La legislatura arrancó el día de ayer en el caos. Partido Socialista y Podemos engrasaron el pacto de alianza bajo el paraguas independentista, mas el apoyo de esos votos de ERC y Bildu, indispensables a fin de que se confirme la investidura de Pedro Sánchez, solo se activaron para ir en contra de Vox no en favor sin más ni más de los intereses de Sánchez. Y reflejo de ello fue la votación de la candidatura de Meritxell Batet a la Presidencia del Congreso, que salió en segunda votación. Un sólido rastro del inconveniente de estabilidad del nuevo Gobierno. Por su parte, la derecha derrochó de nuevo su fuerza por culpa de la división. La partida del reparto del poder en la nueva mesa del Congreso la ganó exactamente por esto la izquierda, que logró hacerse con un puesto más de los que le correspondían por proporcionalidad en los escaños. No altera lo esencial, que es que la mayor parte del órgano rector de la Cámara la tiene la izquierda, mas sí es un síntoma, mejor dicho, una prueba de cargo, de por dónde irán los «tiros» de la nueva legislatura si, finamente, echa a caminar.El guion de la constitución de las nuevas Cortes Generales se cumplió prácticamente por completo. Hubo polémica por los acatamientos independentistas y empujones entre Ciudadanos y Vox por ocupar los escaños centrales de la bancada.Pero lo relevante por su proyección política es que la izquierda prosiguió encauzando su pacto de gobierno con esta toma del control de la Mesa del Congreso, en un reparto de papeles que funcionó perfectamente para lograr el doble objetivo de fortalecer su mayoría y garantizarse que Vox alcanzara uno de los puestos. Pues aunque la izquierda planteara el «cordón sanitario», la verdad es que les viene bien tener a un representante del partido de la ciudad de Santiago Abascal haciéndole zancadillas al Partido Popular cada semana en la Mesa. Y de exactamente la misma manera el Partido Popular negó el «cordón sanitario», mas hubiese firmado por poder haber dejado fuera a Vox sin aceptar ningún costo político ni electoral por esta resolución.La izquierda sí confirmó en la sesión de constitución de las Cortes Generales que puede afianzar sus pactos para repartirse sillones. Otra cosa es que entonces pueda desarrollar pactos programáticos que vayan alén de ese reparto de puestos o bien de la coalición anti-Vox. Lo substancial de lo que hasta el momento ha pedido ERC no está ni tan siquiera en la agenda de competencias que puede otorgar un presidente del Gobierno. Sánchez no puede negociar sobre la autodeterminación ni otorgar la amnistía a los líderes independentistas condenados por el Tribunal Supremo. Para esto precisa una reforma constitucional y para hacerla precisa una mayoría cualificada en la que debe incluir al Partido Popular.Pero conforme prosigue dando pasos adelante en esa negociación con ERC es cada vez más bastante difícil que corrija lo andado por el costo político que las dos partes están asumiendo en este proceso.A su vez, el bloque del centro derecha confirmó en la sesión de el día de ayer las contrariedades de cooperación eficaz que marcarán esta nueva etapa. Vox ratificó su estrategia de usar las instituciones para afianzarse como ese partido «outsider» que aspira a engordar su base electoral con su política anti-todo. Su estreno ha consistido en rehusar el pacto que le planteaba el Partido Popular para repartirse un puesto con Ciudadanos y afianzar los 4 puestos en la Mesa para la derecha. Al paso que, paralelamente, el Partido Socialista les facilitó el único pues han logrado al primar su objetivo de retener la vicepresidencia primera en frente de su público compromiso con aislar a la «extrema derecha».Cs confirma su papel de partido intrascendente en esta legislatura. Y Partido Popular y Vox se enzarzaron en un cruce de descalificaciones que adelanta la «pelea de gallos» con la que el partido de Abascal pretende continuar invadiendo terreno de los populares. «¿De qué os quejáis si os hemos puesto a uno de los vuestros en la vicepresidencia?», reprendieron desde Vox al Partido Popular el primer día de la semana de noche, cuando apretaban con su demanda de tener 2 representantes en la Mesa y dejar fuera del acuerdo a la capacitación naranja. El «uno de los vuestros» mencionaba a Ignacio Gil Lázaro, ex- miembro del Congreso de los Diputados del Partido Popular y que entra ahora como vicepresidente cuarto del órgano rector del Parlamento merced al reparto de votos de la izquierda para no perder la citada vicepresidencia primera.En cualquier caso, el pulso de el día de ayer se va a quedar en una cuestión anecdótica si echa a caminar la legislatura. Con la mayor parte en la izquierda, la «pelea» tiene su simbolismo, mas el reparto de sillones no deja de ser un reparto de presupuesto y privilegios, que es lo que en el fondo ocultan estos cargos institucionales. Otra salida para dar un buen acomodo a señalados líderes de los partidos mayoritarios. El inconveniente mayor va a venir cuando se active la legislatura y el Partido Popular tenga enfrente a un partido que día tras día usará el control al Gobierno o bien los debates parlamentarios para presentarse como el primordial contrincante de Pablo Casado.

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