico o bien, tal vez, más interesante, provocar su alargamiento. Primero por el hecho de que sería supuestamente una estrategia eficiente para prolongar la vida. Mas asimismo por el hecho de que se ha probado que la longitud de los telómeros está relacionada con la tendencia a sufrir procesos inflamatorios, cáncer y obesidad. Más años y mejor salud El descubrimiento presentado el día de ayer por el CNIO es un paso esencial en ese sueño. Ciertamente, se ha conseguido probar que es posible producir animales de laboratorio con sus telómeros largos y que estos animales viven más años y con mejor salud. No es la primera vez que la ciencia y, específicamente, el CNIO juega con el alargamiento telomérico. De este modo, hace unos años, este centro fue capaz de producir con técnicas de terapia génica ratones que vivían un 24% más sin desarrollar cánceres. En un caso así se provocó una modificación en los genes del animal a fin de que desarrollasen más cantidad de telomerasa, que es una enzima encargada de dar tamaño a los telómeros. Mas aquellos ratones superlongevos eran ratones quiméricos: solo un porcentaje de sus células tenían telómeros cambiados, el resto procedía de materiales genéticos de otros individuos. No había perseverancia de que los efectos ventajosos procediesen de los telómeros extralargos o bien de la combinación de otros factores. Ahora, el CNIO presenta ratones en los que todas y cada una de las células cuentan con telómeros alargados. Y lo hace tras una gloriosa casualidad. En 2009 los estudiosos trabajaban con IPS. Son células del organismo adulto que se han devuelto a su estado embrionario, tal y como si se hubiese echado cara atrás en el tiempo el reloj de su evolución y volviesen a tener el vigor y la capacidad de especialización de cuando formaban una parte del feto. Son de nuevo pluripotentes. Los científicos saben que las células embrionarias tienen la capacidad de producir cualquier función y de componer cualquier tejido. Son una tabla en blanco sin especializar. Una vez se han especializado, ya ocupan su función para toda la vida. Mas se puede devolver a ciertas células a fin de que recobren su pluripotencialidad inicial. De se modo, tal vez, se puedan utilizar para instruirlas en nuevas labores, como producir insulina para un diabético o bien arreglar el corazón de un infartado. Trabajando con estas IPS, en el CNIO descubrieron que dichas células, una vez superado cierto número de divisiones, adquirían telómeros el doble de largos de lo normal. Y que lo mismo ocurre con las células embrionarias normales. Mas no estaba claro que estas células pudiesen dar origen a un individuo vivo. Ahora sí. Los ratones ahora presentados nacieron vivos, vivieron sanos y tuvieron el 100 por 100 de sus células con telómeros alargados. Como resultado, estos animales viven un 13% más que sus congéneres. Mas no solo eso. Además de esto, se ha probado que amontonan menos grasa, muestran menor envejecimiento metabólico, tienen menos colesterol malo y aceptan mejor la insulina y la glucosa. Están muy sanos. De forma que se ha constatado claramente que prolongar los telómeros tiene efectos ventajosos para la salud sin efectos secundarios. Mas lo más esencial es que el alargamiento se ha producido sin alterar los genes del organismo. Las perturbación de las células no es un cambio en el material genético sino más bien en la información epigenética. Esto es, exactamente los mismos genes actúan de forma diferente si se les da las instrucciones químicas adecuadas. Eso desea decir que se han sentado las bases de una nueva generación de estrategias clínicas para combatir los efectos del paso del tiempo y la aparición de determinadas enfermedades sin asistir a la manipulación de los genes. Se abre una vía para retrasar el envejecimiento con seguridad.

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