NEO-EXISTENCIA, POR CRISTIAN BREITENSTEIN

NEO-EXISTENCIA, POR CRISTIAN BREITENSTEIN

Pero volvamos a los tiempos de Pandemia.

La “nueva realidad”, alejada de la idea de una “nueva normalidad”, plantea un tiempo y un espacio existencial diferente, donde al fin y al cabo lo que se pone en crisis es la idea de “proyecto” tanto personal como colectivo.

¿Como se puede “proyectar” en un estado de excepción donde la vida se debate en el da a día?

Proyectar es una facultad humana que nos permite representarnos en un tiempo y espacio futuro. ¿Que futuro propone la pandemia si solo nos hace ocuparnos de un presente tan corto como efímero?

Por otro lado, el ser humano también posee otras facultades representacionales, la de resignificar el presente. Es esta una manera de darle un sentido a una situación no deseada. Al fin y al cabo, la tarea existencial se define por dar sentido a la adversidad. El éxito, mas allá que comprendamos el esfuerzo con el que se gesto, nos parece natural pues pensamos que tendemos a el.

Nadie proyecta algo para fracasar sino para triunfar. Cuando triunfa concreta su ideal. Pero si fracasa debe resignificarlo para no angustiarse y es ahí donde surgen explicaciones auto-satisfactorias.

Por lo tanto, desde el punto de vista individual y social esta “nueva realidad” inaugura la necesidad de resignificar la vida para salvarla. A nivel estatal ocurre algo similar, el estado debe resignificar su función para salvar vidas.

A esto llamo una “nueva existencia” que como toda existencia esta “situada” (citando a Mario Casalla) y esta nueva situación condiciona el ex–sistere-.

Los lazos sociales se alejan cada vez mas, considerados peligrosos por la pandemia, el sujeto humano se hace cada vez mas individuo y se aísla al extremo de no visitar a nuestros ancianos o no poder despedir a alguien en su lecho de muerte. En síntesis, se “pandemiza la deshumanización”, que nada tiene que ver con la lucha contra la pandemia.

El peligro a perder el empleo, la incertidumbre sobre el futuro cercano y la inestabilidad de los vínculos personales que la misma angustia y ansiedad generan, parecen concretar una “pandemia paralela” de la cual sino estamos advertidos y alertas puede sernos tan mortal como la pandemia viral original.

Habrá que buscar la forma de “confinar al aislamiento” promoviendo la generación de vínculos que decreten la “advertencia de no viajar al individualismo, al “sálvese quien pueda”, “preparar los respiradores para oxigenar la Psyché”, entendida esta como mente pero también como alma, “disponer de medicamentos en las Unidades de Cuidados de Sentimientos Intensos” para “reducir la temperatura espiritual y la presión no arterial” generada por la incertidumbre, desarrollar “sistemas de inmunoterapia que individualicen a las células de la tristeza y la destruyan sin afectar a las alegres” y finalmente encontrar la vacuna.

Una vacuna es definida como “una preparación destinada a generar inmunidad adquirida contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos”.

La “nueva vacuna” debería poder desarrollar “nuevos cuerpos que no sean anti” para poder concretar una “com-munitas” en el que el otro no sea el “virus” sino el “compañero/a” de vida, al que ayudo y el que me ayuda…simplemente a vivir.

Lo novedoso es que esta “nueva vacuna” no es producida por las grandes farmacéuticas y no puede ser motivo de conflicto entre las potencias por asegurar su suministro. Esta “nueva vacuna” se genera en un lugar escondido, sórdido y silencioso llamado “interior humano” y todos, pero absolutamente todos, pueden desarrollarla. El costo es “tiempo de dedicación a uno mismo”, el precio es “reflexión y búsqueda interior”, la remuneración es infinita…se llama felicidad.

Cristian Breitenstein, abogado, político y actualmente consultor.

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