¿Podría un cánido advertir el coronavirus? Según lo que parece, la contestación es un definitivo sí. Y desde ya hace unos meses, 8 perros son esmeradamente adiestrados en la isla de Córcega, en una nueva iniciativa de las autoridades francesas para pelear contra la pandemia de Covid-19. Los resultados, de momento, son excepcionalmente positivos.

La iniciativa, en la que participa un equipo internacional de estudiosos bajo la dirección de Dominique Grandjean, de la Escuela Nacional de Veterinaria de Alfort, en Francia, consiste en adiestrar a los perros con muestras de sudor de personas inficionadas. Múltiples centros de salud de Córcega facilitaron a los estudiosos hisopos anteriormente puestos bajo las axilas de pacientes inficionados y dados después a olfatear a los animales.

El paso siguiente fue entremezclar los hisopos «positivos» con otros libres del coronavirus. Los perros, tal y como si de un juego se tratase, debían marcar los casos positivos, ejercicio que repetían hasta 50 veces al día. En el caso de éxito, el cánido era retribuido con su juguete preferido. En una fase siguiente, los perros se encararon a pruebas reales.

Conforme explican en «The Conversation» Suzan Hazel y Anne-Lise Chaber, 2 estudiosas de la universidad australiana de Adelaida que ahora desean aplicar el procedimiento en su país, los perros entrenados han probado ser capaces de advertir un positivo en medio una fila de muestras negativas con una precisión del 100 por 100. Pruebas afines se han efectuado ya en países como Emiratos Árabes, Chile, Argentina, Brasil y Bélgica.

¿Qué huelen precisamente los perros?
Las estudiosas aseveran no estar seguras de qué es precisamente lo que olisquean los perros para advertir el SARS-Cov-dos, puesto que los elementos volátiles de las muestras de sudor forman una «mezcla compleja». Es posible aun que los perros estén advirtiendo un perfil particular en vez de compuestos individuales. Los estudiosos decidieron emplear el sudor para las pruebas, puesto que no se considera una fuente de infección y presenta menos peligros en el momento de ser manipulado.

Hazel y Chaber piensan que estos perros podrían ser de enorme utilidad en muchos escenarios, desde aeropuertos y fronteras a centros de salud o bien centros de atención de día para ancianos, que no tendrían conque reiterar las pruebas cada poquitos días.

La duración del proceso de entrenamiento cambia entre las seis y ocho semanas que precisan los animales que han sido entrenados para advertir otros olores y los entre tres y seis meses que son precisos para los perros que jamás han recibido adiestramiento de ningún género.

A lo largo del entrenamiento, y pese a que solo existen dos casos en el mundo entero de perros contagiados, el dispositivo empleado no deja el contacto directo entre la nariz del cánido y las muestras de sudor. El morro, en verdad, entra en un cono de acero inoxidable, con la muestra de sudor puesta en un recipiente ubicado tras el cono, lo que deja el acceso a los componentes volátiles sin precisar contacto físico. Como medida de cautela auxiliar, todos y cada uno de los perros se someten periódicamente a múltiples géneros de test para identificar la posible presencia de anticuerpos. Hasta el instante, explican las estudiosas, «ninguno de los perros detectores ha resultado infectado».

El ahínco de los científicos se centra ahora en descubrir qué compuestos olfativos son concretos de la infección por COVID-19, lo que va a ayudar a mejorar la técnica y amoldarla asimismo a otras enfermedades.

Fuente: ABC.es

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