Ese futuro orgiástico que un año tras otro se nos escapa de las manos y en el que somos capaces de correr más veloz que auguraba Fitzgerald en «El enorme Gatsby», adquiere un matiz considerablemente más sombrío mas esmeradamente estético y preciosista en el debut de Alice Waddington, la bilbaína de la que todo el planeta habla y que está logrando hacerse un hueco en el género fabuloso. Tras un par de años de trabajo y con un multipremiado y elogiado corto a sus espaldas («Disco Inferno»), esta joven cineasta ahonda con «Paradise Hills» –que tras su paso por Sundance ha aterrizado en las sillas de Sitges entre aplausos y masivas afluencias–, en el término ceñido de perfección que prosigue empleándose como demanda natural para ellas y como elemento opcional para ellos. La cinta, protagonizada por Emma Roberts y Mila Jovovich, presenta un cosmos distópico cuya aparente calma inicial y pulcritud ética recuerda de manera vaga a esa «Mujeres perfectas» dirigida por el británico Frank Oz en la que Nicole Kidman debe pelear con un pálpito que le señala de forma acertada la patraña que se oculta tras esa perturbadora blancura en forma y fondo.La aparición repentina de Uma (Roberts) en ese idílico entorno sostenido en una isla en medio del mar que actúa como clínica de gran lujo de tratamiento castigo para mujeres, inicia el relato de una historia infestada de guiños reivindicativos (busca de la identidad sexual, feminismo, marginación, sumisión, conservadurismo) y recreaciones cautelosas que, en palabras de la propia cineasta, toman de múltiples influencias: «Desde películas kitch de terror de los años 60 y 70 como «El despreciable Doctor Five», hasta series y películas asimismo de la temporada como «La fuga de Logan» o bien «El preso», pasando por cintas tipo «Las hijas del pueblo»», señala.A estos referentes, se agrega además de esto el estimulante entorno familiar que ha rodeado a la directiva desde pequeña: «Mi padre tenía un cine club que en los años 70 traía películas prohibidas británicas y mi madre es muy fan de la ciencia ficción. Ella fue la primera que me puso «Metrópoli» o bien «Blade Runner». Tener la ocasión de ver «La naranja mecánica» con tus progenitores cuando eras pequeña o bien una película de Lars Von Trier realmente es algo mágico y capaz de crear un nudo sensible con el cine».Ni princesas, ni rescatesNo resulta bastante difícil identificar en el filme todas y cada una esas referencias que mienta la cineasta (de una sutileza y belleza sorprendentes) sin parar de pensar que, tanto la trama como la construcción de la personalidad de las protagonistas, pueden contestar a un ejercicio de complicidad ventajista con todos aquellos proyectos que están apostando en los últimos tiempos por una evidente significación de la mujer en el cine de género por razones que se ajustan más a la «moda» del feminismo, que a la materialización específica de los principios que cada uno de ellos pueda tener.Irene (nombre genuino al que responde la directiva) no obstante, semeja contrariar esta reflexión: «Hemos pasado una parte tan grande de nuestras vidas viendo esas narrativas protagonizadas por hombres… En el cine de género, que es afirmemos mi campo, siempre hemos tenido referencias cuyos protagonistas eran masculinos y ahora estamos en un instante de sobrecompensación«, apunta.El ejemplo, sigue Waddington, es claro: «Imagínate que eres hombre y que has crecido en un planeta en el que en todas y cada una de las películas de terror de los años 60, 70, 80 que consideras referentes inamovibles, todos y cada uno de los personajes protagonistas son femeninos, hay un solo protagonista masculino que tiene entre 20 y 25 años como máximo y se pasa toda la película en bikini, tiene 2 oraciones y todo cuanto hace es correr y ser salvado. ¿De qué manera te sentirías como hombre, habiendo crecido con esas referencias y desde esa perspectiva? Puesto que apartado y marginado. Percibirías que tienes más que aportar en esas historias. Y eso es lo que pasa. Más que una moda, es apetito. Ahora hay un apetito por esas historias que termina de comenzar y por estar viviéndolo de forma moderna llama nuestra atención. Las mujeres y los hombres podemos protagonizar películas codo con codo, de igual a igual y en eso consiste exactamente el feminismo«.Con independencia de que la fuerza interpretativa adquirida por Emma Robberts sea cuestión de apetito, moda, correspondencia histórica, necesidad o bien justicia poética, en «Paradise Hills», Waddington mezcla la excentricidad de los colores y los escenarios inspirados en videoclips como «Final fantasy» con la espectacularidad de vestuarios que toman de diseñadores contemporáneos como Iris Van Herpen, el fallecido Alexander Mcqueen o bien icónicas figuras de los ochenta como Grace Jones para proponer un interesante juego de redefinición del tradicional cuento de princesas, dedicado a todas y cada una esas mujeres que ya no desean serlo.

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