Génova se fía más de Vox que de Ciudadanos (Cs) en la negociación de los acuerdos de gobierno. La semana acabó con la sensación de que en el reparto de poder Cs está tanteando el terreno para lograr que Begoña Villacís se quede el Municipio de la villa de Madrid. Mas los recelos van alén del pulso en la capital. Vienen de muy atrás, de la negociación de la etapa de Mariano Rajoy y, ya considerablemente más cerca en el tiempo, del acuerdo de la Junta de Andalucía. «Ortega Smith tiene más palabra que Rivera». La aseveración viene de uno de los negociadores del Partido Popular, y resume muy de manera simbólica sobre qué cimientos se mantienen las negociaciones para formar gobiernos entre Partido Popular y Ciudadanos. La sombra de Albert Rivera y su interés personal en clave nacional lo ocupa todo. La resolución del líder de Cs de someter sus cartas a su objetivo de quitarle el liderazgo de la oposición al Partido Popular encabeza las negociaciones. Mas alén de este pulso rigurosamente político, las relaciones personales y la discusión resulta más cómoda entre el Partido Popular y Vox que entre el Partido Popular y Ciudadanos. De esta manera es, aun si bien en el Partido Popular se les escuche decir que los de Vox proponen «ocurrencias» o bien que hay que saber manejarles a fin de que «acaben entrando en razón». Desde el instante en que Rivera se ha hecho de centro derecha, como comentan irónicamente en la dirección popular, la cercanía programática del Partido Popular con Cs es habitualmente superior a la que existe con Vox, mas, sin embargo, para el Partido Popular convenir con Cs es como «dormir con tu contrincante, y eso te hace estar de manera permanente en guardia». Además de esto, esta falta de confianza no es solo en clave nacional, sino la tensión lleva años acumulándose en provincias y ayuntamientos. En este juego de espéculos que es la negociación de los acuerdos poselectorales, la enmienda a la totalidad en Andalucía por la parte de Vox no es un pulso al Partido Popular, sino más bien a Ciudadanos, para dejar perseverancia en la mesa para la negociación abierta entre los 2 primordiales partidos de centro derecha que, si bien los de Rivera prosigan procurando hacer como que no existen, sus escaños son indispensables en Andalucía y lo son en la capacitación de gobiernos tan claves como los de la villa de Madrid, Aragón, Castilla y León o bien Murcia. «Vox puede tener la pretensión de jugar fuerte. Y de dejar caer alguna corporación a cargo de la izquierda o bien la Presidencia de algún Parlamento autonómico. Mas es como reacción a Ciudadanos no contra nosotros. Si no van de frente es por la situación en la que les ha puesto Rivera. Mas lo que se acuerda o bien se habla con ellos, se queda; con Ciudadanos tenemos la impresión de que nos dicen una cosa y pensando otra», sentencian en Génova La discusión programática es la máscara para tapar que todo prosigue marcado por 2 interrogantes: si Albert Rivera no va de farol con su negativa a respaldarse en la izquierda para llegar a tocar poder y si Vox sí va de farol con su demanda de mesa a 3 y de tener una representación proporcional en los nuevos gobiernos, si bien esta última demanda ha sido matizada en los últimos días. En negociaciones de este género todos y cada uno de los partidos deben envidar fuerte, si bien sepan que en el camino deberán abandonar a los máximos para hallar un punto intermedio satisfactorio. En el Partido Popular aceptan que «en todo» no pueden ganar, mas asimismo prosiguen pensando que Ciudadanos lo tiene considerablemente más bastante difícil que ellos para «gestionar la situación». «No hay diferencias programáticas de calado. Ninguna. Las prioridades económicas y de regeneración democráticas, las razonables, son compartidas. Ellos conocen de más nuestro programa, y el suyo. El inconveniente no es entre los programas del Partido Popular y Ciudadanos, sino más bien en de qué forma administrar las demandas más exóticas que pueda poner Vox sobre la mesa. Mas los tiempos se están manejando para apurar los plazos al máximo». Al final, esto termina siendo el juego del ratón y el gato o bien de qué forma manejar con más habilidad aquello que afirmaba Rajoy de que «en muchas ocasiones lo más bastante difícil es no tomar ninguna decisión». En el Partido Popular se escucha dar por perdidos los Gobiernos de Aragón y Castilla y León, por poner un ejemplo. Mas absolutamente nadie reconocerá que se retira de la partida hasta el momento en que no estén todas y cada una de las cartas sobre la mesa. La base sobre la que se están procurando edificar pactos de gobierno es la necesidad compartida de emplear la situación para hacer el mayor daño posible al contrincante sin que se note. En lo que se refiere a la ecuación específica Partido Popular-Vox, el inconveniente primordial es la división que en el partido de Pablo Casado prosigue produciendo la relación con el partido de la ciudad de Santiago Abascal. Vox arrancó la negociación con un muy, muy duro argumentario contra el representante del ala moderada y centrista de la dirección popular, contra el vicesecretario de Organización, Javier Maroto, asimismo miembro ahora de la comisión negociadora, como ocurrió en Andalucía. Mas Génova ha preferido hacer como que ignora el órdago y no darse por enterados. Interiormente divide la estrategia de la negociación y de qué forma se conforman gobiernos en aquellos municipios en los que suman el Partido Popular y Vox. La corriente más centrista no desea que Vox toque gobierno y prefiere levantar fronteras con claridad, si bien les precisen para la gobernabilidad. En Génova se impone el «pragmatismo», o bien de este modo justifican que comprendan que lo más esencial es sostener poder territorial.

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