Nadia Calviño va a tener mucho poder nominal económico en el próximo Gobierno. En la práctica, tal vez sea menos. Ejercerá de poli-buena económica en frente de la que podría ser la poli-mala, María Jesús Montero, responsable de Hacienda, que tiene preparada una esencial subida de impuestos que inevitablemente afectará a la clase media. Calviño, no obstante, asimismo está favor de un rejonazo fiscal por el hecho de que, como afirma, «los ciudadanos desean más gasto público». Es su perfil menos conocido, como el de su obediencia absoluta a sus jefes, en un caso así, Pedro Sánchez. Al fondo, las pretensiones de Iglesias, de influir asimismo como vicepresidente en la Comisión Encargada para Temas Económicos. Calviño desea evitarlo y puede lograrlo. Nadia Calviño, futura vicepresidenta económica del Gobierno, «genera tranquilidad», aseveraba en Barna un relevante empresario tras el acto de entrega de los Premios Ferrer Salat, que organiza la patronal catalana Promuevo de Trabajo, que encabeza Josep Sánchez Llibre. La ministra de Economía clausuró el acto y estuvo acompañada por 2 compañeras de Gobierno, María Jesús Montero, titular de Hacienda, y Margarita Robles, responsable de Defensa.

Temperamental

Montero, expansiva y temperamental, en frente de la prudencia formal de Calviño, asimismo se comprende con los empresarios, mas sus pretensiones fiscales –habla sin tapujos de subidas de impuestos– despiertan más recelos, que desbordan el campo de los negocios y llegan hasta los ahorrativos, autónomos y muchos impositores. José Luis Bonet, presidente de la Cámara de España, inquieto frente a un Gobierno Partido Socialista-UP (Unidas Podemos), asimismo ve en Calviño una «cierta garantía».Calviño, hasta el momento, ha evitado públicamente ofrecer muchos detalles sobre las pretensiones fiscales del futuro Gobierno, lo que quiere decir que no ha descartado una subida extendida de impuestos. En privado, no obstante, en conversaciones con banqueros, por servirnos de un ejemplo, y con colegas europeos, ha comentado que «la ciudadanía de España demanda más gasto público» y que, de ahí que, está en favor de ese incremento de la presión fiscal. Su situación coincide más de lo que semeja con la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, paladín asimismo de una «armonización» –eufemismo de subida– impositiva en toda España. En suma, Calviño y Montero interpretarían el tradicional papel del policía-bueno/policia-malo.Por otra parte, por más que Calviño sea vicepresidenta, carece de poder político –en el Gobierno y en el PSOE– y el poder económico-efectivo siempre y en toda circunstancia está a cargo del Ministerio de Hacienda. Rodrigo Rato, sin ir más allá, fue vicepresidente en la segunda legislatura de Aznar, mas reconocía que había perdido poder, por el hecho de que Hacienda recayó sobre Cristóbal Montoro.Nadia Calviño ha encabezado hasta el momento la Comisión Encargada de Temas Económicos que, con la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios, son los 2 órganos que verdaderamente marcan la pauta del Gobierno. Todo, salvo salvedades, se decide en esas Comisiones, aparte de que entonces el Consejo de Ministros discuta sobre lo que le plantean, si bien hasta el momento, con Gobiernos monocolores, los cambios eran mínimos.

Comisario político

La capacitación de un Gobierno de alianza va a suponer muchos cambios. Las 2 Comisiones sostendrán sus funciones, mas su composición va a ser definitiva. Calviño, teóricamente, encabezará la de Temas Económicos, en la que hasta el momento Montero ha sido vicepresidenta y quien llevaba la voz vocalista en temas de ingresos y gastos. También participan el resto de titulares de los departamentos económicos, lo que quiere decir que si hubiese un ministro o bien ministra de Unidas Podemos, por servirnos de un ejemplo de Trabajo o bien de Educación, formaría una parte de esa Comisión. Esto es, Calviño no desea intromisiones de Iglesias, mas un miembro de UP en la Comisión sería algo como un comisario político podemita sobre las grandes resoluciones económicas. La responsable de la Economía de España es leal a Sánchez y va a hacer lo que solicite el presidente. La historia se repite, por el hecho de que Pedro Solbes asimismo llegó –y como vicepresidente y responsable de Hacienda– al Gobierno de Zapatero como el garante de la ortodoxia, jaleado por empresarios y banqueros, y después se plegó a los deseos del entonces inquilino de la Moncloa. Al final, admitió su debilidad y sus fallos y dimitió. No obstante, cuando acreditó incrementos galopantes del gasto y la deuda pública se justificaba con el razonamiento de que «el presidente es quien tiene los votos y es lo que quiere».

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