«No fue un abandono de las armas; fue una derrota, y ETA lo reconoció»


Antonio Camacho Vizcaíno (Madrid, 1964) fue secretario de Estado de Seguridad siete años, entre 2004 y 2011, y durante unos meses ministro del Interior tras sustituir a
Alfredo Pérez Rubalcaba, ascendido entonces a la Vicepresidencia del Gobierno. Es, por tanto, protagonista y testigo de excepción de unos años apasionantes en los que ETA fue definitivamente vencida gracias a la acción policial, judicial y la cooperación internacional, y sin ninguna contrapartida. Desde que dejó el ministerio nunca ha concedido una entrevista. Si lo hace ahora, con ABC, es por ser el único de los tres ministros de aquella época que puede hablar, tras el fallecimiento de José Antonio Alonso, primero, y Rubalcaba, después.

 a producir el comunicado en el que ETA anunciaba el abandono del terrorismo?

Ese mes de octubre estaba en los medios, en la opinión pública, que se iba a producir un comunicado, aunque los servicios de Información del Gobierno, como es natural, lo sabían antes que los periodistas. Ahora bien, la certeza exacta del anuncio la tuvimos 24, 48 horas antes aproximadamente. Lo que no conocíamos era qué iba a anunciar ETA exactamente.

¿Le sorprendieron los términos de ese anuncio?

Sí, sin duda, porque en el comunicado ETA reconocía abiertamente su derrota, incluso iba más allá de lo que suponíamos. Una vez leído llegamos a la conclusión de que la banda admitía lo que era una realidad, que aquello no era un abandono de las armas, sino la constatación pura y dura de que la Democracia había vencido. Nos sorprendió que fueran tan sinceros, que se ajustaran tanto a la verdad. A la hora de comunicar algo así se pueden intentar suavizar en alguna medida los términos que se emplean, pero no fue el caso. Y quedaba claro también que lo hacían a cambio de nada, por mucho que los años anteriores se dijera que iba a haber concesiones por parte del Gobierno. Las exigencias de ETA eran muy claras: autodeterminación y anexión de Navarra, y es evidente que no las han conseguido; ni antes, ni ahora.

¿En ese momento había contactos fluidos con el Partido Popular, se les trasladaba lo que iba sucediendo en este ámbito?

Sí, claro. Al principal partido de la oposición, al partido que tiene aspiraciones de gobernar, en este caso el PP, que además ya se barruntaba que iba a llegar al Gobierno, se le trasladaba continuamente información. Y se hacía a todos los niveles.

«El comunicado iba más allá de lo que suponíamos. Nos sorprendió que fuera tan sincero»

Aquella misma tarde del 20 de octubre de 2011 algunos sectores del Partido Popular dudaban de que aquello fuera el final de ETA…

Había interlocución a distintos niveles, pero desde luego las personas con las que yo hablaba, y también Mariano Rajoy, tenían todos los datos de lo que se estaba produciendo. Con mis interlocutores era absolutamente leal, y ellos también lo fueron conmigo. En todo caso, el que luego fue presidente del Gobierno estaba perfectamente al corriente de la situación tanto a través del Ministerio del Interior como del propio del Palacio de La Moncloa. En cualquier caso, desde que entré en el ministerio quizá una de las cosas más incómodas que había era el ruido político-mediático que en algunas ocasiones se generaba. Rajoy asumió las cosas como eran, y así fue su discurso de aquel día. No hay ninguna queja. Pero los partidos son organizaciones muy grandes, hay muchas voces discordantes… Aunque sinceramente, no las recuerdo, tiendo a olvidar las cosas negativas.

¿Cómo se enteró de que por fin la rendición de ETA era una realidad?

Al comunicado accedo pinchando en una web de un medio de la Izquierda Abertzale. Esa tarde lo hacía continuamente, porque llegó un momento en que sabíamos que se iba a publicar y que se iba a hacer por esa vía, pero quería verlo cuanto antes. Refrescaba una y otra vez la página para poder acceder al comunicado de inmediato. En España disponemos de unos servicios policiales magníficos, teníamos mucha información, pero como decía antes desconocíamos el contenido exacto del mensaje. Ese es el principal recuerdo de aquellas horas previas, visitar esas páginas sin parar a la espera de novedades.

Una vez que lo lee, ¿qué es lo que primero le viene a la cabeza?

Somos humanos, se te agolpan un montón de cosas en la cabeza… Una de las cosas más duras que he tenido que hacer es reunirme con la familia de un asesinado una hora o dos después de que se hubiera producido el crimen. Lo primero que pensé en ese momento es que nadie ya iba a tener que pasar por la situación de esas personas que yo había visto, en momentos donde se mezcla la ira, el dolor… Es duro, muy duro, que maten a alguien que quieres, pero más en esas circunstancias.

Camacho, durante un momento de la entrevista

¿Cuál fue su primera llamada tras leer el comunicado?

La primera llamada fue a Alfredo Pérez Rubalcaba, la persona con mayor capacidad de trabajo que he conocido, con una mente más rápida y con una capacidad de estrategia que impresionaba. Alfredo no distinguía lo que era un sábado de un lunes, un domingo de lo que era un miércoles, ni las dos de las madrugada de las seis de la tarde. Estaba siempre pensando y dando vueltas a las cosas, en especial a conseguir el final de ETA, que era su objetivo. Además estuvo en esto desde el principio, primero desde el grupo parlamentario, luego desde el ministerio, más tarde desde la vicepresidencia y finalmente desde su casa.

