«Nunca nos acercamos al pozo de las drogas»


A través de las canciones de los Hombres G se vertebra España mejor que con la Alta Velocidad porque llevan desde 1986 con un éxito detrás de otro. Se puede recorrer el pasado reciente del país –del golpe de Estado en Cataluña a la crisis de 2008, del ‘once ese’ a ‘Barcelona noventa y dos’– y siempre suena de fondo una canción de los Hombres G en la radio. Los cuatro chicos de aquellas chicas cocodrilo de los ochenta hoy
siguen llenando estadios, presentando discos y logrando números uno. Ellos se han hecho mayores, las chicas cocodrilo también y hasta han nacido otras nuevas. En el concierto del pasado septiembre en Simancas a Summers le esperaba un grupo de mujeres dando gritos, aupadas sobre una verja detrás del escenario, auténticas fans: «¡David! ¡David, llevo treinta años esperándote! Como le cuente esto alguien a mi marido…»

«Lo que nos ha pasado a nosotros no le ha pasado a nadie jamás en la historia en España. Tenemos el ejemplo de los Rolling Stones y otros artistas que llevan toda la vida ahí, pero en este país nunca había ocurrido que un grupo de rock esté cuarenta años a un nivel muy parecido. En los ochenta estábamos con el rollo de las niñas que llenaban estadios y ahora estamos con el WiZink lleno, con giras de treinta o cuarenta conciertos cada año en España, México o Estados Unidos. En la década de los ochenta estaban Gabinete Caligari, Danza Invisible, los Hombres G y no sé cuantos otros más. En los noventa estaban Alejandro Sanz y los Hombres G, y después Pablo Alborán y los Hombres G… Siempre estamos ahí, somos como Matías Prats. Y eso, claro, es a base de insistir, perseverar y ofrecer cosas nuevas. Un trabajo incansable de perseverancia y de amor a nuestro oficio», se sincera David Summers.

Presentan ‘La esquina de Rowland‘ –su decimotercer disco original– y hablan con ABC de su carrera, de estos casi cuarenta años sobre los escenarios y de cómo ha cambiado España mientras ellos seguían componiendo. Summers recibe en el salón de casa como los toreros lo hacen en la suite de los hoteles. Ellos tienen sus vírgenes y él, rodeado de pintura, tiene a Dani Mezquita, a Rafa Muñoz y a Javi Molina, que son la cuadrilla de las tardes de gloria en todo el mundo. De las paredes de su casa cuelga también buena parte de la historia de este país: hay viñetas de Manolo Summers, su padre; dibujos dedicados por Chumy Chúmez, Gila o Mingote. Hay un traje de luces esquinado sobre el respaldo de una vieja silla roja de barbería y sólo falta en el salón un limpiabotas que haga las veces de notario de esta entrevista. «En casa, cuando era pequeño, era muy normal ver a los amigos de mi padre entrar y salir: periodistas, actores, pintores…» Y con esa tertulia constante en el aire, recibe él ahora en la suya.

Mientras en Europa la gente aprendía repostería, agotaba levadura y veía cómo crecían los muertos, los Hombres G’aprovecharon el confinamiento para embarcarse en un nuevo álbum. Precisamente el confinamiento, aparte de un disco muy mimado, les permitió dedicarse a otros oficios para los que la vida entre concierto y concierto no les había dejado espacio. Cuenta Dani Mezquita que él lo dedicó a pasar mucho tiempo con su hija. «Tengo una niña pequeña que tiene tres años, así que dábamos clase todas las mañanas y luego estudiaba yo. Estudiaba mucho para el proceso de grabación. Investigando un montón de aparatos, de sistemas, de ‘plugings’ que podíamos usar. Llevamos una década sin tener un mes entero de vacaciones, y ahora hemos tenido un año». «Las vacaciones siempre se me han hecho un poco largas», se cuela Summers. «Cuando estamos de vacaciones nuestra vida se resume en: mañana tengo una ecografía abdominal y pasado cita con el otorrino. Así que esta vez prefería trabajar».

