Son pequeños de estatura, mas grandes conocedores del bosque y muerden la madera para lograr sus dientes de tiburón. De este modo son los miembros de la tribu Ba’Aka, que viven en un pequeño rincón de la República Centroafricana, arrasada por la guerra civil. Su vida se fundamenta en la caza y en el conocimiento universal del bosque, en el que se esconden desde hace cuatro.000 años y que les ha servido para subsistir, para escapar de las guerras y también, aun de los traficantes de esclavos. Cuando alguien trata de atacarles o bien invadir la zona en la que viven, sencillamente desaparecen en el bosque.Miden entre 1,20 y 1,50 metros, son semi nómadas y raras veces son vistos por los occidentales, mas la cronista Paula Froelich, “New York Post”, consiguió llegar hasta ellos y compartir unos días con ellos en las selvas inescrutables del Parque Nacional Dzangha-Sangha, en una zona protegida cerca de la frontera con Camerún y la R. del Congo.A pesar de vivir apartados, dejan algunas veces que occidentales les visiten a cambio de una tarifa por la “actividad cultural”. Solo 100 personas visitaron el parque Dzangha-Sangha el año pasado. Su primordial característica es la precaución. Cuando la cronista llegó a la zona, en cuestión de segundos, estaban rodeados de Ba’Aka armados con machetes y una red de caza.Se subieron al camión y se dirigieron a una zona de caza, que escogió el líder de la tribu. Se adentraron en el bosque y pronto perdieron de vista al cazador y solo pudieron proseguir su indicio por el sonido, pues en contraste a los occidentales son ruidosísimos y entonan canciones tribales mientras que se desplazan por el espeso follaje. Su objetivo es atemorizar a los animales a fin de que se queden quietos y traten de ocultarse. Al llegar a sitio elegido, extendieron las redes y empezaron a menear árboles y ramas a fin de que los animales corriesen cara la trampa.Es su forma de apresar, poco tosca y en ocasiones con poco éxito, mas la repiten hasta el momento en que lo consiguen.Durante prácticamente cuatro.000 años, la apartada ha llevado una vida autónoma cazando y reuniéndose en esta área famosa como los “Pulmones de África”. son bastante difíciles de hallar mas simples de identificar. Todos están tatuados. Las mujeres marcan su semblante con cuchillos afilados y lo frotan con hojas del bosque que les da un tono azul, negra o bien verde. Hombres y mujeres tallan sus dientes superiores para dejar sus puntas afiladas, como las mandíbulas de los tiburones. Lo hacen de forma tosca y bastante dolorosa. A los nueve o bien 10 años les hacen morder un palo y usan una piedra o bien un machete para dar forma a los dientes. La justificación de esta práctica está en los largos periodos que pasan en el bosque cazando, pues les ayuda a morder y cortar la carne. Asimismo es una cuestión de estética y para probar su bravura y que son capaces de soportar el dolor. Los que no tienen la dentición afilada son considerados enclenques y no se pueden desposar.Durante la caza, les vale cualquier género de animal que pueda quedar atrapado en sus redes como antílopes y cerdos salvajes, mas no rechazan los ratones, puercoespines, pájaros o bien monos. Si bien el animal más codiciado es el cerdo, un manjar para ellos indispensable para llevar a los progenitores de una chavala si desean casarse con ella. La tribu complementa su dieta con miel, nueces, frutas y verduras del bosque.Con el avance de la civilización y la tala de árboles su modo de vida se ha visto conminado y se han visto obligados a vivir en hogares semipermanentes estilo iglú, hechas de ramas y hojas. El único cambio en su modo de vida ha sido su forma de vestir, en tanto que lucen vestimentas occidentales dejando a un lado sus tradicionales indumentarias hechas con hojas.Uno de los aspectos más sorprendentes de la organización de esta tribu es la igualdad, prácticamente sin distinción de los papeles por género. El cuidado de los pequeños corresponde a hombres y mujeres y de manera frecuente los hombres se quedan en sus chozas con los pequeños mientras que las mujeres trabajarán en las plantaciones próximas. En cuanto al resto, todo lo hacen por igual: Apresar, adecentar. El único aspecto innegociable es la construcción de las residencias, que es labor de las mujeres. Como en la mayor parte de las tribus, el papel de los mayores es esencial y son muy respetados.De instante, preservan entre el 70 y el 80 por ciento de su cultura ancestral, algo que solo va a desaparecer si el desarrollo decide terminar con el bosque en el que llevan cuatro.000 años viviendo, cazando y respetando su sostenibilidad.

Fuente: larazon.es

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