Prepárense para conocer qué profunda es la madriguera del dinero negro. Como una especie de Alicia en El País de las Maravillas, el cronista británico y excorresponal en Rusia de Reuters, Oliver Bullough, nos invita a un periplo por «Moneyland», el «país» de los corruptos y los cleptócratas que gozan de manera segura de lo robado. Incisivo, irónico y, a veces, vehemente en «Moneyland: por qué razón los ladrones y los tramposos controlan el planeta y de qué manera arrebatárselo» apunta que «el dinero es global, mas las leyes son nacionales». Bullough ha sido nominado al premio Orwell y ya tiene en su haber 2 libros sobre Rusia: «The Last Man in Russia» y «Let our Fame Be Great». ¡Pasen y vean!

¿Qué es lo que significa precisamente «Moneyland»?

Es un sistema que existe para permitir a los riquísimos romper con las reglas del resto de las personas, que guardan su dinero en el banco. Se trata de una gracieta que me he hecho a mí, para asistirme a comprender por qué razón en Ucrania y en Rusia hay un conjunto muy reducido de personas poderosísimas que hacen otra vida: una que uno jamás va a vivir y por la que nunca van a deber enfrentarse a la Justicia. Ellos son «Moneyland»: una buenísima metáfora para comprender qué ocurre verdaderamente en el planeta.

¿Qué opina sobre el ahínco de organismos como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos en la lucha contra los paraísos fiscales?

Es un trabajo valioso. Ellos hacen ciertos cosas que están bien, mas es un camino larguísimo. Ya sabemos lo que ocurre cuando el Gobierno quiere solucionar un problema: en los años noventa, los gobiernos dejaron de charlar sobre el dinero como un ideal y empezaron a discutir sobre la necesidad de supervisarlo. No hay duda de que aseveran que tienen la pretensión de hacer algo a este respecto, mas no saben qué desean. Esto es, que los buenos deseos son solo eso mas solamente.

Cuando charlamos de paraísos fiscales, nos imaginamos la isla de Suéter mas apunta que los destinos finales del dinero negro son N. York, Londres o bien Miami…

Si vas a Suéter, a Isla Nieves… no hay nada para adquirir, no hay nada. No obstante, el dinero no para y debe de ir a algún sitio más: va donde la gente lo precisa para adquirir, que son urbes como N. York, Miami, Los Ángeles, Madrid… Es obvio, si pensamos sobre ello. Los ricos desean ir donde pueden hacer cosas de ricos: desean adquirir yates, casas, pagarse una educación o bien una buena comida. Es por esto con lo que las exenciones al pago de impuestos son esenciales. Ahora, si solo discutimos de esto, dejamos que «Moneyland» gane por el hecho de que asimismo hay que charlar de dónde viene el dinero (Venezuela, Nigeria, Malasia…) y cara donde va: N. York, la villa de Madrid, París, Suiza,… Este sistema deja desplazar el dinero de unos lugares a otros.

En su libro lanza esta reflexión: el dinero negro empieza a dañar a los lugares que le abren sus puertas…

Es el inconveniente de todos, desde entonces el de Rusia por el hecho de que ese dinero robado ha de estar allá, en los centros de salud, las escuelas, haciendo buenas cosas. Mas, por poner un ejemplo, una gran parte de Londres es propiedad de la cleptocracia. ¡Es una insensatez! Si deseas seguridad, pagarás por ella, y si adquieres una casa en la ciudad de Londres, el Gobierno británico te va a resguardar. Es una estupidez mas es verdad: si has robado 1.000 millones de dólares estadounidenses se pueden gastar sigilosamente. Por poner un ejemplo, con
casas en la ciudad de Londres, en la ciudad de Nueva York, en Miami…

Ese dinero negro asimismo está financiando a políticos…

Es un nuevo problema: la adquisición de políticos significa una mejor protección y menores impuestos.

En todo caso, apunta que las soluciones han de ser ordenadas internacionalmente…

En la Unión Europea, si mueves el dinero desde España a Portugal es tal y como si fuera exactamente el mismo país, mas si la Policía de España solicita información a Portugal esto lleva bastante tiempo. Mas el tiempo del dinero es diferente: esto desea decir que es muy simple ser un delincuente y muy complicado pararlos por el hecho de que el dinero es internacional, mas las leyes son nacionales. Este es el «problema», de donde procede «Moneyland», y al que no hemos encontrado aún una solución.

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