¿Cómo fue esa conversación?

No la recuerdo exactamente, pero desde luego ambos estábamos emocionados. Le pedí que viniera al Ministerio del Interior, donde estábamos todos los miembros del equipo… Cuando abrió la puerta, se produjo un aplauso espontáneo y unánime. Todos éramos conscientes de que cualquier persona podía haber conseguido el final de la banda, pero lo cierto es que Alfredo Pérez Rubalcaba había sido decisivo en que finalmente eso fuera una realidad. Luego hablé con el presidente Zapatero y le felicité porque creo que acabar con el terrorismo fue una apuesta personal. Desde que llegó al poder uno de sus primeros objetivos había sido terminar con esto, pero no por una visión electoralista, porque se sabía que una victoria en ese asunto no garantizaba una reelección, sino porque ya era momento de que España se quitara esa losa de encima.

¿Con quién habló del Partido Popular esa tarde?

Al mismo tiempo que hablé con Rubalcaba y Zapatero también llamé a Federico Trillo para trasladarle la información que teníamos en ese momento. Y creo que desde Moncloa el presidente tuvo una conversación con el líder de la oposición.

Hay quien ve un triunfo de ETA en la presencia en las instituciones de personas que defendieron la violencia…

Las democracias pueden luchar y aplastar la violencia, pero no están para destruir las ideas. Lo que no permite la Democracia es alcanzar objetivos políticos por la violencia. Las ideas se respetan, te gusten o no, te incomoden o no, y a muchos nos incomodan. Pero las democracias no están para prohibir las ideas de los demás, aunque para llevarlas a cabo debe hacerse por medios democráticos, con respeto a las leyes y a la Constitución.

¿Qué opinión tiene el acercamiento de los presos de la banda?

Desde un punto de vista estrictamente personal creo en los fines de la pena, que son la reintegración y reinserción de los presos en la sociedad. Si esas circunstancias concurren en un recluso, probablemente tengan sentido los acercamientos. Hay muchos exmiembros de ETA que son extraordinariamente críticos con lo que fue la banda y su actuación. No hay razón para no acercarles.

El Gobierno vasco siempre ha sostenido que asumir la competencia de las Prisiones era una reivindicación histórica. ¿Cuando ETA asesinaba era así?

Por lo que recuerdo, nunca fue un tema que se viera en una reunión con los sucesivos ejecutivos vascos. El Gobierno tampoco se planteaba entonces transferir esa competencia, pero yo no recuerdo peticiones en ese sentido durante esas conversaciones.

¿Cuál fue el momento clave de la derrota de ETA?

Un proceso de este tipo siempre tiene un principio y un final. Desde luego, un atentado nunca tiene aspectos positivos, pero el de la T-4, en el aeropuerto de Barajas, demostró a una parte de la sociedad vasca, y sobre todo de la Izquierda Abertzale, que ETA no tenía ninguna intención de dialogar, de solucionar la losa que había generado para la democracia española.

«La primera llamada fue a Rubalcaba. Le pedí que fuera al ministerio. Cuando llegó, todo el equipo lo aplaudió»

¿La ETA que se rinde estaba ya dividida, en descomposición?

Sí, había sectores, hubo uno duro, otro más blando al que le sucedió otro duro… Hay que tener en cuenta que durante aquellos años la cúpula de la banda cayó de forma sucesiva muchas veces, y evidentemente cada cambio de dirección suponía una reorientación de las posiciones. Hubo enfrentamientos, tensiones, entre la Izquierda Abertzale que apoyaba a la banda y la propia banda, pero en definitiva es un proceso propio de la desintegración en la que había desembocado ETA, sobre todo como consecuencia de la efectividad de la Policía y de la Guardia Civil. Y de muchas otras cosas, como la cooperación internacional.

¿Qué imagen se tenía de ETA fuera de nuestras fronteras?

Sin duda, una muy distinta de la que teníamos en nuestro país, algo que no es de extrañar porque nos sucede a nosotros con otros conflictos en los que no estamos directamente concernidos. En Europa, en Hispanoamérica había defensores de la banda, había una visión romántica de ella en algunos ámbitos. Recuerdo perfectamente asistir a una universidad de México, un país que por cierto nos ayudó mucho, en la que había doce, catorce catedráticos que se sentaron a mi alrededor y algunos de ellos publicaban editoriales a favor de los terroristas. En el ámbito internacional tuvimos que hacer un esfuerzo importante, contando con nuestra red de embajadas, pero también con viajes puntuales para explicar que ETA era una banda de asesinos, que no podía haber una visión romántica de ella.

Tras dejar el ministerio, es elegido diputado por Zamora en las listas del PSOE, pero apenas está dos años ¿Volvería a la actividad política?

Todos analizan muy positivamente a los políticos de la Transición, y eran profesionales de distintos ámbitos. Buena parte de ellos regresaron después a sus profesiones… Yo aporté en su día, pero soy juez y fiscal, mi ámbito es el del Derecho y a ello me dedico ahora como abogado. La actividad política, tal como la entiendo, debe ser provisional. Por eso, cuando se habla de ‘puertas giratorias’ habría que matizar algunas cosas.


Fuente: ABC.es .

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