Atrapar momentos fugaces para plasmarlos en sus cuadros era lo que los pintores impresionistas trataban de conseguir. El nombre de esta corriente artística hace referencia a una obra de Monet, «Impresión, sol naciente», en la que reproducía la salida del astro sobre el puerto de Le Havre. Por esta razón, el propósito de cualquier viajante que visite este destino va a ser descubrir el secreto que destaparon en sus paisajes. Es bastante difícil saber lo que sintieron aquellos jóvenes pintores al llegar a este entorno francés tras dejar atrás la escandalosa París. Para Monet el cambio fue menor pues había crecido en Le Havre y había pasado largas temporadas en Honfleur. Para instalarse, escogió Giverny. Corría el año 1883 y ya estaba casado y tenía 8 hijos, por lo tanto debió buscar una residencia extensa donde asimismo pudiera montar un taller. Y la halló. El día de hoy se puede visitar esa singular casa de testera rosa y ventanas verdes, rodeada de un jardín de estilo francés y otro de aires orientales con un estanque. Indudablemente, esa pasión por las flores se percibe en su obra. A los nenúfares, por servirnos de un ejemplo, le dedica series enteras. Al fisgonear por su residencia, llaman la atención sus estancias privadas, mas todavía más sus talleres y los abundantes volúmenes de botánica. En los más de 40 años que estuvo Monet en esta finca, fueron muchos artistas los que se aproximaron a conocer el sitio que le había enamorado. Se sabe que estuvieron Renoir, Caillebotte, Pissarro y Sisley. En el hotel Baudy de Giverny, se alojaron muchos de ellos, ciertos como Cézanne aun instaló allá un taller. Si bien no se alojen acá, se puede entrar a comer en su restorán. La visita a la villa se puede llenar con otra al Museo de los Impresionismos, donde se exhiben obras del artista francés y de otros que tomaron de su obra. Mas Monet no estuvo siempre y en todo momento en casa, asimismo reprodujo escenas urbanas y marítimas en la vecina localidad de Rouen, aparte de su catedral de Notre-Dame. Aun arrendó una habitación frente al templo y pintó, con diferentes luces y matices, treinta cuadros. Por su testimonio, parece que le obsesionaba: «He pasado una noche llena de pesadillas; la catedral se me caía encima». Vale la pena caminar por el casco histórico de la urbe para descubrir sus casas con entramado de madera, el Gros Horloge (un arco con un reloj dorado) y el Museo de Hermosas Artes, que cobija una de las mayores compilaciones impresionistas. Mas en este sitio, además de esto, hay otro personaje relevante: Juana de Arco. Al lado de la iglesia que lleva su nombre está señalada la localización de la fogata donde fue quemada. Con este sabor agridulce prosigue la senda. Resultan tan familiares que semeja que los conocemos, son los barrancos de Étretat. En toda la costa Costa de Albâtre se suceden diferentes formaciones ribereñas, mas ninguna tan singular como las de esta villa. Con ciertas diferencias, mas con una misma fuente de inspiración, trabajaron Monet (más de 80 pinturas), Boudi, Corot y Courbet. De la Falaise d’Aval, que se semeja a un elefante hundiendo la trompa en el agua, asimismo se enamoró el escritor Maupassant. Ciertos turistas adinerados supieron del mismo modo estimar la belleza de esta población en el siglo XIX. Edificaron mansiones y un campo de golf desde cuyo restorán se disfruta de una muy bella panorámica ribereña. La próxima parada es Le Havre, una ciudad construida de una manera racional tras ser asolada a lo largo de la Segunda Guerra Mundial. Ese acierto del arquitecto técnico belga Auguste Perret le valió a la urbe el reconocimiento de la Unesco como Patrimonio Mundial de la Humanidad. Un camino por su trazado lleva inevitablemente a la iglesia de Sain-Joseph, una mole de hormigón con 13.000 paneles de cristal tintado en su interior que crean una sorprendente atmosfera cromática. Esa luz nada debe ver con la que mana de los los cuadros del Museo de Arte Moderno de André Malraux, que muestra más de 200 bocetos. No obstante, uno de los rincones más pintorescos de este destino es el puerto de Honfleur. Pequeño, alegre y motivador para Monet, Boudin y los decenas y decenas de artistas que ahora se reparten por la villa. Es buen sitio para sentarse sobre una terraza y aguardar a que lleguen las musas. Si no aparecen, se puede proseguir hasta Caen para conmoverse con la pintura impresionista de su Museo de Hermosas Artes. Si se puede exender el viaje, un buen broche final es el Mont-Saint-Michel, una colina rodeada en ocasiones por el mar que cuenta con una bella abadía. Desde uno de sus ventanales la urbe se despide con el mejor de los atardeceres. Revivir la historia El año próximo se festeja el 75 aniversario del conocido Desembarco de Norman-día, el renombrado Día D que cambió la historia de Europa y del planeta. Con ocasión de este aniversario, uno de los acontecimientos más esenciales de cara a los próximos 365 días, la zona ha preparado una serie de homenajes, de actividades y de celebraciones que van a hacer que Su viaje sea una experiencia única y absolutamente diferente. Este año, el visitante va a tener la ocasión de recorrer sus calles, mas viviendo su historia desde dentro. Al festejarse esta data, van a ser muchos los acontecimientos relacionados con el mentado desembarco, los que le dejarán conocer más a fondo lo que ocurrió desde aquel seis de junio de 1944, como la intrahistoria, todo lo que vivieron quienes formaron una parte del mismo.

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