«Chico, tienes que cuidarte», podría pensar cualquiera, pero ellos –que son estrellas de esto– lucen las arrugas, las ojeras largas de todas las noches que no durmieron y las confesiones que nunca harán como galones en el pecho. Se lanza Rafa Muñoz a hablar también del confinamiento. «Recuerdo cuando llegamos de México muy asustados; al principio fue jodido, después ya nos relajamos un poco. Pasé mucho tiempo cocinando. Recuerdo en primavera, antes de que dijeran que se podía salir por fin, yo me puse a dar vueltas con la bici al rededor de la piscina». Por último, añade Javier Molina que de lo que de verdad ha disfrutado es de poder estar en casa con su mujer. «Nunca he podido estar con ella tranquilamente. He disfrutado comiendo con ella, cenando y hasta nos hemos acostado juntos».

Nuevos oficios para tiempos inciertos, pero aseguran que ninguno como la música:

—Javi: «Yo me haría torero pero estoy mayor ya».

—Rafa: «Ser sacerdote también es muy bonito».

—Javi: «Mira, para eso todavía tengo edad».

Tratando de no caer en el pesimismo, hablan también del otro lado que dejó la pandemia, del desempleo y un sector completamente parado. «Es injusto, al principio de la pandemia todo el mundo se agarraba a la música. Que si
‘Resistiré’, que si conciertos online… Hicimos una labor de apoyo espectacular, y me siento decepcionado porque ese esfuerzo altruista al que nos lanzamos casi todos los artistas para animar a la gente y hacerles sentir un poco mejor no ha sido luego correspondido. Nos jodieron los primeros y nos van a soltar los últimos», aclara Summers. «Hablan del cine, del teatro, de la literatura, pero no se acuerdan nunca de la música. Nuestro sector, el de la música, los discos y los conciertos, da trabajo a 700.000 familias en España. Pero en España siempre ha sido algo como de lo que se puede prescindir. Y precisamente esa falta de respeto a lo que es la música culturalmente hablando me parece decepcionante. También ha habido políticos que han intentado hacerlo bien, claro. Yo estoy muy de acuerdo con Nacho Cano, aunque le hayan lapidado públicamente. Isabel –Díaz Ayuso– ha tratado de equilibrar las cosas; por un lado ha buscado no hundir la cultura sin dejar de primar la salud».

Dani: «Se inventan luchas, cualquier cosa con tal de dividir. Han vuelto loca a la gente que ya no sabe ni cómo hablar y todo para polarizar aún más. Fíjate que contra todo pronóstico a mí cada vez lo más normal me parece el sentido común».

Summers: «Nosotros nos aprovechamos que somos de otro siglo, porque somos de los 80, y no nos vamos a plegar a la gilipolleces de los nuevos tiempos».

Ahora por fin han podido volver a los escenarios, aunque con unas medidas muy estrictas de seguridad. «Nos jode porque nosotros a lo que nos dedicamos realmente es al rock and roll y nos gusta que la gente se desmadre. No nos pone nada ver a la gente sentada, nos corta el rollo, pero sobre todo queremos que lo hagan bien porque tratamos de evitar que pueda haber alguien que diga que los conciertos de Hombres G son peligrosos. No queremos que eso ocurra», insiste Summers. «
Si un artista conocido comete un error, al día siguiente le crucifican», aclara Rafa. Sin embargo, hay conciertos de grupos desconocidos que se han convertido las últimas semanas en fiestas multitudinarias donde no se respetaba ninguna norma. «Cuando hablan de que la juventud hace botellones, la juventud son nuestros hijos. Así que no podemos acusar a los jóvenes y culpabilizarles de todo lo que pasa. Pero es muy fácil que un artista muy conocido haga un concierto y haya un contagio y le crucifiquen. La crucifixión es la nueva moda en España».

