Náutico de San Vicente: El paraíso en Galicia


Existe un rincón en Galicia, más allá del ruido, donde la cerveza está especialmente fría y la música tiene un hogar. Se llega por una carretera estrecha, de esas de doble dirección que bordean el mar y entusiasman al turista de interior. El sinuoso asfalto desemboca en la localidad de San Vicente do Mar, un pequeño pueblo de playas pristinas en la península de O Grove. Por fuera no llama especialmente la atención, pero al final de las dunas hay un lugar mágico: el Náutico de San Vicente.

Nacido hace ya 28 años, el Náutico es una mezcla entre local de conciertos, residencia de artistas y retiro espiritual. Los músicos se pegan, no por tocar, si no

 por venir a descansar. Su líder indiscutible es Miguel de la Cierva, un hombre sencillo al que se ve feliz. Fanático de las canciones, Miguel se define como un «hombre con suerte» que prefiere estar a gusto con lo que hace antes que verse ahogado por delirios de grandeza. Hace un par de años, pudo comprobar lo mucho que ha crecido su «bebé» cuando, gracias a Iván Ferreiro y Leiva, más de 1000 personas llenaron las playas colindantes. El caos posterior (en San Vicente apenas residen 1100), le hizo ver que había que cambiar de enfoque. Ahora prefiere centrarse más en lo humano, en «estar a gusto en casa», aunque sin renunciar a los artistas nacionales e internacionales que ya consideran este rincón del Norte su segunda casa. Este verano, ha apostado por el formato de cartel oculto: usted paga la entrada sin saber quién toca. Así se dan sorpresas, como un concierto semi-improvisado con Pereza o un acústico de Judith Nedderman, una cantautora de excelente gusto y mucho talento. Miguel, que tiene espíritu de creador y odia repetirse, tiene claro que gracias a este formato puede ayudar mucho a bandas emergentes; otros años la gente venía a ver a los ‘top’ e ignoraba a los artistas menos conocidos.

El gran reclamo popular es una programación musical sin parangón en nuestro país, aunque el verdadero secreto se aprecia en el backstage. Entre bambalinas, los músicos están de vacaciones. No existe la tensión del directo, la presión de las expectativas ni las exigencias de managers insensibles. La idea principal es que los músicos estén a gusto, en su salsa y «fluyendo», un término abstracto que, sin embargo, define la atmósfera a la perfección.

Lo primero que hago es acercarme a Toni, amo de llaves y director del día a día. Destaca, sobre todas las cosas, las sobremesas nocturnas: «Cuando se marcha la gente y todo queda en silencio…». Imaginen una jam session a las 2 de la mañana con Jorge Drexler, Litus, Coque Malla, Judith y Meritxell Nedderman y Pablo Novoa y entenderán lo que cuenta.

Juan, técnico de sonido, tiene uno de los puntos de vista más privilegiados. Por la mañana monta un set flamenco, por la noche un escenario de cantautor… y al día siguiente una banda de rock. Me dice: «No sé si es por el ambiente del sitio, pero todos los músicos que pasan por aquí se convierten en uno más del Náutico. Comemos juntos, montamos el escenario… Todo informal y sin egos; es lo mejor de este trabajo».

Después de un par de horas, y tras disfrutar de un concierto espectacular a cargo de Nedderman, pillo por banda a Miguel para preguntarle por el camino recorrido y el futuro, muy incierto en estos tiempos:

¿Cuál es el secreto para que el Náutico siga creciendo y funcione tan bien?

No hay un secreto, es una confluencia de cosas que me han favorecido. Lo que lo ha llevado a convertirse en un sitio conocido y querido por artistas es una obra coral, sólo ha sido posible gracias a la colaboración de todos. El hecho de que vengan aquí Jorge Drexler, los hermanos Ferreiro, Vetusta Morla… Ellos han puesto mucho de su parte.

Pero tú también has puesto mucho de la tuya…

Yo soy sólo el mediador, el mayordomo, y me gusta pensar en el Náutico como un manicomio (risas). Me veo como alguien que busca hacerle la vida mejor a los demás, sobre todo a la gente que viene a conocer el sitio, ya sea el público o los músicos.

Coque Malla

Tienes estudio de grabación y ahora estás lanzando un nuevo ‘eje’, el de residencia de artistas. ¿Cuál es la idea?

Sí, es algo que me apetece mucho. Mi visión es compaginar los conciertos con jornadas educativas. Un taller de composición impartido por Drexler, producción con Martí Perarnau IV, nociones de interpretación de blues con algunos de los grandes músicos españoles del género… De momento son ideas que han surgido a raíz del estudio por lo bien que ha funcionado ( donde ya hemos tenido a Morgan, Combo Paradiso y Pablo Novoa, entre otros). Espero poder ponerlo en marcha cuanto antes.

¿Hacia dónde se dirige el Náutico en el futuro próximo?

Quisiera acercarme más a la idea de casa y apartarme un poco del concepto de sala de eventos. Hemos habilitado recientemente un edificio para que los músicos que pasan aquí unos días puedan estar tranquilos en una habitación, por eso la idea de ir más hacia el concepto de residencia total.

Terminamos apresuradamente la charla pues empieza el concierto de la tarde, con el blues de Late-Motiv, Julián Maeso y Adrián Costa. Tras el éxtasis colectivo, Miguel hace de maestro de ceremonias y prepara una paella kilométrica que comparten músicos, técnicos, espectadores…

Viendo la fraternidad post-concierto, la cercanía (el propio Miguel no para de mezclarse entre la gente, saludando a propios y extraños como si todos fueran familiares), la temperatura (20 grados después de caer el Sol) y las caras de la gente, no puedo si no concluir que esto es lo más cerca que un músico está del Paraíso.

Hacia las once de la noche me acerco a la barra a por la última Estrella. Antes de desandar el sinuoso asfalto que bordea el mar, un hombre extasiado habla con una camarera: «Es que… ¡esto es increíble! ¿Dónde voy a encontrarme un concierto como éste, de musicazos a quién no conocía, por 10 Euros? Que sepas que el año que viene estaré de vuelta… ¿Puedo hacerme socio?». En la distancia, Miguel de la Cierva sonríe.


Fuente: ABC.es .

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