Mujeres en el espacio: la asignatura pendiente


Desde el lunes se celebra la Semana Mundial del Espacio, que este año tiene como tema principal la presencia de mujeres más allá de nuestras fronteras terrestres, una asignatura pendiente en la que aún nos queda un largo camino por recorrer. Por ejemplo: tan solo un 10% de todos los astronautas han sido mujeres y, a pesar de que la humanidad ha subido a la Luna seis veces, nuestro satélite aún espera recibir una pisada femenina. Las principales agencias espaciales intentan potenciar la presencia de mujeres desde hace unos años: la NASA ha prometido llevar a la Luna a la primera astronauta y la Agencia Espacial Europea (ESA) ha incentivado su presencia en su nueva selección que aún

 está en curso. Además, la ESA se ha aliado con Mattel para darle un giro a su famosa
Barbie, convirtiéndola en la astronauta Samantha Cristoforetti, que será la primera mujer europea en comandar la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) en 2022.

Pero, a pesar de todos los esfuerzos, la visibilidad de la mujer sigue siendo algo escasa, reflejada en datos como que solo un 30% de las mujeres del mundo estudia carreras STEM (porcentaje que cae al 3% en carreras relacionadas con tecnologías de la información o al 8% en carreras de ingeniería). Aún así, existen mujeres que se manejan dentro de estos mundos,eliminando estereotipos de género. Es el caso de Ana Frutos Pastor.

La niña que miraba las estrellas

De niña, le encantaba mirar las estrellas por la noche. Pero la pequeña Ana fue creciendo y empezó a interesarse también por las misiones espaciales. En el colegio se le daban especialmente bien las ciencias, por lo que cuando llegó el momento de elegir carrera, ya sabía hacia dónde irían sus pasos: hacia el cosmos. Aunque no siguiendo el camino de Neil Armstrong, sino más bien el de todo el equipo que le dio soporte desde la Tierra durante aquellos frenéticos años de la carrera espacial.

«Nunca he querido ser astronauta», matiza por teléfono desde Noordwijk (Países Bajos), donde trabaja como ingeniera de sistemas en la ESA en la Dirección de Exploración Humana y Robótica para la ISS. «A pesar de que siempre he estado muy interesada en el espacio, siempre he estado enfocada más hacia el camino de la ingeniería». Lo dice con conocimiento de causa: su tarea es idear la tecnología y el diseño de los experimentos que los científicos quieren llevar al espacio. Es decir, junto con su equipo tiene que resolver, por ejemplo, que un fluido discurra de una manera determinada por un aparato concreto, teniendo en cuenta cómo fluyen éstos en el espacio, en condiciones de microgravedad. Toda esa ciencia que nos permitirá, entre otras cosas, poder llevar a la primera mujer a la Luna y, quizás, que se quede allí una temporada. «Es el sitio donde siempre he querido estar, porque tienes una visión muy multidisciplinar de las misiones, tienes que saber un poco de todo y cada reto es apasionante», afirma.

Frutos asegura que no ha sentido directamente la discriminación por ser mujer y que, de hecho, le sorprendió el número de nombres femeninos en su clase durante el primer año en la facultad. «Aunque he coincidido con varias de ellas en la ESA», afirma. Su experiencia en la ESA sigue siendo bastante positiva en este aspecto: «En los proyectos hay un poco de todo, algunos con más o menos hombres, o más o menos mujeres. Pero ahora es mucho más equilibrado que antes». Aún así, piensa que hacen falta más referentes, como el de la propia Cristoforetti, con la que comparte causa, pues ella también se ha unido a la colaboración entre la ESA y Mattel para crear nuevas vocaciones espaciales entre las más pequeñas. «La clave es motivar a las nuevas generaciones, sobre todo a los que dudan de si es posible. Pueden ver a Samantha y pensar ‘vaya, quiero ser como ella’. Sobre todo tienen que pensar que trabajar en asuntos espaciales no es tan lejano como parece y que, de verdad, es muy gratificante, no solo como astronauta, sino también como ingeniera o científica. Es un campo muy multidisciplinar».

En los próximos años se presenta un futuro prometedor: aparte de la vuelta a la Luna, ya se pueden vislumbrar las primeras promesas de poner al primer humano en Marte. «Aún queda tiempo para eso, y de momento estamos haciendo un gran trabajo enviando robots”, dice en referencia a la misión Mars2020 de la NASA, que ha puesto al Perseverance sobre la superficie del Planeta Rojo. «El siguiente paso será
traer de vuelta las muestras que hayan recopilado, dentro de la misión Mars Sample Return donde la ESA juega un papel fundamental». De hecho, el rover lleva a cabo diferentes experimentos científicos que servirán de prueba a futuras misiones, incluidas las tripuladas. De forma paralela, la ISS y los experimentos en los que participa esta ingeniera aeroespacial española intentarán también desentrañar los misterios que aún guarda el espacio que ella miraba por las noches de pequeña. Ese lugar donde, esperemos no dentro de mucho, habrá más mujeres.


Fuente: ABC.es .

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