Hablar con claridad y sentido común hoy no se perdona. Por menos de esto te tachan de facha que es la otra moda. Si hasta Colón, Cervantes y Don Quijote eran fascistas, ¿no os da miedo que os tachen de fachas a los Hombres G por hablar con libertad? «Es que a nosotros nos han llamado fachas toda la vida», se ríe sin dramatismo Summers.

Casi cuatro décadas de éxito dan suficiente para estar curado de espanto. También para mirar con perspectiva hacia atrás y acordarse de todos los artistas que se quedan por el camino. Hay una España ya mítica que sucumbió a las drogas y al exceso, y de la que sólo quedan canciones que suenan como himnos incluso entre las nuevas generaciones que acaban de estrenarse en la noche después de todas las restricciones por la pandemia. «El problema de finales de los setenta y toda la década de los ochenta fueron las drogas. Eran algo espectacular, no sólo en los artistas sino en la sociedad. Nosotros gracias a Dios nunca tuvimos esos problemas, nos concentrábamos más en las chicas guapas, que es la mejor droga. Eso lo dejamos de lado y nos mantuvimos más o menos serenos. Dicho eso nos hemos cogido unos pedos de la leche en nuestra vida, pero nunca nos acercamos al pozo. Disfrutamos de los ochenta como el que más», recuerda Summers.

Supervivientes de una España que se fue, de aquel país recién estrenado en el que se quedaron para siempre Antonio Flores o Enrique Urquijo, ellos cuatro continúan dando valor a la amistad. Responden a las preguntas de la entrevista más confesándose entre risas. Todavía les quedan sorpresas que darse y se cuela algún: «¿En serio? ¡Hay que joderse!» en la conversación.

Sobre el nuevo disco se aventuran a decir que el público se va a encontrar con «catorce canciones que transmiten buen rollo sobre todo. Nosotros creemos que es momento de transmitir a la gente buen rollo por la confrontación que se hace de cualquier cosa. Y que se den cuenta de que existe el amor, la amistad, la tranquilidad… algo más de lo que vemos todos los días en el telediario. Estas canciones del nuevo disco hablan de personas, de gente real. Esa es nuestra misión en la vida, transmitir buen rollo, es lo que venimos haciendo todos estos años y estamos muy orgullosos. Desde luego crispar más, no. Si la música tiene algo grande es que une a las personas de cualquier partido político, de cualquier religión. Por eso estamos empeñados en hacer discos que la gente pueda disfrutar enteros. No sólo que vayas a por esta o aquella canción que ha oído por la radio. Un disco con el que ocurra como antaño con los vinilos, que ponías la cara A y después cuando terminaba le dabas la vuelta y lo escuchabas hasta el final».

Presentan ‘La esquina de Rowland’, su nuevo trabajo musical. El día 22, concierto en el WiZink, para el que no quedan entradas desde hace semanas. «Estamos rodando también una peli musical que se estrenará el próximo verano y preparando una serie de comedia con nosotros de gira y con un grupo de cómicos haciéndose pasar por nuestro staff; eso va a ser la leche. Después en marzo y en junio tenemos gira en Estados Unidos, España, México y donde haya que ir», explica David Summers.

Y es que los Hombres G no piensan jubilarse nunca porque las estrellas se mueren en el escenario. «Bueno, hombre, en el escenario exactamente..», duda Javi. Los toreros se mueren en la plaza… «Ya, pero es que donde esté una buena corrida, que se quite el fútbol». David Summers lo tiene muy claro: «Yo prefiero morirme en un escenario en vez de en un hospital después de dos años jodido como estuvo el pobre de mi padre». Preferiría sin duda estar de gira y morirme así, como Vito Corleone… Tenemos el mejor oficio del mundo. Somos unos privilegiados. Viajar por todo el mundo cantando con tus amigos, conociendo gente, ciudades. No hay un trabajo más acojonante que este».


Fuente: ABC.es .

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